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Desafío sindical al kirchnerismo / Impresiones de un día caliente

Muchos bombos y algunas cacerolas

Política

Hubo mayoría moyanista en la plaza, aunque se sumaron al reclamo voces atípicas para una marcha sindical

Por   | LA NACION

 
 

José, joven licenciado en administración de empresas, se acomodaba el saco azul y saboreaba su choripán en las escalinatas de la Catedral, mientras al lado de él una señora hacía sonar su cacerola. Frente a él, y pasando el puesto con el tentador aroma del chorizo, corrían de mano en mano la cerveza y el fernet, mientras militantes de la Corriente Clasista y Combativa y el MAS propalaban consignas contra la Presidenta.

"No hay mal que por bien no venga. Le agradezco a la Presidenta que nos haya unido por primera vez a todos los que estamos acá", dijo José a La Nacion con un leve temblor en la voz, tapada por el ruido de los bombos. Fue una postal de lo que ayer fue la Plaza de Mayo, un heterogéneo mosaico de organizaciones, dirigentes y -aunque en menor medida- gente sin identificación partidista que dejó de lado sus diferencias para acompañar a Hugo Moyano en su cruzada contra el Gobierno. Más allá de la abrumadora mayoría moyanista, la plaza exhibió casi sin incidentes el agua y el aceite en materia sindical y política.

"Moyano, querido"

Los camioneros y los gremios leales a Moyano fueron, por lejos, los principales protagonistas del acto. Llegados desde todo el país, los moyanistas se hicieron oír, y todas fueron frases en defensa de su jefe. "Vine a apoyar a Moyano porque me paga el sueldo", dijo Eric, chofer de Rosario, de 25 años. Más reflexivo, Diego Pérez, camionero de Comodoro Rivadavia, aclaraba: "Voté a la Presidenta, pero ahora está equivocada. Con los descuentos de Ganancias quedo hecho", se quejó. Al lado de él, un compañero pelilargo decía: "Si escribís a favor de los trabajadores, está todo bien con vos". Los carteles eran demostrativos. "Gracias compañeros Hugo y Pablo por recuperar la dignidad", decían los lácteos. "Con las cenizas de los traidores construiremos la patria", enarbolaban los trabajadores de Correo Privado. "¡Vamos, vamos, camioneros!", fue el cantito más escuchados, además del incesante sonar de redoblantes y bombos.

 
 

Néstor sí, Cristina no

El moyanismo se encargó de mostrar durante el acto las diferencias entre el fallecido Néstor Kirchner y la actual presidenta. Rodolfo, del gremio de recolección, ensalzaba al ex presidente subido a un camión de fantasía verde, sin dejar de hacer sonar su bocina. "¡Fue un pan de Dios! Nos dio mucho a los obreros. Pero esta señora nos saca nuestros salarios", se quejó. Su imagen podía verse en el frente del camión de utilería, al igual que en las banderas de la Juventud Sindical, de Facundo Moyano.

Cacerolas y opositores

 
Frente a la Catedral se ubicó un grupo de personas sin banderas ni consignas. Foto: LA NACION / Maxie Amena
 

Frente a la Catedral se ubicó un nutrido grupo de personas sin banderas ni consignas. La mayoría vestidos como para salir a cenar y varios con cacerolas en las manos. Mariela, docente de Caballito, contaba: "Soy docente jubilada y me descuentan el impuesto después de 45 años. Esto no da para más", decía.

"No estoy de acuerdo, yo quiero que Cristina termine su mandato", le contestó Sofía, empleada del Edificio Libertad. Con una sonrisa, aclaraba: "No comulgo mucho con Moyano, pero es el único que puede frenar a esta gente", abundó. Esas opiniones eran compartidas delante del Cabildo, donde abundaban camperas de estilo inglés y anteojos Ray Ban. Por ese sector pasó el ex carapintada Aldo Rico y recogió saludos afectuosos, al igual que el senador Nito Artaza, que llegó con la columna de la Organización de Trabajadores Radicales.

Unidos triunfaremos

Los temores de conflictos entre los gremios moyanistas y viejos adversarios quedaron en la nada. Al margen de la ausencia de los gastronómicos de Luis Barrionuevo, que no llegaron a la plaza, las agrupaciones de izquierda llegaron y se fueron en orden. La CCC (sin Juan Alderete), el MST, el PCR y el PTS fueron algunos de los grupos que, sin sintonía con Moyano, igual estuvieron.

Todo por algunos pesos

Muchos aprovecharon el acto para ganarse unos pesitos. Fabián, por ejemplo, llegó con su carrito desde Avellaneda a vender panchos a $ 8. "Me gustaría ser camionero, ¡si ganan 12 lucas!", se reía. Las hamburguesas se cobraban $ 10 y los choripanes, $ 15. "¿Ese precio para un trabajador? Me voy a McDonalds", dijo un hombre.

 
 

Discurso y después

La multitud siguió atenta el discurso de Moyano; a veces sin paciencia. "¡Anotá eso! Fue muy bueno", le dijo al cronista un joven de la Uatre cuando el líder de la CGT habló de nacionalizar el Banco Hipotecario. Al final, hubo elogios en la desconcentración. "Me gustó, dijo lo que tenía que decir", opinó Adelina, una señora que sostenía un cartel sugestivo: "Cristina, en tu diccionario no figura la palabra dialogar"..

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