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La historia íntima de un salvataje que involucró a lo más alto del poder

Los actuales dueños de la mayor imprenta del país se hicieron cargo tras frenéticas negociaciones políticas

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LA NACION
Sábado 07 de abril de 2012

"Me mandaron a hablar con «Nariga». Me está matando", dijo el octogenario Nicolás Ciccone, a modo de introducción. Era su enésima reunión con interlocutores del Gobierno entre fines de 2009 y mediados de 2010 en su afán por salvar a su imprenta del colapso, siempre con la misma respuesta: no.

Hasta que irrumpió José María Núñez Carmona, "Nariga", el íntimo amigo y socio comercial del entonces ministro de Economía, Amado Boudou. Entonces, llegó el colapso y resurgimiento de la empresa, pero con otra conformación accionaria.

"Pedimos nafta común, nos dijeron que no; pedimos nafta súper, nos dijeron que no; pedimos diésel, y también que no; pero cuando llegaron estos tipos, pidieron la Fangio XXI y les dijeron que sí y que podían pagarla después", resumió uno de los más íntimos colaboradores de Ciccone. Los "tipos" eran Núñez Carmona y el rostro visible de la misteriosa The Old Fund SA, Alejandro Vandenbroele, que pasó a presidir la nueva Ciccone.

El colaborador del fundador de la imprenta habló bajo reserva de su nombre. Al igual que otras siete fuentes del Gobierno y del sector privado, que durante las últimas cuatro semanas relataron a LA NACION, por separado y en tres ciudades distintas, cómo fue aquel colapso y resurgimiento de Ciccone.

La caída llegó, por lo pronto, tras años en franco declive. Para mediados de 2010 arrastraba un concurso de acreedores, cheques impagos, meses sin pagar más de $ 2 millones mensuales en salarios y aportes de más de 200 trabajadores. Los acreedores pedían su quiebra ante la Justicia.

"Evaluamos de todo. Desde plantear que el Gobierno nos estatizara, como con el Correo, Aguas, Aerolíneas o Massuh, hasta una cosa intermedia, como lo de la familia Eskenazi en YPF", detalló uno de los negociadores. Otro aportó precisiones: idearon una sociedad mixta con participación mayoritaria del Estado, una primera minoría en poder de los Ciccone y una participación menor de los trabajadores. Acaso con la proporción 60/30/10.

"Incluso le buscamos «novia» a la empresa y les tocamos la puerta a una empresa patagónica y a Cristóbal López", detalló un tercer colaborador. (Consultado, López negó a través de un vocero cualquier tratativa.)

Fueron meses en los que un amigo de Ciccone, Horacio D'Annunzio, buscó fondos entre empresarios para financiar los gastos de la compañía, mientras que un sindicalista de Vicente López, Víctor Pirillo, servía de puente con los trabajadores y de interlocutor con algunos funcionarios.

Los marplatenses

Otro allegado de la familia Ciccone, "Chiche", convocó a un contador de Mar del Plata, Carlos Bertozzi, para que diseñara un salvataje digerible para la AFIP. La primera opción fue compensar deudas y acreencias con los fiscos nacional (por los pasaportes con la Federal) y provincial (por la emisión de los patacones). La respuesta fue negativa. Son decenas de millones que continúan trabados.

Ciccone presentó incluso un reclamo ante la AFIP el 14 de julio de 2010. Pero fue demasiado tarde. Al día siguiente, y tras un pedido personal del titular del ente recaudador, Ricardo Echegaray (algo sin precedente en los Tribunales), el juez en lo Comercial Javier Cosentino dictó la quiebra.

Bertozzi convocó entonces al abogado Fernando Copari, también de Mar del Plata. Juntos evaluaron que Ciccone solicitara la moratoria prevista en la resolución general 970 (RG970). Y Copari llamó a uno de los hombres de mayor confianza de Echegaray desde hace 20 años, Fernando Villaverde.

