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Ciencia a lo loco

La regla de los 10 segundos

Revista

Si lo habremos escuchado...cuando la comida se cae al piso, basta levantarla rapidamente para que siga siendo comestible. Pues no: se trata de un mito

Por   | LA NACION

Uy, se me cayó el choripán al piso... No importa, si lo agarrás antes de los 10 segundos no pasa nada porque no se llena de bichos.

Si lo habremos escuchado (y practicado). La regla de los 10 segundos (con ligeras variaciones geográficas y culturales, en algunos lugares son más higiénicos y proponen 5 segundos) para saber qué llevarse a la boca y qué tirar al tacho de basura. En realidad, estas variaciones no han sido tan ligeras a lo largo del tiempo: se cuenta que en tiempos de Genghis Khan existía la regla de las 12 horas (¡nada menos!): si se te caía el mongolian barbecue al piso, todo estaba bien si había pasado hasta medio día entre el suelo y la boca. Se supone que esta regla viene de cuando Genghis homenajeaba a sus generales con un gran banquete luego de alguna victoria, y aseguraba a la muchachada presente que si se cae algo al piso puede quedarse allí hasta por 12 horas. O hasta que al gran Khan le plazca.

La idea detrás del mito es que en algún momento, luego de los 5 o 10 segundos, los gérmenes se suben a la comida y la colonizan. Si somos suficientemente rápidos, a comer tranquilos. Pero esto sin duda merece una prueba científica, y algo así realizó la estudiante Jillian Clarke, de la Universidad de Illinois. Primero entrevistó a sus colegas universitarios: alrededor de un 70% de las mujeres y un 50% de los hombres conocían la famosa regla. Es más, la gente estaba muy dispuesta a cumplirla si se trataba de frutas o verduras, pero si se caía una galletita, la mayoría aceptaba hacer una honrosa excepción. El experimento decisivo vino cuando Jillian inoculó un piso, previamente limpio, con bacterias, y como corresponde, tiró ositos de goma y galletitas dulces al piso y las dejó durante 5 segundos. El resultado fue obvio, las bacterias se pegaron a la comida sólo por el mínimo contacto (esto no quiere decir que colonicen la comida, pero sí que la usen alegremente como vehículo de la naturaleza a su mesa). De paso, la transferencia fue más efectiva con pisos lisos que rugosos. Eso sí, en pisos universitarios limpios (y aparentemente los de la Universidad de Illinois lo eran), no hay tanto riesgo de contaminación por bacterias. Jillian Clarke fue una verdadera pionera de la antimitología científica, y se hizo acreedora de uno de los Premios Ig Nobel en 2004 (aquellos que primero te hacen reír y luego pensar). Al poco tiempo, el tema fue retomado por un grupo de microbiólogos de la Universidad Clemson (Estados Unidos). Primero determinaron qué bacterias del tipo de la salmonella viven fenómeno en el piso por 24 horas. Incluso observaron que, luego de aplicar varios millones de bacterias por centímetro cuadrado, unos cuantos cientos seguían vivas al cabo de 28 días. Luego pusieron pan y salamín en contacto con suelos contaminados con salmonella, y encontraron que a los 5 segundos la comida se había cargado con 150 a 8000 bacterias, lo cual aumentaba en unas diez veces luego de un minuto. ¡Recordemos que con unas 10 salmonellas ya podemos enfermarnos!

Como si fuera poco, en 2007 el experimento se repitió en Connecticut, esta vez expandiendo los resultados a rodajas de manzana y caramelos confitados. Si bien fueron un poco menos cautos y propusieron que la regla podría extenderse a unos segundos más, la idea es la de siempre: si algo se cae, tiene como destino la bolsa de basura. Pero ojo, aunque las bacterias tienen mucha mala prensa (a veces justamente ganada) lo cierto es que no seríamos nada sin ellas. Nuestro sistema gastrointestinal es de alguna manera un zoológico bacteriano, con alrededor de 25.000 subespecies de microbios sin las cuales la digestión sería un proceso casi imposible. Es más, hay quienes consideran a este gran masacote bacteriano como el órgano más grande del cuerpo, en términos del número de células que contiene. Eso sí: mejor que todas esas bacterias se queden del lado de adentro del tubo digestivo y que no entren en contacto con nuestro cuerpo. Y ya que estamos con temas tan agradables a la vista y al olfato, recordemos que buena parte de las heces son bacterias (que justamente le agregan ese aroma del Cairo al asunto). Pero no son culpables del color: viene de la bilirrubina que cuando se combina con hierro adopta una tonalidad marrón (y, como todo el mundo sabe, sube cuando te miro y no me miras). En fin, que ya volveremos sobre estos temas tan edificantes. Por ahora recordemos que comida que cae, comida que se tira. Si lo dice la ciencia..

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