Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Carla Peterson: la vida en tono de comedia

La actriz le pone un paréntesis al vértigo profesional y apuesta al amor. Próxima a instalarse en Nueva York con su novio, Martín Lousteau, juega al ama de casa desesperada mientras cuenta cómo sobrevivir a la exposición mediática

Domingo 08 de julio de 2012
SEGUIR
PARA LA NACION
0

Podría decirse que Carla Peterson (38) goza del equilibrio perfecto entre glam y realidad. Chica de subte –no todos los días, pero a menudo se la puede cruzar en la estación Plaza Italia, la más próxima a su casa– y asidua clienta de supermercados chinos o de los grandes, según la ocasión, se toma la vida muy en serio y los problemas con soda. "Bueno, a veces con aperol…", desliza con abrumadora simpatía una de las actrices más reconocidas de la generación de los treinta y pico (Lalola, Los Exitosos Pells, Algo para recordar, en TV; cine, premios y demás), ahora chica mimada de Suar, con flamante película a estrenar y unitario que en días comienzan a grabar.

Pero volvamos al aperol y al esforzado ejercicio de no otorgarle más peso a las cosas que no lo valen. "A ver… Hablo de tomarse la vida con Spritz (esto significa un poco del aperitivo naranja más Prosecco y soda), mi trago favorito, que descubrí en mi último viaje a Padova, Italia. Igual, esto no sucede todo el tiempo, sino cuando estoy entre amigos. Pero dos son suficientes para, digamos… inspirarme. Yo creo mucho en los rituales, esas costumbres reiteradas que ayudan a organizar la vida. Siempre me funcionó el tema de ordenarme. Para estudiar soy disciplinada, por ejemplo. Me siento derechita en la silla, prendo las luces. No puedo meterme en la cama ni tirarme en un sillón. Soy rigurosa hasta aprender y después le doy rienda suelta a la libertad y la inventiva. Pero para otras cosas que sé no puedo cambiar, la verdad es que me relajo. Aunque eso no me ha librado de dolores de panza memorables, fruto de situaciones injustas, en las que una se ve obligada a utilizar la diplomacia cuando… En fin", comenta reflexiva, pausada, con silencios cómplices que dan a entender de qué va la charla.

–El arte de saber manejarte cuando estás muy expuesta, ¿a eso te referís?

–Y sí. Uno siempre está tentado entre actuar con diplomacia o mandar al diablo a todos. Y puedo asegurarte que cuesta mucho. Es como cuando te roban: la verdad es que nunca sabés cómo vas a reaccionar. A partir del año pasado tuve que aprender a manejarme con estos temas y comprendí que comenzó una nueva etapa. Antes me hacían las notas porque era la rubia dorada a la que le iba bien, que ganaba premios, la comediante divertida. Punto. Ahora es eso, pero también algunos otros condimentos. ¡Qué voy a hacer!

Alma latina. Entre harina y pasta pronta, la actriz reivindica sus raíces
Alma latina. Entre harina y pasta pronta, la actriz reivindica sus raíces. Foto: Martín Lucesole

Los condimentos –en realidad, el condimento– es su noviazgo con el economista Martín Lousteau, ex ministro de Economía de la Nación. Ya va un año de amor y algo más desde el escándalo mediático que él protagonizó con Juana Viale, un episodio sobre el que, por una cuestión de buen gusto, no volveremos aquí. Lo destacable, en realidad, es que Peterson está enamorada. Y que se va con él a Nueva York. Cuatro meses.

"Me gustó la idea de acompañarlo, de animarme a parar un rato. Lo seleccionaron entre muchísimos profesionales para una beca en la Universidad de Yale. Me lo propuso y pensé que podía estar bueno. Descansaré un poco del make-up y aprovecharé para estudiar arte dramático, canto. Podré hacer las compras y, por qué no, tomarme más en serio la cocina. Es un tema que me encanta y que en algún momento voy a perfeccionar. Soy muy tana. Mi mamá es siciliana, mi hermana vive en Roma y yo la visito todo el tiempo. Escucho Ornella Vanoni, Mina y Nina Zilly. Idolatro a Fellini y, más de una vez, sueño con aceitunas negras amargas o la ricota salada que hacía mi nonno", confiesa su italianidad, pomodoro en mano, divertida e incansable en la sesión de fotos para LNR.

–Si tuvieras que mencionar los ingredientes de tu estado de ánimo actual, ¿cuáles serían?

–Una porción importante de alegría, sin duda. Bastante satisfacción y considerables pizcas de inquietud, asombro. Todo sobre una base de comedia. A veces me asusto de esto; realmente soy un espanto. Ver todo con ojos de comedia es un ejercicio natural, que me sale. Observo, observo, observo. Me quedo mirando alrededor como un juego. Y descubro cosas que superan mi inventiva. Por eso me encanta vincularme con la gente.

–¿Y qué recibís generalmente?

–Buena onda, seguro. Y a veces nada. A mí no me dicen nada en la calle, puedo hacer mi vida lo más tranquila. Nunca fui fóbica ni me gusta esa palabra. Obviamente cuando estaba haciendo programas diarios que además eran muy vistos, la gente se enganchaba más, te seguía el chiste que habías hecho la noche anterior y esas cosas. Pero siempre lo manejé bien. No es lo que más me gusta ir a lugares donde todos somos supuestamente famosos. La vida mezclada es más linda. Además, tenés muchas menos posibilidades de que te enrosquen o adjudiquen algún lío.

–¿Se aprende a surfear rumores?

¿Susanita? Me gustó la idea de acompañarlo, dice, respecto de Lousteau
¿Susanita? Me gustó la idea de acompañarlo, dice, respecto de Lousteau. Foto: Martín Lucesole

–Mirá, inventaron mil pavadas. Hace poco hubo un encuentro [entre ella y Lousteau, con Viale y su marido] que no viene al caso, y punto. Pero yo digo…, ¿acaso los cruces peligrosos no pasan en todos los ámbitos? La vida es un encuentro constante y no siempre te cruzás con quien, precisamente, tenés ganas de ver. Pasan cosas peores, pero no todo se sabe. ¡La vida es un pañuelo y esto es un pueblo! Desdramaticemos que hay cosas importantes para preocuparse.

–¿Por qué tardaste tanto en hablar sobre este tema?

–Porque no daba, qué sé yo. Odio la provocación y la polémica. Traté de manejarme como pude y creo que lo mejor es ser sincera. Acá no hay nada tan complicado. Simplemente conocí a una buenísima persona que pasó por una situación de mucha exposición. No puedo hacerme la tonta y decir que en su momento su tema no me asombró. Yo sabía de él lo que sabíamos todos. Obviamente me cuestioné ochenta mil veces verlo o no verlo. Le decía que sí, después me volvía atrás. Hasta que le puse una ficha y bueno, me encontré con una persona valiosa, a quien quiero mucho.

–¿Hablan de economía?

–En estos tiempos mejor no hacerlo porque es tan complicado. Pero, en serio, me encanta escucharlo porque tiene una claridad bárbara. Es más, acepté verlo después de escucharlo en un programa político, creo que el de Longobardi. Fue tan concreto, explica tan bien las cosas. Viene de familia de docentes, por eso se hace entender. ¡Qué delirio todo lo que estoy contando! No tiene nada que ver, ¿no?

–Lo importante es que ya no te duela la panza por los disgustos mediáticos...

–El tiempo acomoda las cosas. Yo entiendo que desde que el mundo es mundo a mucha gente le encantan los escándalos y hay un periodismo que vive de eso. No he tenido grandes problemas, porque siempre lo tuve claro y prefiero contestar una payasada o un delirio, siempre con sonrisita, antes que enojarme y hacer papelones. Y la verdad es que me han preguntado las cosas más bizarras que se puedan imaginar. No todos pueden manejarlo. Incluso yo me angustio un poco, hasta que me doy cuenta de que no vale la pena, que no es tan importante. Peor es sacarte y después tener que estar pidiendo disculpas. Como si fuera poco, ahora se sumó Twitter, así que uno debe cuidarse acá, allá. Es un lío. Debería haber reglas.

