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Transporte / Una llamativa licitación

La SUBE, desde una peluquería

Buenos Aires

La empresa británica encargada del control de la tarjeta fijó domicilio en el local de un estilista en Bicester

Por   | LA NACION

Global Infrastructure (GI), la empresa británica que controla la tarjeta SUBE , tras ganar una sugestiva licitación en la Secretaría de Transporte, no tiene oficinas en Buenos Aires y en la dirección de su supuesta casa matriz, en Inglaterra , funciona una peluquería.

Nadie sabe dónde trabajan sus empleados extranjeros ni a qué se dedican, pero si se sabe que cobran sueldo.

El dueño de GI, además, alterna su estada en la Argentina, pero su trabajo se paga como full-time . El Estado dejó la supervisión de la SUBE en manos de esta firma inglesa .

GI encabezó el consorcio integrado por ex asesores de Transporte que ganaron el concurso público para controlar el boleto electrónico, pese a que la consultora internacional PWC realizó una oferta $ 10 millones más económica por el mismo trabajo. La licitación quedó esta semana bajo la lupa de la Justicia, que investiga supuestas irregularidades en la asignación del contrato de $ 65 millones.

Actualmente, GI está a cargo del "liderazgo técnico" en la supervisión de la SUBE. A pesar de su importancia en el proyecto, la empresa inglesa no tiene oficinas en el país: en Tucumán 1, 4° piso -dirección señalada en su página web-, funciona un estudio de abogados que atendió la cuenta de la firma británica apenas desembarcó en el país, pero, según expresaron, ya no mantiene ningún vínculo. Ese todavía es su domicilio legal en la Argentina.

Stephen Chandler, dueño de GI, es el máximo responsable de las operaciones para controlar el funcionamiento del boleto electrónico. El consultor británico, que pronuncia pocas palabras en español, cobra 40.000 dólares mensuales; casi 2 millones de dólares por los cuatro años de contrato, según los documentos a los que accedió LA NACION.

Aunque su trabajo requiere ocupación full-time , Chandler alterna su estada entre la Argentina y Gran Bretaña, su lugar de residencia.

Durante tres semanas, este medio se acercó en reiteradas ocasiones hasta las oficinas de la supervisión de la SUBE, en el palacete estilo francés situado en Rivadavia 882, pero no encontró al consultor ni a los empleados extranjeros contratados por la Secretaría de Transporte. "Chandler no tiene un lugar fijo de trabajo", reconocieron allí.

Los traslados Buenos Aires -Londres también están contemplados. Según pudo saber LA NACION, entre "vuelos internacionales" y "viáticos", el Estado estipuló 72 viajes por casi 500.000 dólares.

El consultor no es el único que cobra en dólares. Los contratos de Marcela Ashley y Steve Beer, sus asistentes para controlar la SUBE, suman 650.000 dólares por un año de trabajo. Este medio intentó contactarse con los empleados, pero no pudo ubicarlos. La Secretaría de Transporte tampoco respondió las consultas por GI y sus empleados.

La empresa británica no existía cuando la licitación para supervisar el boleto electrónico ya había comenzado. La sociedad fue inscripta en el registro oficial de Inglaterra con domicilio en 78 York Street, de Londres, una dirección alquilada por 60 dólares mensuales que funciona como oficina virtual. Con esos mismos datos, la firma inglesa está registrada ante la Inspección General de Justicia de la Argentina.

Meses después de su inscripción, GI informó a Companies House, registro oficial británico, su cambio de domicilio a Bicester, una localidad inglesa de 29.000 habitantes. En el Fnky-Hair Salon, una peluquería del pueblo, nada conocen sobre la tarjeta SUBE ni sobre los problemas del transporte en la Argentina. Sin embargo, este local ocupa la fachada principal de la supuesta casa matriz.

En la peluquería, decorada en su ventana con banderas Unión Jack, no hay placa ni cartel que identifique al sitio como la sede de la firma que controla la SUBE. En los negocios de los alrededores nadie escuchó hablar de la empresa.

En el contrafrente del local funciona el estudio Baxter Payne & Haigh, una firma de contadores que Chandler registró como su domicilio profesional en distintas ocasiones. Ese es el único contacto británico de la firma que controla el boleto electrónico. Entre otros servicios, este estudio recibe y retransmite correspondencia. "Aquí no hay nadie que trabaje en la firma que usted menciona, pero si nos envía una carta dirigida a GI, nosotros nos encargaremos de hacérsela llegar", dijeron en Baxter Payne & Haigh ante la consulta de LA NACION.

Con la colaboración de Graciela Iglesias, desde Inglaterra

ACLARACIONES ONLINE

Tras un largo silencio, Global Infrastructure (GI) aseguró que el servicio de control de la SUBE que ofrece es "de clase mundial". La firma británica publicó ayer en su sitio web un puñado de afirmaciones que no despejan las incógnitas que genera la supervisión de la tarjeta electrónica.

La empresa sostiene que cuenta con oficinas en el país. "Tenemos oficinas en Buenos Aires con personal calificado para prestar un servicio de clase mundial", indican. Al pie, puede leerse "Tucumán 1, piso 4°" (ver aparte). También defiende el proceso de licitación que ganó el consorcio que integra con IRV SA, Iatasa y González Fischer y Asociados, aunque evita mencionar los vínculos personales y profesionales que sus socios locales tienen con los funcionarios de Transporte que recomendaron contratar su oferta, pese a superar a otra en $ 10 millones.

También evoca un supuesto "relanzamiento" para explicar la breve experiencia de la firma. Sin embargo, en el registro oficial inglés La Nacion comprobó que GI fue inscripta como una nueva sociedad. No se realizó ningún cambio de nombre ni se trata de una sociedad que retomó sus actividades..

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