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Alagna-Gheorghiu

Sabor a poco en el recital de apertura del Abono Bicentenario

Viernes 13 de abril de 2012
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LA NACION

Concierto de la Orquesta Estable del Teatro Colón : con la dirección de Ramón Tebar / Solistas : Ángela Gheorghiu (soprano) y Roberto Alagna (tenor) / Obras: Cilea, Puccini, Catalani y Mascagni / Sala: Teatro Colon. Nuestra opinión: regular

No fue concierto ni mucho menos teatro. La explicación podría estar vinculada a la costumbre de los más consagrados cantantes del mundo de la ópera que, haciendo uso de su prestigio internacional, han prolongado su carrera, convocando a multitudes, utilizando una parafernalia de tecnología y logrando, por esa misma razón, despertar interés por el género en vastos sectores de un potencial nuevo público para el teatro cantado. Pero cuando se organizan conciertos líricos en una sala de condición acústica, el canto es el protagonista. Y a partir de esta circunstancia se distingue con mayor nitidez la jerarquía de una escuela y las condiciones naturales de los intérpretes. Razón por la cual los artistas, apelando sólo a su maravilloso instrumento, que es su voz, deben preocuparse en integrarse a los sonidos, ensamblarse espiritualmente con los pentagramas, a la batuta y al conjunto instrumental, dejando que la acción dramática se palpe sólo a través de la expresión y de las inflexiones del decir.

En esta oportunidad hicieron su presentación en Buenos Aires, dos consagradas figuras de la lírica: la soprano rumana Angela Gheorghiu y el tenor francés, de padres sicilianos, Roberto Alagna, nombres sin duda de primerísimo nivel artístico logrado sobre la base de sus ricas cualidades canoras, quienes después de una acertada versión del preludio de La arlesiana, de Cilea, dirigida por Ramón Tebar, abordaron varios momentos fundamentales de Adriana Lecouvreur , acaso unas de las obras para el teatro cantado más difundidas del autor en razón de la vena melódica que surge de ella y que en algunos pasajes suena impregnada de un cierto crepuscular y sencillo lirismo.

A ella estuvo dedicada toda la primera parte, razón por la cual se creyó escuchar varios retoques a la partitura, seguramente a los efectos de lograr cierta unidad dramática a partir del pasaje teatral del encuentro entre Adriana y Mauricio, y que contiene pasajes como "La dolcissima effigie..." a cargo del tenor, "Io son l'umile ancella", para la soprano, y parte de la escena de "Poveri fiori... ove dunque son io". Por supuesto que faltó el delirio final de Adriana, que es más teatro y requiere una gran cantante actriz.

En la segunda parte se escuchó el "Intermezzo" de Manon Lescaut de Puccini, un momento de buena calidad musical más allá de algunas máculas de orden técnico. Fue raro, y es infrecuente, que dos momentos de Tosca de Puccini abrieran y cerraran el programa. Asimismo se escucharon fragmentos de La Wally de Catalani, donde la soprano cantó haciendo un gran esfuerzo y Alagna recurrió a buscar un efecto en las notas altas, algunas de las cuales sonaron levemente destempladas, aunque es justo destacar la evidencia de su experiencia en el desarrollo de una carrera que atesora méritos como para ya, desde ahora, formar parte de los grandes de su tiempo histórico.

Si bien en esta oportunidad cantaron un repertorio no comprometido, adecuado a sus actuales condiciones vocales, y el público les brindó un buen aplauso, aconteció algo insólito: fue con el pedido de obras fuera de programa y la explicación de que no se tenía nada preparado fuera del agregado a cappella de la canción "Historia de un amor", de Carlos Almarán, en versión de Alagna -escuchando con claridad "ya no estoy más a tu lado corazón..."-, y luego gestos de que no se podía sumar nada más "ya que en el Teatro Colón no se permiten agregados", según las propias palabras del tenor. Miradas al palco del director general y artístico del teatro, gestos de Pablo García Caffi que sí hizo señales y dijo que podían agregar algo más, pero no, ya fue imposible y quedaron miles de interrogantes. De ahí que al salir del teatro se generó el estallido de comentarios de todo tipo: "Fue por la falta de seriedad en preparar un programa porque llegaron sin tiempo para ensayar"; "No, fue por los altos costos"; y así varios más. Una mácula que será inolvidable, además de pasto para las más risueñas leyendas de la historia en las nuevas generaciones de melómanos de todo el mundo... si existen con similar fervor en aquella lejanía.

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