Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Buenos Aires, ¿ciudad skater?

Las calles de la Ciudad siguen siendo un terreno muy peligroso

PARA LA NACION
SEGUIR
Maximiliano Tomas
Jueves 05 de julio de 2012 • 02:32

Cualquiera que haya viajado en la última década a Barcelona sabrá que se trata de una de las capitales mundiales del skate. Durante el día e incluso la noche, la explanada del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) es uno de los territorios skaters por excelencia: los pisos lisos y las rampas de acceso al lugar se convirtieron en un parque de prácticas involuntario, generado por el uso que los jóvenes hicieron de él. Pero a fines de 2005, el gobierno de la Generalitat aprobó la Ordenanza de Civismo y Convivencia que, entre otras disposiciones, incluyó la de sancionar con multas que van de los 750 a los 1500 euros la práctica del skateboarding en los espacios públicos. Para el escritor Marc Caellas, autor del ensayo Carcelona, esa fue apenas la manifestación más transparente de la "dictadura del civismo" catalana: "Que sean rebeldes, si quieren, pero en su casa, porque cuando lo son en la calle la ensucian. Protesten, si no tienen nada mejor que hacer, pero que no tiren papeles al suelo. En la Carcelona del diseño y de los escaparates, la imagen es lo relevante". Así y todo, la puja entre las leyes municipales y la apropiación del espacio por los ciudadanos no es algo que se resuelva tan fácilmente. El MACBA sigue llenándose de skaters que le dan a esa zona del barrio del Raval una fisonomía única. Y cada vez que en la explanada irrumpe un móvil de la Guardia Urbana, los skaters se sientan sobre sus tablas y se ponen a charlar distraídamente: como no están patinando, no pueden ser sancionados.

"La puja entre las leyes municipales y la apropiación del espacio por los ciudadanos no es algo que se resuelva tan fácilmente"
Compartilo

En Buenos Aires, la cultura skater tuvo su primer auge a mediados de la década del 80. Después sufrió una retracción hasta que, al igual que en las grandes capitales del mundo occidental, experimentó un fuerte resurgimiento con el nuevo siglo. La cultura skater (la práctica en sí, pero también la conformación de sus propios códigos estéticos como tribu urbana: la vestimenta, su música) es una manifestación global y transgeneracional (no es extraño ver a padres de entre treinta y cuarenta años patinando junto a sus hijos), y se calcula que hay en la actualidad unas 40 millones de personas que practican skate en todo el mundo.

Aun los más furibundos detractores de la gestión de Mauricio Macri en la Ciudad saben que hay temas en los que al ex presidente de Boca se hace difícil de atacar: el diseño de una red y la construcción de bicisendas, el impulso de una política en materia de reciclaje de residuos y, últimamente, el desarrollo de nuevos centros culturales y de práctica de deportes alternativos. Ahora acaba de anunciarse que a los skateparks inaugurados en Barracas y Belgrano se sumará la construcción del primer Parque de Deportes Extremos de la Ciudad, en la Costanera Norte. Pensado para la práctica de skate, longboard, mountain bike y roller, será un espacio de 7,5 hectáreas ubicado donde se encontraba la discoteca Pacha (¿de la cultura clubber a la cultura skater?), y podría estar listo a mediados de 2013. Tan sólo el skatepark contaría con un espacio de 2500 metros cuadrados. Hasta aquí las buenas intenciones de un gobierno que, a pesar de sus errores y torpezas, parece tener un oído atento a las culturas juveniles y las necesidades planteadas por las nuevas costumbres sociales.

"Las calles de la Ciudad siguen siendo un terreno muy peligroso para los corredores, los peatones y las personas que se desplazan en bicicleta o skate"
Compartilo

En Buenos Aires (siempre un poco atrasada pero a tono con las tendencias de las grandes metrópolis) se advierte cada vez más la utilización de bicicletas como medio alternativo de transporte, la difusión del running como actividad que une el deporte y la salud e incluso el despertar de una incipiente conciencia ecológica. Pero así como el reciclaje de residuos es algo practicado por una minoría de la población (a pesar de que existan cada vez más organizaciones que se dedican a facilitar su adopción), las calles de la Ciudad siguen siendo un terreno muy peligroso para los corredores, los peatones y las personas que se desplazan en bicicleta o skate. La inauguración de espacios específicos no deja de ser una buena noticia, pero es sólo una parte del trabajo. No se trata de llegar a imponer una política del civismo a la catalana, lo que sería tan indeseable como imposible (al fin y al cabo, esto es América latina amigos). Pero mientras los automovilistas sigan comportándose como homicidas, el transporte público sea fuente de todo tipo de infracciones y contaminación, y los policías de a pie estén más interesados en mandar mensajes de texto que en ordenar el tránsito (mientras no se fomente un profundo cambio de hábitos social) los deseos de una convivencia más humana seguirán siendo eso, apenas deseos.

Te puede interesar