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Cinco mujeres para salvar a Buenos Aires

Desde distintas áreas, luchan por una ciudad más linda, integrada y con nuevas oportunidades, y combaten sus problemáticas

Domingo 10 de junio de 2012
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LA NACION
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Al defender sus ideales, contagian entusiasmo. Por más que quieran, no logran esconder la pasión que las moviliza. Su trabajo es tan solitario como ambicioso, ya que consiste en salvar a Buenos Aires de los grandes males que la aquejan. La desaparición de los espacios verdes, el vandalismo sobre las estatuas, el abandono del patrimonio arquitectónico, la falta de accesibilidad, la exclusión social en las villas y la carencia de oportunidades económicas son las realidades porteñas que día tras día intentan mitigar.

Ellas son Sonia Berjman, Carina Corvalán, Adriana Pérez Moralejo, Silvia Aurora Coriat y Margarita Carles, cinco mujeres que trabajan duro por una ciudad más disfrutable, inclusiva y madura. Muchos de los logros que consiguieron no llevan sus nombres y apellidos, pero los vecinos los reconocen y los disfrutan a diario. Un edificio protegido, una plaza cuidada, una estatua restaurada, una rampa construida, una familia integrada, una persona con pocas posibilidades de crecer que encuentra un nuevo horizonte. Todos ellos son frutos de su esfuerzo.

La defensora de parques

Berjman es una apasionada por la historia, que admira a los próceres Domingo Faustino Sarmiento y don José de San Martín. Su primera lucha por la preservación patrimonial estuvo marcada por el intento -fallido- de conservar el tradicional mercado del Abasto, donde hoy se erige un concurrido shopping. Es una de las principales protectoras de parques, plazas y estatuas de la ciudad. "Lo que más me duele es la ignorancia y la soberbia con la que algunos funcionarios porteños se manejan. No tienen ni la menor idea de lo que hacen con el espacio público. No soy de ningún partido político y quiero que las cosas se hagan bien. Creo que este gobierno tiene esa intención, pero en realidad no sabe cómo. Si no, no se explica que pretendan arrancar o transplantar árboles ", dice, con tono indignado.

Doctora en Filosofía y Letras y becaria postdoctoral de la universidad de Harvard, Berjman considera que "los árboles no son floreros para llevarlos de un lado a otro" y sostiene que, para generar una verdadera conciencia ecológica, las escuelas tienen un rol fundamental. Según dice, para que eso ocurra, los alumnos deberían plantar un árbol en primer grado y cuidarlo durante los siete años del colegio primario. "No hay en la ciudad una conciencia de protección del arbolado. Es un desastre. Y lo que se hace con los parques públicos, una brutalidad", sostiene esta mujer que protestó, entre otras acciones, por el traslado de los ejemplares de la plaza Francia, donde se proyectan las obras del subte H.

Sonia Berjman ahora emprende otra lucha: en 2011 fundó el movimiento ‘Salvemos a las estatuas’, cuya misión es mostrar el deterioro que tienen las esculturas ubicadas en los parques públicos e intentar restaurarlas. "El vandalismo que recae sobre las estatuas es impresionante. Pero nadie hace nada. No hay castigos ni culpables. Hemos intentado educar y asesorar gratuitamente al gobierno de la ciudad sobre cómo preservar las estatuas, pero ni siquiera nos contestaron", aseguró.

La protectora del patrimonio

Adriana Pérez Moralejo es una arquitecta que trabajó en el plan maestro que transformó el histórico Mercado del Pescado en el Centro Metropolitano de Diseño (CMD), en Barracas, barrio que conoce a la perfección. Es fuente de consulta de la ONG Basta de Demoler y su participación vecinal se inició en 1998, cuando evitó, junto con otros habitantes de San Telmo, que se enrejara el Parque Lezama. "Uno de los logros más lindos fue, por ejemplo, que el gobierno nos escuchara en el pedido de hacer un bulevar en Caseros al 400, algo que se estrenó en el gobierno de Jorge Telerman. Esta es una obra que hoy disfrutan vecinos y turistas porque se formó un polo gastronómico", asegura.

