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El mundo, un límite para la Presidenta

LA NACION
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Carlos Pagni
Lunes 18 de junio de 2012
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Los líderes del G-20 empezarán a deliberar hoy en Los Cabos, Baja California, en un contexto turbulento. Grecia, España, Portugal e Italia amenazan con su deuda la estabilidad de la banca. Europa tarda en recuperarse, con consecuencias preocupantes para Estados Unidos. Las empresas de tecnología, de autos y de alimentos de ese país están muy expuestas a la crisis. La tasa de desempleo norteamericana se resiste a bajar de 8%. Barack Obama ve su reelección amenazada.

La construcción europea está fisurada. Y las instituciones de Bretton Woods, sobre todo el Fondo Monetario Internacional, se muestran impotentes ante la tormenta. Este es, muy estilizado, el drama del mundo. La Argentina está lejos de ese foco. Aun así, Cristina Kirchner no debería distraerse durante la reunión de Los Cabos. Una ráfaga de la tempestad podría despeinarla.

Repsol se ha propuesto conseguirlo. Su presidente, Antonio Brufau, llegó a Baja California anteayer para explicar a los miembros del G-20 el "expolio" –así lo llama– de YPF.

Esa confiscación, que el Gobierno exhibe frente al público doméstico como una hazaña, se transforma en una cruz apenas la Presidenta traspone la frontera. La señora de Kirchner se sintió obligada a justificarse ante los ejecutivos que la escucharon en el Consejo de las Américas, en Nueva York, el viernes. En vez de ufanarse de haber recuperado YPF para garantizar la soberanía petrolera de los argentinos, como hace cuando vibra ante el micrófono local, confesó que se apropió de los activos de Repsol porque no tenía más remedio. "El déficit energético amenazaba el superávit fiscal", explicó. Un paso más y caía en la autocrítica. No hizo falta. Los asistentes a la reunión saben que ese déficit fue producido por la política de precios del Gobierno. Y que el superávit fiscal se evaporó hace tiempo.

Si pretendía tranquilizar, la explicación presidencial aumentó la inquietud. ¿Quiere decir que si la persistencia del déficit energético plantea nuevas dificultades al Tesoro habrá más expropiaciones?

Cristina Kirchner también alegó que, pudiendo estatizar toda la empresa, se conformó con el 51%, "para preservar el valor de la acción". La acción de YPF cayó 75% durante el trance. Tal vez para la próxima no valga la pena mantener ese prurito.

El kirchnerismo suele dañarse cuando habla. La Presidenta anunció la pesificación de un plazo fijo y ordenó a sus ministros seguir su ejemplo. Como el Gobierno suele transformar en compulsivo lo que comenzó siendo voluntario –recordar, si no, la invitación de 2008 a transferir aportes previsionales al sistema de reparto–, los ahorristas retiraron sus dólares de los bancos. ¿Sabrá la señora de Kirchner que esos dólares están allí para prefinanciar exportaciones? ¿Se habrá dado cuenta, entonces, de que por culpa de su arrebato nacionalista disminuirá el ingreso de divisas? Se lo debería hacer notar Hernán Lorenzino. Pero él ignora estas materias: la semana pasada preguntó a varios economistas si las grandes empresas operan en el mercado del blue. Le explicaron que no; y que para conseguir dólares en blanco recurren al contado con liquidación. Siempre se aprende algo nuevo.

Lorenzino reapareció con la Presidenta en Estados Unidos. También estuvieron Julio De Vido y Débora Giorgi. Son tres espectros. A los socios del Consejo les hubiera sido más útil conocer a Guillermo Moreno y Axel Kicillof, los inspiradores de las estrategias oficiales. Pero su jefa prefirió esconderlos.

Cristina Kirchner pronunció un monólogo destinado a maquillar ante extranjeros lo que sucede en el país. Susan Segal, su pragmática anfitriona, limitó las preguntas. Parecía Scoccimarro. Si no existiera Internet, habría sido un éxito. Pero esa herramienta informa a todos sobre todo y dificulta el camuflaje.

La Presidenta celebró ante los ejecutivos de grandes petroleras que Carlos Slim haya adquirido el 8,4% de YPF. El CEO de la empresa, Miguel Galuccio, también festejó esta reprivatización como un homenaje a los mercados financieros. A Kicillof le habrán sangrado los oídos.

Galuccio sabía de qué hablaba. Mientras la Presidenta almorzaba con eventuales inversores, la acción de YPF subía 20%. Un prodigio. Importa poco que el ingreso de Slim no sea una apuesta al futuro de la empresa. El mexicano convirtió en acciones la deuda que tenían con él los Eskenazi. Conviene saberlo para que, si un día se desprende de esa participación, no se lo interprete como una mala noticia.

