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La clave de un estilo lírico

Que el mundo me conozca, segunda novela traducida al español del elusivo Alfred Hayes, cuenta la melancólica historia de un solitario y de una ninfa desconcertada

Viernes 15 de junio de 2012
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PARA LA NACION

A esa hora postrera de las fiestas en que, a causa del hastío y el alcohol, se entreveran -rayando en lo insoportable- la vocinglería de los invitados, los tintineos y la música, un hombre, sin ganas de quedarse en esa fiesta a la que ha sido invitado pero menos aún de volver a su departamento, se retira a la terraza a fumar un cigarrillo. Desde allí, ve cómo una mujer sale de la planta baja y se encamina despreocupada, vaso largo en mano, hacia el mar. Al principio, él, prendado de la figura de ella, se solaza viéndola chapotear en la orilla. Pero cuando comienza a adentrarse en el mar, él se asusta e intuye que el propósito de la mujer es otro, acaso suicidarse. Esa intuición se fortifica cuando, tras ser revolcada por una ola, ella queda bajo el agua. Resoluto, él salta a la playa y, en un acto que habrá de ser la piedra basal del vínculo entre ellos, la rescata.

Él es un solitario incorregible sobre cuyas espaldas recae el peso de un matrimonio largamente erosionado; oriundo de Nueva York, ciudad en la que vive con su mujer y la pequeña hija que tienen en común, está de paso en Los Ángeles, trabajando para un estudio en su carácter de guionista de cine. Ella es una "ninfa desconcertada", que llegó a Los Ángeles no sólo huyendo de un hogar y un pueblo opresivos, sino sobre todo aguijoneada por el anhelo de convertirse, antes que en actriz, en una estrella de Hollywood. Y ambos son los protagonistas de Que el mundo me conozca , de Alfred Hayes. Nacido en Inglaterra en 1911, Hayes pasó, sin embargo, la mayor parte de su vida en Estados Unidos, donde murió en 1985. No sólo escribió novelas y libros de poesía, sino también guiones para cine y televisión. En ese campo, se destacan sus colaboraciones con figuras señeras del neorrealismo italiano como Roberto Rossellini y Vittorio de Sica.

Hasta aquí, pues, aquello que, sin dejar al descubierto las hebras más sutiles de la trama, podría contarse por teléfono -como diría Néstor Sánchez- de la novela. Porque sucede que lo que distingue a esta novela de muchas otras que pivotean sobre planteamientos análogos a la hora de poner bajo la lupa amores contrariados o también se amparan en la retórica cinematográfica en beneficio del despliegue de la narración, lo que acendra la experiencia de lectura, volviéndola impostergable, no podría contarse por teléfono, y eso es el estilo de Alfred Hayes.

Ajeno al fárrago y permeable a las reverberaciones líricas que entronizan las minucias, el estilo de Hayes, cuyos rasgos ya despuntaban en Los enamorados -otra de sus novelas, publicada en español en 2010, en una también impecable traducción de Martín Schifino-, estriba en una astuta concisión que pareciera asediar las frases hasta que éstas den con su propio límite. Pero hay, asimismo, otra arista cuanto menos saliente en el libro: la voz narrativa en primera persona. Menos torrencial que en Los enamorados , pero igual de envolvente y melancólica, en Que el mundo me conozca la voz que hilvana la historia, acentuada sin estridencias sus flancos sensibles, se templa en un sostenido encrespamiento del tono que, casi a la manera de un policial negro, logra su objetivo: mantener en vilo al lector.


QUE EL MUNDO ME CONOZCA Por Alfred Hayes La Bestia EquiláteraTrad.: Martín Schifino160 páginas$ 69
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