Pérez Moralejo dice que estudió arquitectura, justamente, por la capacidad que tiene esa disciplina para cambiar el hábitat del ser humano. En ese proceso, a su vez, se transforman otros aspectos vitales, como la salud, la educación y las costumbres. "Me di cuenta hasta qué punto se ha ido transformando esta ciudad en ‘mi ciudad’ a medida que la conocía más y me ocupaba de su temas. Y agrega: "Me preocupa cuando veo que destruyen a Buenos Aires y le quitan parte de la historia con la demolición de edificios que son referentes de lo que fuimos. Con esta acciones, perdemos parte de nuestra identidad. En 2000, con la crisis, Buenos Aires se protegía sola porque hubo un parate en la construcción, pero hoy eso ya no ocurre. Hay una deuda grande del Estado con la planificación de la ciudad que queremos".

La luchadora por la inclusión

Silvia Coriat es una arquitecta que coordina la fundación Rumbos, que trabajo sobre los problemas de accesibilidad en Buenos Aires. Cuenta que lleva en los genes la valiosa lucha de su madre, una neuropediatra que en los años 50 trabajó en la inclusión de niños con dificultades de desarrollo, especialmente aquellos que padecen Síndrome de Down. "Los tres pilares de la accesibilidad son los funcionarios, los profesionales del diseño y las personas con discapacidad. Son roles diferenciados e indelegables. Y entre estos actores es necesaria una articulación y una construcción colectiva para que la integración de una persona con discapacidad se concrete. Y en Buenos Aires, eso hoy no ocurre".

La obsesión de Coriat, de 64 años, es el riguroso cumplimiento de la ley porteña 962, que obliga a los edificios con escalones a tener rampas para personas con discapacidad. También promueve, como docente, la formación universitaria de arquitectos con criterios inclusivos. "Hay que entender que no es cuestión de hacer rampas aisladas en las esquinas, sino que lo importante es tener circuitos accesibles. Buenos Aires ha mejorado mucho la accesibilidad en el último tiempo pero falta mucho todavía. No puede ser que haya veredas intransitables o rampas en una esquina y en las otras tres, no", asegura.

La trabajadora social

Para Carina Corvalán, una trabajadora social que se desempeña en la fundación El Pobre de Asís, la integración es su pelea cotidiana para una ciudad más justa. Ella trabaja en la Villa 31 con habitantes relegados por la pobreza y el olvido. "Poner en marcha redes entre los vecinos para que no se enfrenten, para que no se vean como competencia, y se reconozcan como cercanos. Esa es mi tarea. Trabajamos en el respeto al otro con distintas actividades y charlas", sostiene.

Corvalán, quien comenzó su tarea-vocación en 1999, en una actividad con chicos carenciados del Bajo Flores, dice que el logro del que siente más orgullosa es una acción que los vecinos de la Villa 31 hoy llaman "El Roperito". ¿De qué se trata? Las madres de distintas familias se reúnen una vez por semana para entregar ropas en desuso y llevarse otras que le sirvan a los suyos. "En cada reunión hay cerca de 200 personas. Y esta actividad hoy funciona sin coordinación, sin la participación nuestra. Eso es hermoso, porque muestra que ellos pueden y quieren interactuar e integrarse socialmente", asegura.

La innovadora

El anhelo de Margarita Carlés es que, a través de la innovación, la sociedad sea más generosa y participativa. Es coordinadora de "Business in Development Challenge", parte de la ONG holandesa, Business in Development Network, cuya misión es luchar contra la exclusión y la pobreza. Es coaching e integrante de la Asociación Civil "Va de vuelta", que funciona en José León Suárez y Avellaneda.

