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Hotel Fibonacci

Los Siete Dedos de la Mano sorprenden en una propuesta de cruce sobre el ser humano

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PARA LA NACION
Domingo 01 de julio de 2012
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De la compañia: Los Siete Dedos De La Mano / Intérpretes: Lucila Alves, Pablo Castro, Arwen Montes De Oca, Philippe Ribeiro, Genevieve Drolet, Patrick Leonard, Thomas Saulgrain, Claudel Doucet / Vestuario: Marcela Tazzioli, Ludmila Fincic / Escenografia: Azul Borenstein / Video contenidos: Ben Philippi, Ange Potier / Luces: Alberto Sagretti / Video técnica: Rogelio Adobati / Asistente de dirección: Kevin Bisonete / Dirección: Pablo Gershanik, Samuel Tetrealult / Sala: Centro Cultural San Martín (Samiento 1551) / Funciones: miércoles a sábados a las 20.30, domingos a las 19. Hasta el 8 de julio / Duración: 120 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Partiendo del espíritu con que el matemático italiano Leonardo de Pisa creó una secuencia numérica denominada Fibonacci, en el siglo XII, un equipo creativo conformado por artistas de la compañía canadiense Los Siete Dedos de la Mano y locales produce una experiencia espectacular de cruce entre diferentes disciplinas artísticas (el teatro, el circo, la danza, la música, el video, la plástica) a partir de la cual busca movilizar al espectador en torno a múltiples preguntas sobre la existencia humana.

Un hotel es el ámbito contendor de un grupo de hombres y mujeres que, desarrollando sus capacidades profesionales en el espacio escénico, irán completando un sentido si se quiere primario de esa experiencia. Primario porque el espectáculo necesita de un espectador muy abierto, dispuesto a dejarse modificar por todo lo que sucede. Lo más probable es que cada uno, de acuerdo a sus vivencias personales, encuentre en este proyecto un sin número de sensaciones que lo movilizarán a tantas reflexiones personales como esté dispuesto.

La secuencia numérica Fibonacci es un fuerte disparador para hablar del crecimiento del ser humano. Algo muy atractivo es que quienes van reflexionando sobre ese crecimiento son un grupo de niños que, desde una pantalla de video, van respondiendo a diversas preguntas. Esa ingenuidad que transmiten, que la mayoría de las veces redunda en sorpresa, inquietud o risa, se va entrelazando con números de circo, con danza; son acompañados por un grupo de músicos y una cantante, que a su vez ayudan a construir un mundo fantástico, de manera muy poética.

En el final, no serán los niños quienes respondan a las preguntas que llegan desde el video, sino un grupo de hombres y mujeres mayores. Sin lugar a duda puede afirmarse que ese recorrido por la vida que estos creadores proponen es muy elocuente. Entre unas personas (las de la imagen) y otras (los artistas) queda muy claro que esta vida se transita con inseguridades, miedo, sorpresa, actitud, riesgo, mucha precisión y amor. Y, algo más, el campo infantil parecería no desprenderse nunca de nuestras vidas, afortunadamente. Es cierto, parece algo obvio. Pero quien asista a Hotel Fibonacci descubrirá que esa obviedad impone un fuerte compromiso.

Aunque el espectáculo expone ciertas deficiencias en su dramaturgia y puede resultar un tanto extenso, esto no desdibuja su procedimiento y mucho menos su concepto. La dirección de arte es magnífica y sus intérpretes demuestran unas performances sumamente calificadas. Exquisitos artistas, combinan a la perfección un sensible mundo interior con una destreza corporal de estilos muy depurados.

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