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El escenario

Los daños de la otra tormenta

Política
 
 

1. Amado Boudou acusa al juez Daniel Rafecas de participar de una operación ilegal en su contra con fines destituyentes. 2. Un día después, Nilda Garré declara que siente "mucho respeto" por Daniel Rafecas. 3. Al día siguiente, los periodistas destacan en sus titulares la disparidad entre 1 y 2.

Esto que suena a un ejercicio lógico de baja complejidad originó ayer una encendida queja pública de Garré. Con tono grave, denunció "la manipulación" de sus dichos por parte de los medios de comunicación para marcar "una supuesta contradicción" entre ella y el vicepresidente.

La ministra de Seguridad se aferró a la explicación favorita de los funcionarios kirchneristas para cubrir sus torpezas políticas. Las tapas de los diarios le sirvieron como justificativo para despegarse de las acusaciones internas que llueven sobre ella. Boudou pataleó por haberse enterado a través de las noticias del allanamiento del miércoles a un departamento de su propiedad en Puerto Madero por el caso Ciccone. Ese operativo fue ejecutado, a partir de una orden judicial, por la Gendarmería, una fuerza que conduce Garré.

A la ministra le apuntaron desde el minuto uno por no haber alertado internamente que se venía semejante situación. Por eso se apresuró a aclarar ayer que el dato sobre el operativo no lo filtró a la prensa el personal a su cargo. Pudo no haberse enterado a tiempo (sería incluso saludable que hubiera sido así). Pero conocido el escándalo y la reacción de Boudou contra el juez, nadie obligó a la ministra encargada de la seguridad de los argentinos a contarle al mundo cuál es su opinión sobre Rafecas.

El impacto de esos dichos agigantó el malestar con Garré, que ayer intentó despejar las sospechas con un acto de fe: despotricar contra los periodistas. Pero en su despegue desarticuló la tesis conspirativa de Boudou sobre una complicidad "mafiosa" entre Héctor Magnetto y Rafecas que le habría permitido a Clarín conseguir la foto de los gendarmes cuando llegaban a allanar el edificio de Puerto Madero. Garré reveló que el fotógrafo que hizo la toma es un free lance que se especializa en información de los tribunales y suele vender luego el material a distintas empresas periodísticas.

No explicó por qué exigieron los gendarmes que el fotógrafo diera su nombre el día del operativo y por qué ella lo expuso ayer como si se tratara de un delincuente, cuando sólo es un trabajador de prensa que ejercía su profesión en un lugar público y a la luz del día.

Rastros visibles

Con sus zigzagueantes declaraciones de estos días, Garré no hizo más que dejar rastros visibles de la enorme incomodidad que reina en sectores del kirchnerismo por cómo se está defendiendo Boudou. No sólo por lo frágil de sus argumentos y la carencia de explicaciones por tantos amigos y conocidos que casualmente aparecen en la trama del negocio Ciccone. Perciben también que el vicepresidente cruzó una línea sin retorno: creen que su defensa del Jueves Santo -día de traiciones, ironizaba un viejo kirchnerista- fue una advertencia de que no aceptará caer solo.

Le apuntó a Daniel Scioli (presentó como una empresa que ofrece coimas a la principal beneficiaria de los contratos del juego en Buenos Aires) y manchó a una figura emblemática del kirchnerismo, el procurador general Esteban Righi, el único funcionario que puede jactarse en serio de ser un "camporista". De rebote implicó a Julio De Vido, Guillermo Moreno y otros pesos pesados que fueron defendidos en la Justicia por el despacho de abogados que integran la esposa y el hijo de Righi; un estudio que según Boudou ofrece servicios ilegítimos para aceitar relaciones en los tribunales que investigan la corrupción.

Garré convocó a la prensa a su ministerio con el fin principal de expresar aclaraciones sobre este tema en un sábado de Semana Santa donde las fuerzas a su cargo están desplegadas por el área metropolitana para contener la tensión social que provocan los destrozos y las carencias que dejó el temporal del miércoles.

Le preocupó más la otra tormenta de aquel día, la que dejó más en la intemperie a Boudou.

No deja de ser un dato político significativo: tanta sobreactuación por cubrir un desliz podría indicar que el vicepresidente conserva el blindaje de la única voz que cuenta hoy en el Gobierno, la de Cristina Kirchner..

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