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De Rusia, con ideas nuevas

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional. Director: Alexander Vedernikov. Solista: Ernesto Bitetti (guitarra). Programa: Obertura sobre temas hebreos, Op. 34, de Sergei Prokofiev; "Fantasía para un gentilhombre", de Joaquín Rodrigo, y "Cuadros de una exposición", de Modest Musorgsky. Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: bueno.

Jueves 29 de julio de 1999

El joven director ruso Alexander Vedernikov se había presentado la semana anterior con un interesante programa ruso, una muy buena versión del poema sinfónico "Hamlet", de Tchaikovsky, un excelente concierto para piano de Alexander Scriabin con la pianista japonesa Chitose Okashiro, de muy solidos recursos técnicos, y la cantata "Alexander Newsky", de Sergei Prokofiev, con una eficiente actuación del Coro Polífónico Nacional, preparado por Darío Marchese, y la mezzosoprano Cecilia Jacubowitz, en calidad de solista.

En su segunda presentación al frente de la Sinfónica Nacional desarrolló una muy acertada versión de la "Obertura sobre temas hebreos", Op. 34, originalmente concebida por Prokofiev para clarinete, piano y cuarteto de cuerdas, que él mismo trasformó para orquesta.

De ahí que la sonoridad resulta algo diferente a la de las sinfonías, obras para escena y música para el cine, con pasajes donde el piano se integra en forma concertada, en un entramado que delata su procedencia camerística.

A continuación se rindió un homenaje casual al recientemente fallecido compositor español Joaquín Rodrigo, al haberse incluido con mucha anterioridad la ejecución de su conocida "Fantasía para un gentilhombre", para guitarra y orquesta, con la actuación del argentino Ernesto Bitetti, como solista.

En los cinco movimientos de la obra se rinde homenaje a Gaspar Sanz, célebre músico de la corte de Felipe IV, autor de numerosas composiciones para un método de enseñanza de la guitarra. Rodrigo tomó de él algunas de ellas como motivo para la fantasía, pero la composición no aporta más que dificultades de ejecución, tanto que resulta muy difícil evitar su elemental y anodina expresión musical.

Pero, además, en esta oportunidad la versión no tuvo calidad, no solamente por la ausencia del colorido y de la justeza que debe surgir de la orquesta, sino también por el sorprendente desteñido desempeño del guitarrista Bitetti.

Dedicado a la enseñanza

Contrariamente a su habitual seguridad técnica, apreciada muy bien en sus discos de hace algunos años, dejó escuchar numerosos pasajes poco cristalinos en la articulación, con un fraseo nada cautivante.

Seguramente el artista argentino se encuentra en un momento de su carrera donde el tiempo dedicado a la enseñanza perturba en buena medida su actividad concertistica. En los Estados Unidos, Bitetti desarrolla una fecunda tarea en este campo, tanto que de sus clases para principiantes y de perfeccionamiento son cientos de norteamericanos que se dedican a la guitarra.

De todos modos agregó como obra fuera de programa la cadencia del "Concierto de Aranjuez", con el afán de hacer más profundo el homenje a Joaquín Rodrigo. El público, conmovido, brindó todo su cariño al compositor de España y al intérprete.

La segunda parte del concierto sufrió un cambio en relación a la obra anunciada, que según se pudo conocer se debió a un error en la entrega de los materiales de orquesta, y Alexander Vedernikov no pudo ofrecer "El beso del Hada", de Igor Stravinsky, compositor que lamentablemente no figura con la frecuencia que merece .

En su lugar se reiteró una versión de la formidable suite para piano "Cuadros de una exposición", de Modest Musorgsky, en la versión orquestal de Maurice Ravel, que es incluida con mucha frecuencia en las salas de conciertos.

Lejos de los matices habituales

La concepción del director ruso -que dicho sea de paso, como dato de interés, es hijo del célebre cantante del mismo nombre, de larga y relevante carrera en el teatro Bolshoi, de Moscú- tuvo el atractivo de hacer conocer una versión alejada de los conceptos y matices habituales.

Entonces, frente a una elección de tempi excesivamente lentos, con un fraseo por momentos entre místico y solemne, y una coloración más oscura por los cambios de planos e intensidades, provocó una audición plena de interrogantes, sumamente interesante para un análisis de estética.

Sin embargo, un punto que pone en duda el criterio del joven músico, esa concepción no llegó a motivar algún tipo de emoción, ni siquiera cuando Verdernikov recurrió a exagerar el efecto sonoro y las tensiones en los últimos cuadros de Victor Hartmann, "Baba Yaga" y "La gran puerta de Kiev".

De todos modos, el público recibió con un muy cálido aplauso la labor del director invitado, premiando también a los integrantes de la Orquesta Sinfónica Nacional, que cumplieron muy eficiente desempeño en tan comprometida labor.

Juan Carlos Montero

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