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La increíble aventura de dos argentinos que actuaron en Titanic

Llegaron de casualidad al imponente set del multipremiado film; se convirtieron en extras y vivieron cinco meses inolvidables

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LA NACION
Miércoles 18 de abril de 2012 • 01:42
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"Despertate. Saliste en el diario", le dijo su hermana. Juan Ignacio Brown miró la foto y su rostro perfectamente distinguible entre una multitud desesperada. La imagen acompañaba una nota que anticipaba el estreno de Titanic y él, tan sólo extra en la multipremiada película de James Cameron, se convertía en una persona requerida por todos los medios. "Hasta me invitó a su programa Mirtha Legrand", cuenta todavía sorprendido, aunque la aventura detrás de esa foto es aún más increíble.

Anochecía en Rosarito, México. Una larga jornada de surf y sol en las costas del Pacífico centroamericano les dejó algo de energía para pasar por un bar antes de volver a casa. Juan Ignacio y su amigo de toda la vida, Luis Incisa, estaban viviendo en San Diego, adonde llegaron con 23 años y muchas ganas de llevarse el mundo por delante. Iban a aprender inglés y a realizar una especialización en negocios internacionales, pero los planes cambiaron radicalmente después de unas cervezas que compartieron con un grupo de mexicanos en aquel bar. "Nos dijeron que se estaba filmando la película del Titanic ahí, y que iban a probarse en un casting para ser extras. Un tal Jesús nos insistió en que nos sumemos", cuentan con tantos detalles que no parece que hayan pasado 15 años.

Entusiasmados con la idea de conocer un set de filmación y, sobre todo, después de escuchar que el barco montado por Cameron era "impresionante", se acercaron hasta encontrar a unos guardias. "Somos actores", dijo Luis, en broma . "¿A quién vienen a ver?", les preguntaron. "A Jesús". "¿Jesús Guerero?", inquirieron los de seguridad. "Sí", respondieron los argentinos, "por las dudas". "Increíblemente, el que estaba a cargo del casting para los extras se llamaba Jesús, igual que nuestro amigo". Veinticuatro horas después, Luis y Juan Ignacio estaban vestidos de marineros grabando una de las tantas tomas que un día se convirtieron en Titanic . Lo que empezó como una travesura se convirtió en su trabajo y su vida durante cinco meses. Abandonaron el curso de inglés y pospusieron el comienzo de las clases en la universidad. No importaba, la experiencia lo valía.

Los extras, en la cubierta del Titanic. Foto: Gentileza Luis Incisa
Juan Ignacio Brown (izq) y otro extra, con el barco de fondo. Foto: Gentileza Luis Incisa
Luis, vestido de marinero, junto a Kate Winslet luego de una de las escenas del hundimiento. Foto: Gentileza Luis Incisa
Leonardo DiCaprio, antes de correr para llegar a embarcarse en el Titanic. Foto: Gentileza Luis Incisa
Kate Winslet y Billy Zane, antes de embarcar. Foto: Gentileza Luis Incisa
Kate Winslet y Frances Fisher, la actriz que encarna a su madre en la película. Foto: Gentileza Luis Incisa
Kate Winslet y James Cameron entrando al barco. Foto: Gentileza Luis Incisa
"Cameron siempre tenía esa campera", cuentan los extras. Foto: Gentileza Luis Incisa
Juan Ignacio Brown, el día en que vieron al Titanic por primera vez. Foto: Gentileza Luis Incisa
James Cameron, montado en una cámara móvil. Foto: Gentileza Luis Incisa
Los extras, maquillados para la escena del hundimiento, se divierten. Foto: Gentileza Luis Incisa
Leonardo DiCaprio y James Cameron conversan sobre una escena. Foto: Gentileza Luis Incisa
La popa del barco que ya es un ícono. Foto: Gentileza Luis Incisa
Juan Ignacio y Luis, vestidos de marineros, en uno de los salones de "primera clase" del barco. Foto: Gentileza Luis Incisa
Juan Ignacio, en una de las salas interiores del barco. Foto: Gentileza Luis Incisa
Luis Incisa, en la cubierta del Titanic. Foto: Gentileza Luis Incisa
De noche, antes del hundimiento. Foto: Gentileza Luis Incisa

Ser extra

"Una vez que estás ahí, entrás en un circuito de extras. Te empiezan a invitar a trabajar en otras películas y hay algunos que se la pasan viajando. Buscan la oportunidad de saltar a la fama. Algunos se la rebuscan escribiendo guiones", relata Luis. Ni él ni su amigo, ambos oriundos de San Pedro (Buenos Aires), tenían interés en el mundo de la actuación. Recuerdan la experiencia Titanic con enorme nostalgia por las amistades: "Conocimos excelentes personas a quienes nunca más vimos. En esa época no había celulares ni Facebook".

