Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Es cuestión de no aferrarse

Frente a la mirada occidental, que busca la felicidad como una meta, el budismo práctico se presenta como una solución para llevarse bien con el cambio con permanente alegría en el presente

Martes 10 de julio de 2012
SEGUIR
PARA LA NACION
0

El budismo puede aplicarse sobre la vida cotidiana occidental. Nosotros como cultura y como historia tenemos una visión muy distinta de la oriental. Pero el budismo práctico trasciende las diferencias y brinda herramientas prácticas que permiten una nueva visión de la realidad y acercarse a algo tan escurridizo como la felicidad", reflexiona la licenciada en Ciencias de la Educación Cintia Vanesa Dias.

La felicidad como consecuencia. "Con respecto a la felicidad, lo que diferencia al occidental del oriental básicamente es la forma de acceso. El occidental persigue la felicidad como si fuera una meta, algo escurridizo que siempre está lejos. De esta forma vive pensando que siempre le falta algo. El oriental, en cambio, cree quepara poder tener la felicidad uno tiene que ir a buscarla, hacer cosas. La felicidad es un efecto, una consecuencia", sigue Dias.

Principios fundamentales. El budismo parte de la observación de la naturaleza y pronto comprende que como somos parte de la naturaleza, para ser felices debemos estar en armonía con ella. Descubre que hay tres grandes principios fundamentales para sentir esa felicidad en el aquí y en el ahora.

Cambio permanente. "En primer lugar, en la naturaleza no hay nada permanente. Hay cambios constantes en el vuelo de los pájaros, en su canto, en el tiempo, en el color de las hojas, etcétera. En nuestra vida cotidiana observamos esta impermanencia cuando pasamos por una calle y vemos que hay un pozo nuevo, u observamos que hay un negocio nuevo y que otro cerró. Además, en esa impermanencia existen ciclos: por ejemplo, tal árbol que está frente a mi casa ahora esta totalmente pelado, pero dentro de unos meses va a estar cubierto de hojas. Esas hojas no van a ser las mismas de antes, serán distintas. Por todas partes la naturaleza nos deja pistas, marcas de un constante flujo y reflujo. Como decía el filósofo Heráclito: Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. El primer principio es que no existe nada permanente y la única constante es el cambio, lo que lleva a liberarse y a no vivir aferrado a las cosas."

Todo es dependiente de todo. En Oriente se cree que no existe nada independiente en la naturaleza y este es uno de los conceptos que más les cuesta aceptar a los occidentales, preocupados por su individualidad. En nuestra vida cotidiana somos dependientes de millones de cosas. Todos dependemos de algo, absolutamente todo es dependiente de todo. Y esto nos crea una gran responsabilidad, porque de pronto comprendemos que muchas personas dependen de nosotros, de nuestras actitudes, de nuestra manera de ser. Otra cosa que uno debe tener en cuenta es que todo es un efecto, el producto de una causa. Allí aparece el tema de la responsabilidad.

Aplicar el budismo en el presente. "Otro principio importante en la aplicación del budismo en nuestra vida cotidiana es la necesidad de estar centrados en el presente. La actitud occidental suele ser totalmente contraria: siempre estamos mascullando por lo que pasó o preocupados por lo que va a pasar, e ignoramos el presente. Sin embargo, el presente es lo único real, lo otro son formas de fuga que llevan a la frustración. Cuando nos queremos dar cuenta ese presente se transformó en un pasado."

LECTURAS

Lo que el Buda enseñó (Rahula Walpola). La civilización empática (Jeremy Rifkin). Adiestrar la mente (Dalai Lama).

PELICULAS

Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera (Kim Ki-duk). Vidas cruzadas (Tate Taylor).

PERFIL

Cintia Vanesa Dias es licenciada en Ciencias de la Educación. Es directora de Plenitud, un centro de educación emocional con orientación teosófica, desde 1988 ( www.plenitud.com.ar ). Creó TuRemanso, un sitio Web de educación, filosofía y cultura (www.turemanso. com.ar). Actualmente elabora estrategias para emprendedores a través del proyecto Efecto Bling! y dicta el curso online Budismo práctico, a través de www.cursosplenitud.com

INOCENCIA

Abandonar por instantes los supuestos, los preconceptos, lo obvio, los hábitos y tratar de admirar con frescura lo que rodea a uno. Mirar como si fuera la primera vez: las situaciones, las personas, sus reacciones, sus potencialidades.

No tener una respuesta de antemano, dejar que las cosas se presenten y se desarrollen, y recién allí reaccionar. Muchas veces al anticiparse a las situaciones uno las frena, las modifica o las empeora.

Como occidentales uno tiene la costumbre cultural de anticiparse, de intelectualizar los estados y las situaciones. También, la tendencia a acumular cosas, pensamientos, emociones y recuerdos. Pero si por un momento, aunque sea pequeño, uno logra tomar conciencia de la diferencia entre la realidad tal cual se presenta y la realidad que uno construye con anticipación, entonces se notará que la primera opción simplifica la vida. Dejar que la vida lo sorprenda a uno, devolverle la frescura de la infancia con la riqueza de la experiencia adulta. Vivir el presente a plenitud es cosechar felicidad.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas