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Trabajo para lobos

Maruja Bustamante logra un equilibrio perfecto entre suspenso y humor

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PARA LA NACION
Jueves 14 de junio de 2012
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Autora: Maruja Bustamante / Intérpretes: Diego Benedetto, Emiliano Figueredo, Constanza Nacarato y Sebastián Mogordoy / Música en vivo: Andy Menutti / Vestuario: Federico Castellon Arrieta / Luces: Mariano Arrigoni / Producción: María Solari / Puesta en escena y dirección: Maruja Bustamante / Funciones: viernes, a las 23 / Sala: El Portón de Sanchez, Sanchez de Bustamante 1034 / Duración: 70 minutos Nuestra opinión: muy buena

Maruja Bustamante se da el gusto de seguir recorriendo el país con su trabajo, aunque más no sea de manera alusiva: si Adela está cazando patos remitía a la aridez norteña y Paraná Porá proponía un recorrido por el imaginario del Litoral, Trabajo para Lobos, su última obra, está ahí para recordarnos –entre otras cosas– que el Sur también existe.

Trabajo… sucede en Bariloche y es la historia de una familia desmembrada. O más bien la historia de los últimos días de una familia a la que uno podría referirse como tal. Pero nada más lejano a esta puesta que el espíritu solemne y marrón de las familias disfuncionales, tematizadas de manera repetitiva y pertinaz durante la última década. Esbozada con humor (ácido, incómodo) y con color, la pregunta que plantea y hace rodar la obra es: ¿hay que practicar la eutanasia con papá, tal como él lo pidió en una carta?

Constanza Nacarato y sus hijos ficcionales, en espléndidas actuaciones
Constanza Nacarato y sus hijos ficcionales, en espléndidas actuaciones.

Para tomar esa decisión (y en cualquier caso, a manera de despedida) los tres hijos varones vuelven a reunirse en la casa de la infancia. Como los tres chanchitos (el cuento que marcó sus primeros años y una alegoría que se repetirá de manera constante durante la obra), cada uno ha recorrido y construido caminos diferentes, más o menos sólidos, más o menos ambiciosos, más o menos alejados de la casa materna: el hermano que se quedó en el pueblo, por un lado; el que se fue a vivir a la ciudad, por otro; el que pudo irse a estudiar a Europa y se postula como el triunfador de la familia.

El contrapunto de ese reencuentro marcado por la nostalgia, ciertos recelos y –a pesar de todo eso– la alegría, aparece cuando la madre (Constanza Nacarato) entra en escena: egocéntrica, perversamente presente en la vida de sus hijos, que logra oscurecer hasta los momentos más luminosos del trío. El clima que se impone, sobre todo cuando ella asoma, es el que precede al huracán: ¿por qué insiste tanto con desenchufar a su marido?

Uno de los mayores méritos del trabajo de Bustamante es que ese pálpito de que algo está por estallar no inocula, en ningún momento, las risas. Claro que la directora no llega sola a este equilibrio perfecto entre suspenso y humor: las actuaciones –dosis justa de exacerbación, tiempos precisos para el chiste y para el tono emotivo– y la música en vivo –gran trabajo de acompañamiento de Andy Menutti– le aportan a la puesta todo eso que hace falta para que resulte imposible correr la vista y la atención del escenario.

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