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Cinco falacias del discurso oficial sobre el dólar

Economía
 
 

En las últimas semanas, se han implementado una amplia batería de medidas con el objetivo de reforzar el esquema de control de cambios local. Este último es tan férreo en la actualidad, que el acceso privado a las divisas en el mercado oficial con el objetivo de su simple atesoramiento, está prácticamente vedado cualquiera sea el nivel de ingreso y la situación fiscal de las personas físicas en cuestión.

El fin último sigue siendo el mismo: forzar un resultado neto superavitario para la balanza de pagos del sector privado que permita financiar el déficit de la balanza de pagos del sector público En particular, durante el año en curso resalta la importancia del vencimiento de capital del Boden 2012, por U$S 2200 millones, y de los cupones atados al PBI denominados en moneda extranjera (dólares, euros y yuanes), por aproximadamente unos U$S 2700 millones.

A lo dicho, habría que sumarle vencimientos de capital con organismos internacionales por U$S 1600 millones y vencimientos de intereses de la deuda denominada en moneda extranjera por U$S 3000 millones (casi U$S 1500 millones por el PAR y DISCOUNT post 2001, U$S 500 millones con organismos multilaterales y otros U$S 420 millones por los Boden en dólares, entre los más importantes)

En ese contexto, distintos actores de la administración de Cristina Fernández han salido a justificar, desde lo discursivo e, incluso, con algunos datos de dudosa procedencia, esas medidas. A continuación, y en el espacio más acotado posible, nos proponemos hacer un breve repaso de las que consideramos las cinco líneas argumentales principales utilizadas y demostrar que son falaces.

1) Sólo el 10%/11% de la población tiene capacidad de ahorro en dólares. El argumento sugiere falazmente que se trata de una medida de efectos progresivos. Pero en el fondo, son regresivos, pues reduce aún más la porción de la población que puede acceder a un vehículo de ahorro simple y líquido que la cubra, a la larga, contra la inflación. Además, si sólo el 10%/11% podía ahorrar en dólares, sólo el 10%/11% puede ahorrar a secas luego de 9 años de administración continuada.

2) El objetivo es reducir la volatilidad de las reservas del Banco Central. La volatilidad de la reservas no es relevante. Las reservas son un instrumento de la política monetaria, no un objetivo. Aun más, como instrumento, lo relevante desde el punto de vista de la capacidad del BCRA para defender una determinada paridad cambiaria, no es el valor o nivel absoluto de reservas. Sino, la relación entre los pasivos y los activos líquidos del BCRA. Relación que sigue deteriorándose. Finalmente. No hay relación a priori, y menos aún en el mediano-largo plazo, entre estabilidad del nivel absoluto de reservas y evitar deterioros sostenidos de los indicadores sociales.

3) Los argentinos tienen que dejar de pensar en dólares. Peca otra vez de inconsistente. Pues, el accionar en curso, lejos de contribuir a que los argentinos dejen de pensar en dólares, refuerza aún más ese fenómeno económico. Pensar en dólares es una consecuencia de la volatilidad macroeconómica local, no la causa. Es una adaptación.

4) Los argentinos ahorran en dólares por razones culturales. Es falaz. Se ahorra en dólares por razones económicas (la moneda local no sostiene su valor en el tiempo y, entonces, no cumple un rol de reserva de valor). Si se modifican esas razones, se modificaría la conducta. Pero para eso, justamente, hay que hacer exactamente lo contrario de lo que se hizo y está haciendo.

5) Los precios de los inmuebles deben fijarse en pesos. De nuevo. Falaz. Obligar a que los precios o, incluso, que las operaciones se realicen en pesos, no implica que el peso va ser el parámetro de valuación. Para lograr eso, hay que hacer que el peso sea reserva del valor. Y para eso, hay que remitirse al punto anterior. Lo contrario de lo que se está haciendo..

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