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Moyano, recibido en Harvard

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LA NACION
Viernes 04 de mayo de 2012
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Hugo Moyano rompió el hielo entre los graduados de Harvard con una pregunta. "¿Hay acá algún peronista?" Lo hizo con tono amigable. Sólo una de las 120 personas que poblaban el salón levantó tímidamente la mano. "Soy peronista, pero de los viejos", se atajó un hombre que rayaba los 65 años. Moyano rió junto al auditorio en una suerte de mutuo intercambio de simpatías.

Invitado por la filial criolla del Club de Harvard, Moyano disertó ayer en el primer piso de Pur Sang, en Retiro, ante egresados de esa célebre universidad, que en algunos casos integran los directorios de importantes empresas multinacionales. Fue un encuentro reservado y exclusivo. Según los organizadores, la visita del jefe de la CGT "fue todo un récord": en el almuerzo hubo tantos comensales como cuando estuvo Fernando Parrado, sobreviviente de la tragedia de los Andes.

"No es común para mí estar aquí", arrancó Moyano en su presentación, que incluyó una breve reseña sobre sus inicios sindicales. El estupor y la curiosidad se afianzaban en los rostros de algunos oyentes, distribuidos en 12 mesas circulares en una sala de un cuidado estilo francés. "Vine para que sepan que no soy un ogro ni todo lo que dicen los medios. Capaz que piensan que tengo un arma en mi despacho; no sé", expuso de pie, en un intento de revertir su imagen y conquistar a la clase media.

Mientras que los asistentes saboreaban pechugas de pollo al limón con chauchas y arvejas, Moyano se sometió al riguroso cuestionario del auditorio sentado en la mesa central, bajo un banderín rojo que decía en letras blancas Alumni Harvard.

"No creo que la sociedad esté pensando en una reforma constitucional. La sociedad anhela otras respuestas", cortó de cuajo una posible re-reelección de la presidenta Cristina Kirchner. Y agregó: "Los terceros mandatos no suelen ser buenos, aunque esperemos que en la CGT sea la excepción".

No fue la única mención que el jefe de los camioneros refirió a la interna que divide hoy a la central obrera. Explicó cómo sería el mecanismo democrático en una eventual elección de autoridades y deslizó una fugaz crítica al metalúrgico Antonio Caló, máximo aspirante a sucederlo. "Prefiero perder con dignidad que ganar con vergüenza. Si gana Caló será con el apoyo del Gobierno", dijo Moyano.

Ya en los postres, un empresario lo consultó sobre la ausencia del peronismo tradicional en el acto kirchenrista de Vélez, la semana pasada. Moyano fue contundente: "No habrá otro movimiento que se le compare. Niegan a Perón, como en los años 70. Y es un error. No habrá nunca un sustituto".

Encadenó luego otros reproches al Gobierno. Reclamó respuestas a las exigencias de la CGT (hizo hincapié en la modificación del impuesto a las ganancias y en la obtención de beneficios para acceder a viviendas) y reprobó la masividad de los planes sociales. "En su momento estuvo bien, pero no debe ser un hábito porque lo que verdaderamente dignifica es el trabajo. Quienes reciben un plan son prisioneros para ir a las movilizaciones", sostuvo.

La situación económica guió un tramo de la exposición. Moyano evitó mensajes apocalípticos, aunque se mostró preocupado "porque algunas empresas ya comenzaron a despedir trabajadores". Y agregó: "La inflación no es tan grave como la de los 90. No estamos tan mal ni tan bien como dicen. Pero lo que no es bueno es que el Gobierno se las crea que está todo bien".

Las carcajadas distendieron nuevamente el almuerzo cuando un empresario quiso indagar sobre el perfil más humano del camionero. "¿Cómo reaccionaría usted si está yendo a ver jugar la final a Independiente y no puede llegar a la cancha por un piquete?", preguntó. Moyano hizo equilibrio. Pero tras un breve silencio legitimó la hipotética protesta.

Un graduado estadounidense elogió en un correcto castellano las fortalezas del representante gremial de los jugadores de béisbol de su país para abogar por los derechos de sus afiliados. Trazó una similitud con Moyano y se animó a proponerle: "Usted debería representar a los docentes, porque la educación es el único camino". La sala se pobló de aplausos hasta que Moyano tomó la palabra, y opinó: "La escuela pública ya no es como la de antes. No puede ser que los chicos vayan a comer a las escuelas".

Ambición política

La charla ya había superado la hora y media. No había más preguntas, pero un empresario desde una mesa del fondo gritó: "¿Para cuándo Moyano candidato?" El jefe de los camioneros ensayó una sonrisa y contestó, algo enigmático: "Siempre aportaré desde el peronismo, pero el 13 de julio veremos". Para ese día ya se habría dirimido la pelea por el liderazgo de la CGT.

En el cierre, más de un graduado se acercó a Moyano. Daba la sensación de que cualquier prejuicio empresario se desvanecía tras el apretón de manos. Bajó la escalera caracol acompañado de Mariana Feld, la presidenta del Club de Harvard. El saludo final fue desde la puerta de su auto, previo a un escape raudo por la esquina de Quintana y Montevideo.

Caló encabezó una protesta metalúrgica

Sin acuerdo en la negociación por mejoras salariales, el líder de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Antonio Caló, encabezó ayer una protesta en la sede de Techint, en San Nicolás. Con la mediación del Ministerio de Trabajo, la UOM y las cámaras empresariales intentarán llegar hoy a un convenio. El gremio ya rechazó un alza del 22%. Caló reiteró sus intenciones de competir con Hugo Moyano por el liderazgo de la CGT. "Buscaremos la unidad, pero si no se logra, iremos con dos", dijo el metalúrgico, que tiene el visto bueno de la Casa Rosada para reemplazar a Moyano. Anoche en el sindicato de tintoreros, el camionero recibió el apoyo de unos 70 gremios.

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