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La Presidenta dio un portazo al mundo

LA NACION
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Joaquín Morales Solá
Martes 17 de abril de 2012

Cristina Kirchner protagonizó ayer la transgresión argentina más importante desde el festivo default de Rodríguez Saá. El kirchnerismo ha hecho de la infracción un arte y ha convertido la seguridad jurídica en una noción casi inexistente. Sin embargo, y a pesar de todo (las AFJP o Aerolíneas Argentinas), nunca había llegado tan lejos. Ayer se quedó, lisa y llanamente, con la empresa privada más importante del país, una expropiación respaldada en argumentos parciales y rebatibles. Acorazada en su decisión de pasar a la historia como una líder fundacional, la Presidenta se expuso y expuso a su país a duras represalias del mundo occidental, que es lo que sucederá en los próximos tiempos.

La decisión fue directamente contra los capitales españoles de Repsol y no incluyó las acciones de la familia Eskenazi ni a los tenedores privados de acciones. Los directivos españoles de YPF fueron ayer directamente expulsados de la petrolera, en un gesto que pareció una declaración de guerra del kirchnerismo contra España. No obstante, aquella decisión de incluir sólo a Repsol en la expropiación podría explicarse en la estrategia de unificar al futuro interlocutor del inevitable resarcimiento. Parcelar la expropiación hubiera requerido una agresión hacia un número de víctimas más amplio, lo que, a su vez, hubiera provocado juicios en varias partes del mundo.

Es probable, con todo, que el kirchnerismo no se salve de juicios múltiples y diseminados por diversas capitales importantes. Los accionistas minoritarios podrán argumentar que se asociaron a una empresa controlada por Repsol y no a una manejada por la señora de Kirchner. Del mismo modo, Repsol iniciará acciones judiciales de inmediato, aquí y en el exterior, porque lo que la Presidenta hizo fue cambiar las reglas del juego en el medio del partido. Destruyó también todo el orden jurídico previo de la empresa para acceder a sus acciones. Pero la Presidenta pareció convencida de su versión de la historia y temerosa al mismo tiempo de que otra versión cambiara la suya. No habló con nadie que no dijera lo que quería oír.

Recorrer el discurso presidencial de ayer es adentrarse en una aventura de verdades a medias, de realidades prolijamente ocultadas y de acuerdos directamente desconocidos por una protagonista de ellos. ¿Cómo negar que las reservas de petróleo y gas cayeron en los últimos años? ¿Cómo no admitir que hubo una decidida política empresaria de reparto de ganancias en YPF?

Las reservas cayeron intensamente durante los años del kirchnerismo. ¿Qué pasó? El Estado se quedó con más del doble del precio del barril del petróleo en una política muy parecida a la que se intentó aplicar al sector agropecuario con la resolución 125. Pero los petroleros no tienen la inserción social que sí tienen los productores rurales. No pudieron hacer nada. El gas se les paga aquí a los productores sólo un 20% del precio que se les paga en la Bolivia de Evo Morales.

Durante los últimos siete años hubo serias y reiteradas advertencias sobre esa política de dispendio. Nada. Los inversores huyeron de la Argentina, incluida Repsol, que intentó un acercamiento acordando con el Gobierno el ingreso a su capital accionario de la familia Eskenazi, con buenas relaciones con el kirchnerismo. Partes de las ganancias se fueron en esa compra que Cristina aprobó. Esa es una parte escondida de la verdad.

Otra parte que no se dijo fue la política oficial de subsidiar (y alentar) el consumo popular de energía barata y abundante. La felicidad no se puede ordenar por decreto y ahora llegaron las facturas de esa fiesta populista y derrochona. Sin precios redituables y con un disparado consumo energético, la única conclusión ineludible era, y es, una profunda caída de la reservas energéticas del país. El problema del kirchnerismo, en el corto plazo, es que creó una sociedad subsidiada y obviamente contenta con esa condición. ¿Cómo hará para conformarla ahora que ya no tendrá el pretexto de los españoles?

Cristina Kirchner le dijo ayer al mundo que no le importa una inédita tensión con España. De ahora en más, no podrá contar con su proclamada amistad con el rey Juan Carlos y deberá enfrentar una dura reacción diplomática española y del bloque de la Unión Europea (el tercer destino de las exportaciones argentinas). Su más reciente interlocutor, Barack Obama, preside un país que es una potencia capitalista que detesta la sola imagen de un Estado expropiando la propiedad privada. La Presidenta le dio un portazo al mundo.

Es extraño que eso suceda en un país que se reconstruyó de la gran crisis de principios de siglo por sus relaciones comerciales con el mundo; es decir, por sus exportaciones. La Argentina escribió otro capítulo como país adolescente, capaz de cambiar de humor con el correr de las horas. La Argentina de los 90 y la de los primeros años de este siglo parece expresar a dos países distintos. Es el mismo país y, además, está en el gobierno de ese país el mismo partido político.

En aquel Menem de los 90 había también un sesgo de autoritarismo en el que podrían encontrarse algunas de las causas de lo que sucedió ayer. Menem privatizó YPF entre gallos y medianoche en el apogeo de su larga gestión presidencial. Nunca buscó un acuerdo con los otros partidos políticos para decidir el destino de la principal empresa petrolera del país.

Cristina Kirchner es la primera peronista que accedió a un tercer mandato consecutivo de su partido, si se incluye, como debe incluirse, el mandato de su esposo. Antes, ni Perón ni Menem, con sólo dos mandatos, debieron pagar los costos populistas de sus gestiones. Cristina Kirchner decidió que no lo pagará ella, sino las empresas privadas y, en última instancia, el futuro del país. La Presidenta ya no tiene recursos para la importación de combustible, de la que se quejó ayer como si estuviera heredando una gestión ajena.

El rechazo a pagar nuevos costos políticos tiene su explicación en las encuestas. La Presidenta ha perdido 20 puntos de aceptación social en los últimos tres meses. La sociedad es más pesimista que optimista sobre el futuro del país y también se quebró la adhesión social a la política económica. Es lo que aseguran varias y serias encuestas de los últimos días. Las mismas que dan cuenta de un derrumbe en las mediciones del vicepresidente Amado Boudou. ¿Se seguirá hablando de él en los próximos días o los anuncios de ayer taparán un escándalo con otro escándalo?

El único problema irresuelto es el energético. Las reservas gasíferas no convencionales de Vaca Muerta, las terceras en importancia del mundo, necesitan de inversiones de muchos miles de millones de dólares. ¿De dónde sacará el kirchnerismo esos recursos? ¿Quién invertirá en un país donde su gobierno cambia la propiedad privada como quien cambia su vestuario? La inversión, que es el motor de la economía, recibió ayer el golpe más letal desde el default y la confiscación del ahorro privado.

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