El vínculo de Copari y Villaverde también abarca décadas. Y juntos habían sido denunciados, un año antes de la convocatoria de Ciccone, por el entonces candidato Francisco de Narváez por una supuesta campaña sucia en su contra cuando competía por una banca de diputado con el ex presidente Néstor Kirchner.

Las reuniones se sucedieron. Una incluyó a Ciccone, su yerno Pablo Amato, Pirillo, Bertozzi y Copari. Allí, los marplatenses entregaron el borrador del pedido para acceder a la moratoria RG970 que debía presentarse, el 8 o 9 de agosto de 2010, ante la Agencia 66 de la AFIP, en Tigre.

La siguiente reunión fue en el Caesar Park. Se sumó Villaverde. Ciccone le planteó que quería una reunión con Kirchner para exponerle su situación. Pero nunca se concretó. Corrían las versiones sobre el interés del empresario Ernesto Gutiérrez, de fina sintonía con el ex presidente, para quedarse con la imprenta.

Luego hubo al menos otra reunión más, a metros de allí, bajo la autopista, en el restaurante La Stampa. Otra vez con Villaverde y Ciccone como actores. No le fue mucho mejor.

Sin acceso a Kirchner, sin la opción de cancelar deudas y acreencias, sin la moratoria de la 970 y con la quiebra ya decretada, Ciccone le informó a Villaverde, al que dos fuentes le endilgaron un pedido indebido, que había recibido una visita de Núñez Carmona, quien lo estaba "matando" con sus pretensiones.

Las negociaciones para entonces ya excedían a Villaverde. A tal punto que Núñez Carmona, que se ufanaba de hablar en nombre de Boudou, visitó a Echegaray. Llegó hasta su despacho por el ascensor exclusivo para funcionarios.

Vandenbroele también irrumpió en escena, como representante de The Old Fund, mientras que la familia Ciccone empezaba a desnudar las diferencias internas que se prolongan hasta hoy. Encarnadas de manera inesperada en un yerno, Guillermo Reinwick, que por entonces sólo descollaba como socio del bar Francesca del Patio Bullrich.

"Huellas de la traición"

"El viejo Ciccone y uno de los yernos, Pablo Amato, buscaban desesperados una salida, mientras que Reinwick ponía objeciones y decía que él tenía otro plan, que nunca precisaba", relató un informante. La tensión llegó a tal punto que en una de las reuniones, el sindicalista Pirillo le advirtió a Ciccone, delante de Reinwick, sobre "las huellas de la traición" que veía a su alrededor.

Pirillo resultó profético, cuentan cerca del "viejo" Ciccone. Tres semanas después de estallar el escándalo, en febrero pasado, Reinwick publicó una solicitada en la que afirmó que era el nuevo mandamás y que la familia mantenía el control. Y que no había dicho nada hasta entonces, mientras arreciaba la tormenta mediática y judicial, porque estaba de vacaciones. En Uruguay.

La respuesta a Reinwick llegó el 8 de marzo. Vandenbroele debió publicar una solicitada para aclarar que los Ciccone no tenían responsabilidad ejecutiva en la empresa desde que él desembarcó con The Old Fund. Y que lo informaba para "preservar el buen nombre de una familia". Otros hablan de una exigencia del "viejo", de Nicolás Ciccone, para despegarlo a él y a su familia, del escándalo.

Cambio de manos

CICCONE CALCOGRAFICA

Imprenta de seguridad

Fue durante años la mayor imprenta del país, que llegó a confeccionar documentos de todo tipo. Cayó en desgracia después de la crisis de 2001. En 2010 terminó en manos de un misterioso grupo inversor, que la rebautizó CVS.

NICOLAS Y HECTOR CICCONE

Los fundadores

Los dueños originales de la imprenta hicieron infinitas gestiones para salvar la empresa, entre 2009 y 2010. Finalmente, según fuentes que conocen la trama, enfrentaron la presión de José María Núñez Carmona, socio y amigo de Amado Boudou. Quisieron involucrar a Néstor Kirchner en la negociación, pero no lo lograron. Hoy retienen una parte minoritaria de las acciones.

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