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La fiesta de la novela negra

El Festival Azabache, que cada año reúne en Mar del Plata a escritores argentinos y extranjeros, convocó en su segunda edición a centenares de fans de la narrativa policial, y ya se prepara para 2013

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PARA LA NACION
Viernes 22 de junio de 2012
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El Festival Azabache de Mar del Plata recién termina y ya estamos soñando con el próximo. Pero me detengo en lo que acaba de ocurrir: durante cuatro días electrizantes, a pocas cuadras del mar, convivieron cincuenta y cuatro escritores argentinos y extranjeros que convocaron a más de quince mil personas en charlas, paneles, talleres, lecturas de textos y presentaciones de libros, y hay que contar las muestras de fotografía, los stands de libros para grandes y chicos, y decenas de actos diversos que comenzaban a media mañana y se prolongaban hasta casi la medianoche. "Es una hermosa furia literaria", me dijo el escritor francés Bernard Minier, mientras tomábamos un café bajo el sol de la tarde, poco antes de que él hablara sobre el género negro en su país.

El Festival Azabache es pionero en la Argentina y América Latina. Nació el año pasado con la ilusión de crear un espacio para la reflexión y la discusión alrededor de lo negro y policial en sus diversos modos de narración, sus formas de construcción y circulación, en la manera que representa realidades y crea ficciones, y en su relación con otras artes y disciplinas. Pero acá no hay dogmas de acero ni principios inalterables. El festival es una excusa para mirar la literatura como si fuera un territorio vasto y dinámico donde no hay fronteras que dividan ni límites que circunscriban. En una de las mesas redondas del año pasado se dijo que las clasificaciones o categorías literarias están agotadas y sólo sirven para la publicidad editorial y el marketing. Esta vez fueron muchos los autores que suscribieron esa hipótesis audaz. Así que en los asuntos de géneros literarios, al menos por lo expresado en Mar del Plata, habrá que barajar y dar de nuevo, y quizás haya que dejar el mazo bien guardado en el cajón.

Quiero destacar un aspecto esencial del festival: el pluralismo de los invitados. No es algo casual. Al momento de armar la grilla de los escritores, guionistas de televisión y cine, periodistas y cronistas que convocaríamos para el Azabache, nos comprometimos a poner en la balanza el talento, la originalidad y creatividad de los convocados, y dejamos de lado el peso de la estirpe ideológica y de la insignia política de cada uno. Consideramos que la diversidad de ideas y el respeto por la autonomía del pensamiento es en sí misma una fórmula clave para la convivencia. Y el festival busca crecer como un encuentro de intelectuales que predican con libertad sus ideas, sus convicciones, sus obsesiones y pasiones. Sin prejuicios, fanatismos ni discriminaciones. Por eso a Mar del Plata llegaron muchos escritores que habitualmente se miran de reojo y a veces ni se miran, o ni se hablan, o si se hablan se condenan, y que en este lugar, hechizados por la magia blanca de la literatura en estado puro y fresco, se lanzaron al ruedo común sin poner trabas ni condiciones. Todos comieron en la misma mesa y compartieron el mismo auditorio. El público, agradecido.

Mempo Giardinelli, Pablo De Santis, Mercedes Giuffré y Carlos Balmaceda
Mempo Giardinelli, Pablo De Santis, Mercedes Giuffré y Carlos Balmaceda. Foto: LYNETTE HOOFT

En el mismo sentido, el apoyo oficial que recibió el festival no tuvo, como contrapartida, la imposición de un sesgo ideológico para las actividades y tampoco para la selección de los invitados. Algo inteligente y loable en estos tiempos de tensiones, contradicciones y chispazos en el campo cultural y político. Los invitados percibieron ese clima y lo disfrutaron. ¿Y las miles de personas que convocó el Festival? También. Por eso los aplaudió ruidosamente, les sacó fotos, les pidió autógrafos y, en más de un caso, que volvieran el año próximo. Ojalá que sí. Y así.

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