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Pompeya: una historia violenta

La directora Tamae Garateguy anticipa cómo hizo un film "de mafias" en la geografía porteña

Miércoles 04 de julio de 2012
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LA NACION
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Pasó casi un año desde que Pompeya, ópera prima en solitario de Tamae Garateguy, se convirtió en uno de los títulos más comentados de la amplia demostración de la actualidad del cine argentino presentada en el Festival de Toronto, uno de los más convocantes del mundo.

Los programadores de la sección City to City de la prestigiosa muestra canadiense –que en 2011 estuvo íntegramente dedicada a Buenos Aires– tuvieron en cuenta el inconfundible acento porteño que recorre esta producción, que parte de una geografía reconocible ubicada en los márgenes de la ciudad para ir al encuentro de una trama que de lo particular viaja hacia temas universales. Su directora lo afirma sin vueltas: "Pompeya es una película de género, que se apoya en arquetipos muy reconocidos ligados al cine violento, a los relatos de mafia, pero narrada desde un lugar que todos reconocemos".

A Garateguy, que contagia entusiasmo desde su look urbano y una sangre de mezclas fascinantes –fruto de la fusión entre ancestros japoneses y vascos–, no le gusta identificarse en la víspera del estreno local de Pompeya con la ansiedad típica de quienes están a punto de presentar su primera película. Ya vivió esa experiencia en 2007 con Upa! Una película argentina, que codirigió con Camila Toker y Santiago Giralt y con la que ganó ese año el premio a la mejor película de la competencia argentina del Bafici.

Tres años después, Pompeya se presentó en sociedad en el Festival de Mar del Plata y allí quedó consagrada como mejor película nacional. Dos de sus actores (Chang Sung Kim y José Luciano González) fueron reconocidos como mejor actor y revelación, respectivamente. Y lo que en verdad se inició desde ese momento fue ese camino inconfundible que caracteriza a los films que adquieren aun antes de su estreno la condición de títulos "de culto". Sobre todo porque se anima a recorrer espacios (violencia extrema y desatada, personajes que se mueven al límite) que no suelen ser muy frecuentados por el cine argentino. "Upa! se asomaba a un mundo específico, el que se mueve entre las bambalinas del cine independiente argentino. Pompeya, en cambio, resulta más abarcativa. Me gusta dialogar a través de esta película con ciertos arquetipos del cine y encontrarme en esa dinámica con géneros, literaturas, identidades, personajes", explica Garateguy a LA NACION.

La realizadora no se siente sola en esta búsqueda arriesgada y casi temeraria, que encara con la desenvoltura de quien sabe el terreno que pisa y conoce al detalle sus códigos. Reconoce como pares a colegas como Nicanor Loreti (Diablo) y Eduardo Pinto (Caño dorado), representantes actuales de una temática y un estilo que tienen al mismo tiempo como pionero reconocido a Fernando Spiner (Bajamar, Aballay).

Pero al mismo tiempo reconoce que puede verse como más llamativo y curioso el hecho de que una mujer se identifique con un género que no se acompleja con la violencia explícita. "Es que soy una atrevida –admite con una sonrisa casi ingenua, pero muy convencida–. Me interesa mucho seguir mis inquietudes y mis gustos. Y por eso quise ir a fondo y lograr la mayor verosimilitud posible en lo que cuento. Hago un cine que busca el impacto fuerte y directo en la gente."

Pompeya tiene al barrio homónimo y sus alrededores (como el barrio precario que se levanta a la vera del Riachuelo) como escenario principal para una historia en la que una guerra –primero sorda, luego violenta– estalla entre dos mafias enquistadas en el barrio. En el medio aparece una suerte de antihéroe, un extraño y oscuro personaje llamado Dylan que queda atrapado entre ambos fuegos y, a la vez, en medio de una historia que habla de cine dentro de una película. Un elenco de nombres poco conocidos integra el elenco, a excepción de Chang Sung Kim, el actor oriental que tiene hoy un papel muy visible en Graduados. El resto (José Luciano González, Joel y Cristian Drut, Miguel Forza de Paul, Federico Lanfranchi, Lorena Damonte) proviene de espacios de espíritu tan independiente (más allá de su solidez formal) como esta producción.

No es casual que Garateguy y su productora Jimena Monteoliva hayan llevado adelante este proyecto a través de una productora llamada Crudo Films. "Nos identificamos con un estilo de cine asiático que tiene como referentes a Takeshi Kitano y a su película Violent Cop. Nos gusta ese cine de mafias y gángsteres minimalista y potente a la vez y creemos que hay un público juvenil muy abierto y dispuesto a este tipo de propuestas", dice con entusiasmo la directora. Pero también hace un paréntesis y una advertencia: "Tal vez la gente más grande y las mujeres se sientan un poco incómodas. Hay mucha violencia y a algunos les puede resultar chocante".

Lo que más disfruta Garateguy es zambullirse en un género que tiene reglas estrictas, pero a la vez abre espacios de mucha libertad creativa. "Y también me encanta comprobar –agrega– que como este tipo de cine suele ser hecho por los hombres también puede haber mujeres dispuestas a hacerlo todavía mejor."

El estreno de Pompeya (que tendrá desde mañana funciones diarias en el Gaumont y también podrá verse los viernes y sábados, a las 20, en el Malba) coincide con el final del rodaje del nuevo film de Garateguy, otro thriller que promete violencia desbordante, pero en este caso aderezada con fuertes dosis de erotismo. "Se llama Mujer Lobo y es la historia de una asesina serial que seduce hombres en el subte hasta que se topa con un policía. Decidimos filmarla, en parte, en blanco y negro", concluye Garateguy, feliz por el momento que a su juicio vive el cine argentino: "Pasan cosas muy buenas. Hay cine comercial, cine de género, óperas primas muy jugadas, el Oscar de Campanella... Mucho para entretenerse y también para discutir".

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