–¿Reglas?

–Y sí. Ahora está de moda hablar de códigos. Cosas que supuestamente los actores debemos hacer porque tal cosa, la otra. Si uno se enoja es porque corrompe esto, aquello. Entonces, digo, pongan las reglas, imprímanlo y repartan. Un boletín bien clarito, explicando cómo tratar con los paparazzi, cuándo y cómo putear en caso de acoso. Porque obviamente todo cambia si la puteada es en vivo o por Twitter. ¡Qué cosa lo del Twitter! Me divierte.

Foto: Martín Lucesole

–Tenés más de 100 mil seguidores.

–Sí, me gusta. Soy bastante cibernética, una pionera en Internet. Es que tuve un cuñado que era un genio en todo eso. Me acuerdo que un día me dijo sobre tener mi propia página Web: "Hacelo, es como tener un cartel en el espacio; todo el mundo podrá verte". Después me armó el mail. Yo estaba fascinada, pero la verdad es que no me divertía tanto porque en esa época nadie tenía, así que siempre me escribía con los mismos.

–Eras un ángel en Algo para recordar. ¿Alguna vez te sentiste de otro mundo?

(Risas) –Y, sí, me pasa a menudo... No, no. Bromeo. Si te referís a sentirme una elegida y esas cosas, la verdad es que no. Siempre agradezco al lugar en que nací, porque creo que logré muchas cosas gracias a la educación, la gente que me rodeó y me formó. Creo en los tiempos, el estudio, la dedicación. Obviamente hay un montón de otras cosas que llegan de premio, y bueno, se agradece. A lo mejor éramos un montón en algo, todas buenas, y quedé yo. Que te llegue aquello que justo deseabas tanto es fabuloso, a veces inexplicable.

–Entonces...

–Pienso que lo que te pasa a vos era para vos. Eso.

–¿Destino?

–Puede ser. Igual es raro decir eso. Pero qué sé yo… Siento desde hace un tiempo que las cosas se van dando solas, que no hay que empujar tanto. Por eso paré con el tema de la autoexigencia. Me parece que sólo tus decisiones te llevan al lugar justo. Y ahí es cuando vuelvo al tema del orden. No hay que olvidar que esto no es una misión, sino una vocación que, en mi caso, siempre estuvo muy presente. Toda la vida supe lo que quería. Desde chica canto, bailo. Después descubrí el teatro. Ahora hay como una cosa vintage en mi vida. Me divierte volver a ser alumna. Estoy tomando clases de baile y cuando me instale en Estados Unidos voy a darme todos los gustos. ¡Y como anónima! Me encanta poder vivirlo.

–¿Surgieron dudas a último momento?

–No, para nada. Está súper organizado. Y tengo muchas ganas. Aclaro que mi familia está contenta. Salieron algunas pavadas diciendo que no querían que me vaya, que se oponían, cual Romeo y Julieta. Creo que también dijeron que me iba a vivir allá. Qué loco, las cosas que inventan. Antes de Navidad estaré de vuelta. Y también aclaro que no me voy a estudiar allá porque crea que es mejor. Pienso que acá están los mejores profesores de teatro del mundo y me encanta. Pero bueno, se dio. Creo que si engancho algún curso de cocina también lo haré.

–Recibirlo a Martín con la pasta pronta...

–¡O la peperonata! Lo primero que voy a hacer será buscar buenos productos en el súper. Acá ya resulta medio denso pagar sesenta pesos un paquete de carnaroli italiano.

–La pregunta obligada es la Argentina de hoy. Algunos actores opinan, otros se comprometen, muchos se abstienen.