Carlés sostiene que la sustentabilidad tiene que ver con los valores. Y pone en práctica programas en empresas, llamados sistema B, para que éstas proyecten su inversión económica en base a proyectos sustentables. Por ejemplo, si el objetivo de la empresa es recuperar hectáreas de bosques, programa su economía en base a este objetivo. "El mecanismo es más profundo que el de responsabilidad social empresaria. Creo que Buenos Aires podrá orientarse hacia este camino de más oportunidades, porque es una ciudad especial, más despierta que otras capitales. Ya hay empresas, por ejemplo, que se abastecen con materia prima en la base de la pirámide. Si bien esto les resulta menos redituable, es importante que todas lo repliquen para generar nuevas oportunidades y una mejor redistribución de los ingresos", afirma.

Entusiasta, la mujer sueña con que "los nuevos porteños dejen de pasar de ser consumidores a ciudadanos; que sean trabajadores incansables, amorosos y generosos. Que se miren a los ojos, se hablen, se escuchen y se organicen".

Estas mujeres que reunió LA NACION no se conocían personalmente; algunas, sólo por el nombre. A los cinco minutos de conversación se intercambiaron sus correos para organizar una reunión y ver en qué podían trabajar en conjunto. Así son ellas, estas cinco damas dispuestas a salvar a Buenos Aires. Quedan otras miles que luchan de igual manera desde el anonimato.

Los ángeles del río de la plata

Margarita Carlés

Licenciada en economía Edad: 45 años Lugar de nacimiento: Capital Federal.Es licenciada en Economía (Rutgers College, Rutgers University) y coordinadora de la competencia de planes de negocios Business in Development Challenge, con la ONG holandesa, Business in Development Network.

Un sueño : "Quiero una Buenos Aires habitada por personas que hayan atravesado una profunda transformación interior. Que todos sientan el sufrimiento del otro y de la tierra como propio".

Sonia Berjman

Dra. en Filosofía y letras Edad: 66 años Lugar de nacimiento: Santa Fe.Licenciada en Historia de las Artes (Universidad de Buenos Aires) y doctora en Filosofía y Letras. Becaria posdoctoral de la Universidad de Harvard. Investigadora y miembro de la Sociedad Argentina de Paisajistas.

Un sueño: "Espero y lucho para que la ciudad de Buenos Aires sea un espacio vivible y amigable. Que los vecinos seamos respetuosos y solidarios con el otro y no autodestructivos, como vemos a diario".

Adriana P. Moralejo

Arquitecta Edad: 51 años Lugar de nacimiento: Lincoln (Bs. As.)Se recibió de arquitecta en la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en la creación del Centro Metropolitano de Diseño (ex Mercado del Pescado), entre otras acciones. Es consultora de la ONG Basta de Demoler.

Un sueño: "Construir entre todos una ciudad más justa, equitativa y solidaria. Una ciudad donde no sea necesario demoler los valiosos edificios del pasado para construir la ciudad del futuro".

Silvia Coriat

Arquitecta Edad: 64 años Lugar de nacimiento: Capital Federal.Coordina la fundación Rumbos, que estudia los problemas de accesibilidad. Docente en la UBA y autora del libro Lo urbano y lo humano. Hábitat y discapacidad.

Arquitecta, recibida en la Universidad de Buenos Aires.

Un sueño: "Que la accesibilidad se incorpore en las universidades para la formación de los alumnos que diseñarán las ciudades del futuro. Que Buenos aires sea una ciudad realmente más inclusiva".

Carina Corvalan

Estudiante Edad: 37 años Lugar de nacimiento: Mar de Ajó (Bs. As.)Se desempeña como trabajadora social y estudia esa carrera en la Universidad de Buenos Aires. Trabaja en la fundación El Pobre de Asís y coordina actividades de integración en la Villa 31, en el barrio de Retiro.

Un sueño: "No tener que trabajar tanto sobre las injusticias que genera la diferencia social. Lograr que en un futuro haya tanta integración que la tarea que hoy desempeño sea innecesaria".

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