Firmaron un contrato de 160 dólares por día de filmación. "A veces estábamos hasta la madrugada, otras, un ratito. Nos pagaban horas extra, el hotel y toda la comida", comenta Juan Ignacio. Recibieron un número cada uno: 1998 y 1999. "Fuimos pasajeros de tercera clase, marineros, anduvimos en los botes salvavidas, nos ahogamos, nos hundimos. Estábamos en todas partes", agrega Luis, divertido. Cada día era una aventura nueva, y no tenían ninguna idea de cómo era el guión. Dicen que cuando vieron la película no le prestaron tanta atención a la trama, porque intentaban recordar el backstage de cada escena e identificar a sus amigos: "En la parte más dramática, cuando se está hundiendo el barco, nosotros nos divertimos mucho. Nos maquillaron pálidos para parecer congelados y no teníamos problemas con sumergirnos en el agua". Ahora, tendrán la ocasión de verse de nuevo en la pantalla grande: Titanic reestrenó la semana pasada , en 3D. "Tal vez ahora la veamos a conciencia", prometen.

En la foto que la producción de Titanic envió a los medios, se veía claramente a Juan Ignacio Brown sosteniendo a la multitud.
En la foto que la producción de Titanic envió a los medios, se veía claramente a Juan Ignacio Brown sosteniendo a la multitud..Foto:Archivo/Fox

No sabían que iba a ser considerada la película más cara de la historia. Sin embargo, todavía están atónitos con la mega producción de la que formaron parte: "El catering era impresionante. Podías pedir cualquier cosa. Además, adentro del barco, que era como un edificio con pisos y ascensores, había kioscos donde pedías desde sopas instantáneas hasta todo tipo de golosinas".

Por las noches, la gente de Titanic copaba los bares de Rosarito, y todos compartían la diversión, sin distinción de jerarquías: "Salíamos todos juntos, incluso algunos actores principales, como Billy Zane [Cal, el prometido de Rose, el personaje de Kate Winslet], se sumaban".

Los recuerdos salen a borbotones de sus memorias. Pasó mucho tiempo, pero no pueden evitar sonreír cada vez que relatan esta historia. Un montón de fotos que sacaron sin permiso, sus contratos firmados por Jesús Guerrero, los amigos entrañables que tal vez algún día vuelvan a ver y la película, son tesoros que estos amigos compartirán para siempre.

Las estrellas, de cerca

James Cameron:

"Malo. Si no fuera tan loco no sería tan genio".

"Si se veía un extra en el fondo de una escena que no tenía que estar, él mismo lo agarraba de la camisa y lo sacaba".

"Tenía la historia del Titanic estudiada a la perfección".

"Hizo pintar todas las máquinas de negro, para que ningún reflejo pudiera molestar la filmación".

"Cuando supo que éramos argentinos, nos agradeció estar ahí".

Leonardo DiCaprio:

"No parecía una estrella. Era como uno más".

"Hacía chistes todo el tiempo y nos pedía cigarrillos".

Kate Winslet:

"Se bancaba las esperas como todos nosotros. A veces horas, entre toma y toma".

"Muy agradable y humilde".

Billy Zane:

"Era macanudísimo. Muy divertido, siempre bromeando, haciéndonos reír".

Secretos del barco más famoso del cine

"El barco era una gran estructura que por fuera parecía real, pero por adentro tenía salas comunes, con ascensores. Algunas salas eran parte de la película pero el resto era como un edificio común. Estaba en un piletón que ganó el premio Guiness a la piscina más grande del mundo, y que estaba ubicado en un acantilado, paralelo al mar, de manera que se veía de verdad el mar de fondo, aunque después todo ese paisaje fue realizado con computadoras."

"Lo hicieron ahí, en Rosarito, por un acuerdo con Televisa, que implicaba que un gran porcentaje del staff de Titanic tenían que ser mexicanos. Televisa consiguió un predio enorme para llevar a cabo el rodaje".

"Había varios piletones. El barco estaba en el más grande pero, por ejemplo, la cúpula de cristal que se ve en el restaurante de la primera clase del barco, estaba en un piletón aparte. Para la escena del hundimiento, Cameron inundó el piletón con agua de mar y la presión rompió la cúpula. Allí se usaron dobles de riesgo".

"El mal carácter de Cameron trajo algunos problemas con un grupo de extras checos. Habían sido contratados porque eran expertos en escenas bajo el agua, y debían asistir a todos los que hacían de ahogados. Eran fundamentales para el rodaje. Pero un día, uno de ellos renunció por el maltrato de Cameron y todos lo siguieron. El director tuvo que pedir disculpas para que volvieran".

"El hundimiento fue muy impresionante. El barco estaba derecho y era de noche. Primero lo inclinó 12 grados y después lo partió al medio. Lo hundió en el piletón que estaba lleno de agua de mar y nosotros tuvimos que salir nadando".

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