–Sólo digo que me encanta ser argentina. Obviamente a veces muchas cosas me dan pena y me entristece que no podamos estar tranquilos. Veo que hay gente muy entusiasmada con este proyecto y mucha que no lo soporta. Yo creo que lo importante es que no haya conflictos, y menos entre nosotros, los ciudadanos. Uno ve lo del cacerolazo y piensa… ah, está bueno que la gente lo exprese si lo siente. Sobre todo que se pueda hacer. Pero después también pienso, ¿habría que haberlo hecho antes, cuando pasó lo del tren? ¿Está bien que se haga por un tema de plata? No sé. Son preguntas en el aire. Por eso prefiero no opinar. No creo que los actores tengan que ponerse en el lugar de opinólogos. Todos tenemos nuestro pensamiento, pero no sé si es necesario exponerlo. Hay que sacarle la lupa al actor. ¿Por qué hacernos creer que somos tan importantes?

–¿Cómo salís del enojo?

–Fácil, haciendo deporte. Entreno, corro, hago crossfit; esas cosas. Es lo único que limpia la cabeza. Yo no me enganché con el tema de las energías o el kabbalah. Recuerdo que una vez, un profesor de teatro dijo: ¡odio la palabra energía! Y me quedó. Yo prefiero hablar de ganas.

-¿Sos optimista?

-Creo que sí. Soy alegre y agradecida. Lo hago todos los días, lo repito interiormente. Cada cosa que que me da placer la agradezco. Digo ¡qué bueno, qué lindo hacer esto!. Soy disfrutadora. Creo en Dios y me gusta rezar. Sola, con mis tiempos y a mi manera.

–¿Y hoy qué es lo que más agradecés?

–La paz de esta época de mi vida. Estoy muy contenta.

EN DOS LADOS A LA VEZ

Pantalla grande. Con Suar en Dos más dos, film que se verá en agosto
Pantalla grande. Con Suar en Dos más dos, film que se verá en agosto.

Mientras Carla Peterson esté instalada en Yale, acá se la seguirá viendo desplegar sus dotes de comediante. A mediados de agosto se estrenará en los cines Dos más dos, que protagoniza junto con Adrián Suar, Julieta Díaz, Juan Minujín y Alfredo Casero. Y también calentará la pantalla del Trece con un unitario muy particular, Tiempos compulsivos, que escribe Javier Daulte y dirige Daniel Barone. "Las dos cosas son buenísimas. La película dará qué hablar porque genera polémica. Trata sobre las fantasías dormidas y el tema de los swingers, pero desde un lado muy real, divertido y bien contado. Y el unitario también me entusiasmó, porque siempre quise trabajar con Daulte y Barone. Además, es muy actual: somos un grupo de compulsivos y mi personaje es bárbaro. Pero no puedo contar más."

LA ITALIANIDAD

Su madre llegó desde Sicilia a los doce años y ella se siente italianísima, hasta la médula, aunque falla a la hora del enojo. "A lo mejor lo hago más al estilo de los Peterson. Pero la verdad es que no me desbordo tanto. Me salta la italianidad cuando me encuentro con un tano, cuando escucho música y cuando como. Al pueblo de mi mamá, Petineo, lo conocí de una manera casi cinematográfica. Fue un viaje junto a ella y mi madrina, Graciela. Lo genial es que la pasamos a buscar a mi hermana por Roma y nos fuimos las cuatro en auto, cantando y divirtiéndonos como locas. Atravesamos la Toscana, hicimos la Costa Amalfitana. Y después, llegar a Sicilia en primavera... Reconocí la tierra, los sabores. Me sentí muy feliz."

LA TV, LOS AMIGOS Y UNA CONFESION

"En la tele hay mucho para ver. ¡Cuánta tele! Pero la realidad, debo confesarlo, es que termino durmiéndome. Mi novio aguanta más. Generalmente ponemos películas (ambos somos fanáticos del cine), pero yo tengo un dormir fácil, producto de mi hiperactividad. Bueno, no sé si esa es la palabra, pero soy, digamos…, movediza", confiesa Peterson. Igual señala que ha visto y le gusta mucho En Terapia que tuvo una conocida versión en Estados Unidos (In Treatment). "También suelo ver Graduados. En general, miro a mis amigos. Disfruto cuando les va bien."

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas