Lejos, a veces muy lejos, de los planes de alto rendimiento, de los patrocinadores de alta gama, del fuerte flujo de dinero, de la TV y de los títulos de la mayoría de los medios, hay un rugby, en este caso el de Buenos Aires, que circula en silencio, casi en el anonimato, pero que produce situaciones y que tiene particularidades que reflejan, en lo esencial, lo que significa este juego. O sea, lo que en gran parte es todavía el rugby argentino: una suma de voluntades y de pasiones.
Una de esas historias le corresponde a Las Heras Rugby Club. Fundado el 28 de enero de 2009, en 2011 fue campeón de la Uroba y este año logró ingresar en los torneos de la URBA, en el Grupo IV. En el cuarto partido logró su primer triunfo. Fue el sábado pasado, ante Floresta, otro club de los nuevos, que después de peregrinar por varios lugares estrenó, justo ese día, su cancha en Open Door, bastante más lejos de donde se creó y de donde son la mayoría de sus jugadores.
El partido de General Las Heras, ubicado en el sudoeste bonaerense, a 67 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, tiene un fuerte arraigo futbolero, pero, sobre todo, luce orgulloso el mote de Capital Nacional del Pato. Entre esos dos deportes, más el polo y la paleta, no había lugar para el rugby entre sus 14.000 habitantes. "Pero insistimos, probamos de muchas maneras, hasta que un grupo decidimos fundar el club. Hoy tenemos unos 120 jugadores, una M17, una M15 e infantiles. Para nosotros todo esto es un sueño", me cuenta Héctor Giavino, delegado del club en la URBA.
Las Heras RC, que ingresó al Grupo IV de la URBA junto a Berisso RC, dispone del apoyo económico de la municipalidad y de varios comercios de la zona y juega de local en la cancha de fútbol del Club Atlético San Miguel. El próximo objetivo, a uno o dos años, es tener cancha propia.
Esa meta la alcanzará pasado mañana Delta Rugby Club, que se fundó a fines de 2009, tras escindirse de San Fernando. Su historia es mucho más conocida que la de Las Heras, porque también tuvo otras características. Rápidamente, por la calidad de sus jugadores, que venían del Top 14, saltó del Grupo IV al II. Pero en todo este tiempo anduvo "de prestado"; en San Patricio, fundamentalmente, y en los anexos del CASI y el SIC. Pero ahora, como especifica el hashtag que crearon sus cultores en Twitter, #DeltaJuegaEnCasa.
Será ante Los Matreros, curiosamente el primer rival que tuvo tras su creación. Y en el terreno ubicado en el Rincón de Milberg, Tigre, que el Obispado de San Isidro le cedió por 20 años. Ahí, en poco más de un año, construyeron un quincho, los vestuarios, la cancha y los espacios de entrenamiento.
Antes, la Municipalidad de Tigre les había cedido otro terreno, en Benavídez, detrás de Newman, pero la gente de Delta nunca pudo tomar posesión porque fue imposible desalojar a la gente que allí se había instalado.
Entre Las Heras y Delta hay un sinfín de historias parecidas. No pertenecen a la gran escena, pero también son las que le dan vida al juego del rugby..