Los intereses de Slim pasan hoy por las comunicaciones. El jueves pasado adquirió el 21% de Telekom Austria. También lanzó una oferta para quedarse con el 27,7% de la empresa holandesa de telefonía KPN. El hombre más rico del mundo reproduce en sus decisiones el mapa de la crisis: activos europeos muy debilitados y acciones devaluadas de YPF.

Sería un error, sin embargo, menospreciar el significado político de la presencia de Slim en la petrolera. El empresario tiene una gran penetración en el kirchnerismo, sobre todo por su vínculo con Juan Manuel Abal Medina, padre y homónimo del jefe de Gabinete. Hasta hace pocos días, José Luis Manzano y Gerardo Ferreyra (Electroingeniería) intentaban convencer al mexicano, a través de Abal Medina, para que adquiriera los activos que Clarín debería abandonar para cumplir con la nueva ley de medios. Slim es, además, socio de la Caixa de Catalunya, el accionista de Repsol en cuyo nombre Brufau comanda la compañía. Su incorporación a YPF podría significar un factor favorable a la negociación de esa empresa con Repsol.

En la reunión de Los Cabos participará, como invitado especial, Mariano Rajoy, el presidente del gobierno español. No está previsto que Cristina Kirchner se entreviste con él. "Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos", respondió, desdeñoso, un diplomático en Madrid. Tiene razón. La economía española ha sido objeto de un rescate que muchos analistas consideran insuficiente. Aun así, la cancillería de Rajoy está en busca de un pronunciamiento en defensa de la seguridad jurídica referido a la Argentina.

Los riesgos que afronta la Presidenta en esta cumbre son mayores por la naturaleza del G-20. La institución no tiene imperio sobre los países, como el Consejo de Seguridad de la ONU. Tampoco tiene fondos como para influir en las economías nacionales, como el Fondo. El G-20 es un club sin reglamentos, que no emite resoluciones y cuyas sesiones son públicas. Su capital, por lo tanto, es simbólico: de sus miembros se espera, en medio de la crisis, ejemplaridad en la conducta.

La Argentina es, en este aspecto, muy vulnerable. El Gobierno adultera las estadísticas, ignora los arbitrajes del Ciadi, se apropia de activos privados sin indemnizar a sus dueños, se resiste a la auditoría del Fondo y, cuando el mundo intenta evitar una guerra comercial, cierra las fronteras sin siquiera fijar las nuevas reglas por escrito.

Brasil es el único límite que reconoce hoy el kirchnerismo. Y es lógico: Dilma Rousseff, que es más intemperante que Cristina Kirchner, reaccionó con restricciones comerciales cada vez que Moreno introdujo una barrera. Mientras tanto, Rousseff y su colega uruguayo, José Mujica, protagonizan un idilio que modifica la geometría de poder del Mercosur. En sus frecuentes visitas al Planalto, Mujica se sirve de elogios a Brasil para criticar a la Argentina.

Es posible que la Presidenta y Rousseff hagan un aparte en Los Cabos para coordinar posiciones ante una entrevista crucial. La semana próxima, el primer ministro Wen Jiabao, la segunda autoridad de China, visitará Buenos Aires, camino a Río de Janeiro. En las dos ciudades insistirá con una propuesta que ya hizo por la vía diplomática a las cancillerías del Mercosur: un acuerdo de libre comercio entre ese bloque y su país.

El clima proteccionista que reina en el planeta aconsejará una respuesta negativa, sobre todo de los países más industrializados.

Aunque tampoco Mujica se entusiasma con los chinos. Cuando el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, le preguntó por ellos, él contestó: "Esos sí son bravos. En 15 años vamos a estar extrañando a los gringos". Así y todo, Cristina Kirchner deberá ser cuidadosa: necesita atraer a Jiabao para conseguir inversiones en YPF.

Las penurias a las que están sometidos los electorados de los países centrales hacen que los líderes pierdan la sutileza. Barack Obama conminó hace diez días a Angela Merkel para que tome decisiones más contundentes con una Europa que camina hacia el abismo. Es el mismo Obama al que el Partido Republicano pide la expulsión de la Argentina del G-20. No ocurrirá. Nadie quiere allí instalar un patíbulo. Es en defensa propia.

Aun así, sería prudente que Cristina Kirchner no bajara la guardia. Acostumbrada a levantar el dedo acusador por lo mal que las grandes potencias tramitan los problemas, esta vez corre el riesgo de convertirse en acusada.

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