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Cachafaz

La revolución proletaria de Copi, con logradas actuaciones

Sábado 05 de mayo de 2012
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LA NACION
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De: Copi / Dirección: Tatiana Santana / Con: Emilio Bardi, Claudio Pazos, Rosario Albornoz, Catalina Lescano, Patricia MartInez, Pilar RodrIguez Rey, AndrEs Granier, Marcelo Lirio / Músicos: Joel Maiante, Pablo MartInez, Eugenio Sánchez / Coreografía: Mecha Fernández / Música original: Rony Keselman / Escenografía e iluminación: Rocío Matosas Etchebarne / Vestuario: Ana Nieves Ventura / Sala: Teatro del Sur / Funciones: Sábados, a las 22 / Duración: 65 Minutos. Nuestra opinión: muy buena

Acercarse a un material como Cachafaz es aproximarse al universo de Raúl Damonte Botana o Copi, como era, es, conocido en el mundo de las letras, el teatro y la historieta. El texto aporta el temple insurrecto del autor en el abordaje de materias como la sublevación de las masas, la libertad de elección y la cuestión de género.

Un conventillo en ruinas de Montevideo alberga en una de sus piezas al malevo Cachafaz y a Raulito, su amor travesti o transexual. La pareja desafía los códigos sociales, escandalizando a sus vecinos, tan pobres como ellos, pero con una inconsistente pacatería a flor de labios que los lleva a denostarlos irracionalmente.

Ese conventillo en ruinas no contiene, aglutina a las almas también en ruinas y desoladas que lo habitan. Almas que navegan en la deriva de la subsistencia con cierta dosis de animalidad esperpéntica. Son esas ruinas las mismas en la que está sumergida una sociedad en su conjunto, incluida su autoridad.

En verso rioplatense, fusión de tono gauchesco con arrabalero orillero, Copi despliega su poesía revulsiva para dar cuenta de ese mundo periférico en el que la taba se da vuelta y los denostados, los indecentes, son proclamados paladines de buena reputación cuando, en una actitud de liderazgo antropofágico, calman el hambre de las masas con la carne de policías. Así, Cachafaz y Raulito mutan en dirigentes espontáneos y justicieros, la voz de todos, ante una autoridad asfixiante. Copi apela, en la que fue su última pieza, a la antropofagia como metáfora del desorden social imperante. Y recurre a la relatividad como herramienta de definición. Relatividad en la cuestión de género, en el status social, en la ética, en los padrones de liderazgo.

Emilio Bardi (Cachafaz) y Claudio Pazos (Raulito) componen a sus criaturas desde un registro de veracidad y entrega que llega con contundencia. Cachafaz no es un personaje sencillo de interpretar. Se pasea entre los tópicos de la masculinidad rústica atravesada por el amor gay. Ese otro es Raulito, quien desde el travestismo exterioriza su femineidad en un medio camino estético y decadente entre el hombre de raíz y la mujer que desea ser. Claudio Pazos se convierte en un(a) Raulito por momentos conmovedor. En Cachafaz, machos y hembras no son tales o, mejor dicho, son plausibles de diversas lecturas.

Emilio Bardi y Claudio Pazos logran conformar una pareja que se potencia en la escena otorgándole a esa relación todos los matices que requiere: desde características del culebrón melodramático hasta lo aguerrido de una pareja que va por todo y contra todos, sin nada que perder.

El sólido elenco que los acompaña se convierte, al modo clásico, en una suerte de coro griego que confirma el relato con gran solvencia. La música en vivo aporta la atmósfera rioplatense de candombe carnavalesco que sobrevuela en toda la obra. Mecha Fernández creó una coreografía que permite el desplazamiento del elenco por el espacio acentuando desde los movimientos lo rotundo del texto. La escenografía de Rocío Matosas Etchebarne alterna elementos de conventillo de época con estructuras metálicas que permiten a los actores moverse en altura. Es un acierto la mixtura de estéticas que conforman un todo orgánico y coherente.

La directora Tatiana Santana acertó con su puesta y dirección actoral. Hizo una lectura profunda del texto y no apartó a su sainete dramático del universo personal y definido del autor, sin por ello dejar de manifestar su propia mirada.

Cachafaz es un espectáculo agudo y festivo. Conmovedor y bélico. Da gusto ver en escena a un elenco de actores y músicos sólidos, y, sobre todo, a dos intérpretes como Emilio Bardi y Claudio Pazos tan comprometidos con el material.

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