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Esto no es una novela

La soledad del lector, del estadounidense David Markson, realiza una interesante apuesta experimental que juega a pulverizar las convenciones narrativas

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PARA LA NACION
Viernes 27 de abril de 2012
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Una lista de antisemitas que incluye a Voltaire, Pío Baroja, Alma Malher, Tchaikovsky, Truman Capote y Edith Wharton; una enumeración de casos de posible demencia que incluye a John Clare, Robert Walser, Hugo van der Goes, Jonathan Swift, Dante Gabriel Rossetti; microrrelatos acerca de episodios suicidas que incluyen a Heinrich von Kleist, Diane Arbus, Mark Rothko, Stefan Zweig, Dora Carrington; entradas de un diario íntimo; notas para una novela futura; diatribas contra los críticos; reflexiones acerca de lo que se puede entender por novela en los umbrales del siglo XXI; una serie infinita de citas cuyos autores a veces se explicitan, otras se eluden; un recuerdo perturbador que toma la apariencia de lo banal y vuelve a lo largo de las páginas, como un ritornelo: de todo esto está hecha La soledad del lector , una novela extraordinaria, brillante, adictiva. La tríada de adjetivos, excesiva como puede parecer, responde al hecho de que muy pocas veces como en este libro la apuesta experimental que dinamita las convenciones narrativas que se asentaron durante el surgimiento de la novela moderna se conjugan tan bien con el goce de leer una historia envolvente. La de un hombre solo que se ha ido de la ciudad en la que solía vivir y que ha establecido una escenografía precaria para sentarse a tomar notas que conformarán su futura novela. Ese hombre solo se llama a sí mismo el Lector, haciéndose eco del epígrafe de Borges que lleva el libro -"Ante todo me considero lector"- y postulando programáticamente al escritor como una figura híbrida que se aparta de aquella del productor de textos que apenas tiene tiempo -mucho menos curiosidad- para leer a otros. La hibridez del libro es también de orden genérico, tanto por los microrrelatos no ficcionales que forman gran parte de su material como por la pregunta que acosa al narrador: ¿no estará, acaso, escribiendo su autobiografía? Esa ambigüedad se profundiza aún más en el siguiente libro de Markson, This Is Not a Novel (2001), en el cual la pregunta por la forma narrativa, es decir la pregunta sobre a qué deberíamos llamar hoy novela, tiene al menos unas veinte respuestas. Esa línea experimental es la que hizo que un escritor más joven como David Foster Wallace pusiera a Markson en el candelero, y la que siguen hoy otros escritores como Ander Monson y David Shields.

Porque hay que tener en cuenta que de ninguna manera lo experimental significa aquí fuegos artificiales, atajos, recursos efectistas. Lo que hay en La soledad del lector es más bien un intento de narrar desde la voz de alguien que se debate en una ambigüedad compleja: la pasión inalterada por la literatura y el hartazgo frente a casi todas sus convenciones. De hecho, antes de escribir esta novela, David Markson (1927-2010) fue un escritor de policiales valorado, y antes de eso un estudiante de la Universidad de Columbia que escribió su tesis sobre Malcolm Lowry, de quien era muy amigo. De tanta técnica, de tanta erudición es, justamente, de lo que parece querer huir La soledad del lector . Y tal vez lo más interesante sea que no lo logre del todo.


La soledad del lector Por David Markson Trad.: Laura WittnerLa Bestia Equilátera254 páginas$ 83
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