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El mundo

Una terapia virtual que cierra heridas

Enfoques

En la violenta Ciudad Juárez, un programa de salud mental creada para veteranos de Irak lleva alivio a sobrevivientes de la guerra del narcotráfico

Por   | The New York Times

CIUDAD JUAREZ

Cada vez que Érica González se colocaba las antiparras de video, los detalles de sus cuatro días de cautiverio desfilaban ante sus ojos. Podía oler la camiseta sudorosa con la que le cubrían la cabeza, sentir el gusto a ceniza en las botellas de cerveza en las que se le daba agua a beber y escuchar el sonido apagado de las conversaciones de sus secuestradores. "Me dio miedo revivir todo eso", dijo González. "Pero me dije: «Esto es bueno para mí»."

González, de 18 años, es una de las 25 pacientes que recientemente completaron un programa de terapia virtual similar al que usan las fuerzas armadas de Estados Unidos para tratar a veteranos de la guerra de Irak con cuadros de estrés postraumático. Creado por doctores y psicólogos de la Universidad Autónoma Nacional de México, el proyecto piloto apunta a llenar un vacío en los servicios de salud mental para los residentes shockeados de Ciudad Juárez.

La ciudad, que es sede del poderoso cártel de Juárez y codiciada por otros sindicatos criminales por su ubicación estratégica en el negocio de la droga, ha sido uno de los frentes de batalla en la lucha del presidente Felipe Calderón contra el crimen organizado.

Las escenas virtuales que ponen los pelos de punta y que se ven a través de las antiparras fueron creadas para los residentes de esta ciudad sacudida por la violencia, que en los últimos años ha tenido la mayor tasa de asesinatos de México. Las antiparras muestran una de seis escenas, incluido un robo a mano armada, un control policial, una casa clandestina para secuestros y un tiroteo entre matones del cártel y soldados del ejército. Los terapeutas muestran a los pacientes las escenas más directamente relacionadas con su experiencia, y luego ajustan las sesiones para responder a su trauma de modo más específico, por ejemplo, reproduciendo una canción que escucharon durante su experiencia traumática.

El programa logró reducir mucho los síntomas del síndrome de estrés postraumático, con una tasa de éxito del 80 por ciento, dijeron los organizadores. El programa logró reducir mucho los síntomas del síndrome de stress post traumático, con una tasa de éxito del 80 por ciento, dijeron los organizadores.

"Ha habido mucha atención hacia el problema de la violencia, lo que incluye la seguridad pública, el tráfico de drogas y la policía", señaló Hugo Almada, que investiga los efectos psicológicos de la violencia en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Pero el efecto sobre la salud mental en gran medida ha sido ignorado, dijo. Incluso los afectados directos por la violencia de la ciudad, que ha costado más de 10.000 vidas en los últimos cuatro años y medio, a menudo no saben que necesitan ayuda.

Otro residente traumatizado, Juan Carlos García, de 29 años, dejó de comer y dormir y se volvió introvertido, después de que su hermano fue asesinado y él identificó su cuerpo en la morgue. Pasado cerca de un año, la esposa de García y sus compañeros de trabajo lo persuadieron para que probara el tratamiento de realidad virtual.

Usando las antiparras y los auriculares, narró la serie de eventos traumáticos, desde la última vez que vio a su hermano vivo hasta su entierro. Luego hizo ejercicios de respiración con su terapeuta, técnicas que buscaban reducir sus niveles de ansiedad, que eran monitoreados mientras veía las imágenes a través de las antiparras. E hizo su tarea entre sesiones, estando en el cuarto de su hermano, visitando su tumba y pasando en auto por el sitio donde fue asesinado. Estos ejercicios son importantes, según los terapeutas, porque a diferencia de los veteranos de la guerra de Irak, que eventualmente se van de la zona de batalla, los pacientes de Ciudad Juárez siguen viviendo en peligro. Por más que el procedimiento es cansador desde el punto de vista emocional, García dijo que valió la pena. "Sigo recordando, pero ya no es tanto el dolor", explicó.

La necesidad de servicios psicológicos sigue siendo muy grande. Los médicos que dirigen el tratamiento con realidad virtual estiman que un cuarto de la población de Ciudad Juárez sufre del síndrome de estrés postraumático. María Teresa Cerqueira, a cargo de la oficina de la OPS en la frontera de Estados Unidos con México, afirmó que muchos residentes de la ciudad han sufrido la pérdida de seres queridos, la desaparición de personas de su entorno o temen por su propia seguridad. "Se necesitan de muchos terapeutas que puedan dar apoyo a la gente", afirmó.

Brisa Delgado es una de las víctimas de la violencia que quedaron a la deriva por la falta de una red de contención. Miembros de una banda ingresaron en una casa donde ella participaba de una fiesta en enero de 2010, dispararon de modo indiscriminado y dejaron 15 personas muertas. Una bala rozó la cabeza de Delgado en el ataque. Su psicólogo le dio el alta después de dos meses de terapia, pero ella no se sentía mejor.

La desatención de la salud mental no es algo exclusivo de Ciudad Juárez. Por todo México se sabe de las malas condiciones de las instituciones para enfermos mentales.

La mayor parte del dinero para mantener los refugios para enfermos mentales de Ciudad Juárez proviene de donaciones privadas. "La participación del Estado es mínima", dijo el fundador de uno de esos refugios, el reverendo José Antonio Galván, que a menudo rescata alimentos descartados y vencidos para los pacientes. "Esta es gente que no existe", afirmó. "Es gente invisible".

Para quienes ven sus vidas convulsionadas por los criminales, la ayuda psicológica puede significar la diferencia entre la reclusión autoimpuesta y la libertad protegida.

González, que se encerró en su casa durante meses tras su secuestro, comenzó a salir nuevamente. Va al cine con su novio de vez en cuando y piensa volver a la escuela en agosto. Teme que puedan volver a secuestrarla, pero de todos modos siente que ha avanzado mucho. "Antes no podía hablar de esto sin ponerme a llorar", afirmó con una pequeña sonrisa de triunfo.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

© The New York Times .

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