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¿Legalizar la marihuana y prohibir las drogas?

Opinión

Para aportar algo útil a este tema de la despenalización, comencemos por decir aquello que cada uno ha vivido.

Cuando yo tuve 20 años, en la década del 60, se produjo un gran movimiento juvenil mundial. Una parte tuvo que ver con el pacifismo, otra con el espíritu hippie, otra con una nueva concepción musical iniciada por los Beatles, la liberación de los sentidos y el propio cuerpo humano, empezando por el pelo, etc. En aquel entonces, como millones de jóvenes en todo el mundo, yo fumé marihuana. No una vez, sino cientos de veces, a lo largo de tres o cuatro años. Si estaba prohibido, no se notaba, y ahora se nota menos. Nosotros fumábamos en nuestras casas o en lugares "propios" como un recital de rock o una playa solitaria. Siempre en grupo, porque en eso consistía el chiste, hasta que me aburrió. Y lo dejé. Nunca pagué un centavo por aquella "hierba", que pasaba de mano en mano. Nunca experimenté nada parecido a la adicción.

Los efectos son agradables. Una tentación de risa incontenible, una comprensión inmediata de los detalles que nos rodean, la profunda captación de los sentidos: el olor, el sabor, la caricia, el tacto, la sensualidad, la percepción de los distintos elementos de percusión, cuerdas y vientos que integran un sonido musical. En fin, todo eso que se identifica con un chico/a "fumado/a", con los ojos entrecerrados, hablando bajito, caminando descalzo, desplazándose lentamente por la vida.

No es el estado normal de una persona que trabaja, con la adrenalina a tope, alerta, concentrado, socialmente presentable. Pero tampoco es una droga: en mi modesta experiencia, no causa daño y no genera adicción.

En aquel entonces, como millones de jóvenes en todo el mundo, yo fumé marihuana. No una vez, sino cientos de veces, a lo largo de tres o cuatro años

En su libro Jonkie (Yonqui) el gran escritor William Burroughs, que fue heroinómano en tiempo de los beatniks (California y Nueva York, 1950) se burla abiertamente de aquellos que catalogan a la marihuana como droga. Los verdaderos drogadictos, según Burroughs, se inyectaban sustancias químicas en las venas con toda la intención de destruir sus vidas e integrar un círculo de suicidas.

La Mari-Juana forma parte del folklore mejicano y también de las costumbres del Oriente Medio, donde se conoce como "hashish" o "hash". En este caso, se fuma en pipa, y presenta el aspecto de una piedrita o bola de masilla. También lo llaman "chocolate". Está elaborado con la resina de las semillas de la cannabis sativa, y no con las hojas, como es el caso del "pasto" o "grass". También puede fumarse en Marrakesh (yo lo hice) un cannabis de hojas verdes, que parece yerba mate, y produce básicamente una ligera jaqueca. Se llama "kiff" o "kifí".

Han pasado muchos años. Ya no me interesan los efectos psicodélicos de aquellos tiempos, y lo mismo le pasa a miles de individuos como yo, en el mundo entero. Estamos en la edad del vino tinto. Dos vasos, y punto.

Todo esto no es ningún misterio, ni requiere ninguna investigación científica. Somos millones lo que hemos fumado alguna variante del cannabis, y sabemos muy bien que no es una droga. Uno no "necesita" una nueva "dosis", ni sufre de "abstinencia". Para nada.

Existe, sí, un mal momento, llamado "la pálida". Se trata de una lipotimia que, con los sentidos acentuados, uno confunde con la muerte. Es el "mal viaje". Uno se pone pálido, entra en una especie de sopor y cree estar muriendo, pero en realidad no pasa nada grave. Después de un rato, el malestar se va. Como se va una borrachera.

Conozco muchísimas personas que han fumado marihuana y hoy son vegetarianas. Se alimentan a lechuga y limón, beben agua de manantial y están maravillosamente flacos.

No atravesaron ningún tratamiento de rehabilitación, porque no son adictos, nunca lo fueron. La marihuana no genera adictos. Pueden haber sido imbéciles, y en ese caso, seguro, lo siguen siendo, pero eso no es culpa de la marihuana.

Ahora bien, hay algo raro. Los jinetes sarracenos de los siglos XVIII y XIX, conocidos como los asesinos, eran en su propia lengua los "hashishins", es decir consumidores de hashish. ¿Cómo es posible que la hierba del amor y la paz, que exacerbaba agradablemente todo los sentidos, fuera también la droga que los impulsaba a cometer toda clase de barbaridades?

¿No será que, en realidad, aquellos sarracenos no cometían ninguna barbaridad específica contra los cristianos, sino las mismas que desplegaban los cristianos contra ellos, con la ayuda de un sorbo de vino o de "aquavit"? O sea, la barbarie de la guerra santa.

Nos desconcierta leer que en las tribunas de fútbol se huele humo de marihuana. ¿Intoxicados de esa forma, los muchachos van a gritar, aporrearse, acuchillarse, batiendo el bombo sin parar? Eso no es marihuana. No la que yo conocí.

Sobre la cocaína no me atrevo a hablar, porque no conozco el paño. Sólo sé que hace 100 años se viene consumiendo en el mundo entero, y sobre todo en Buenos Aires: es frecuente en el mundo de la música, el tango, la revista, la noche, y "casa" bien con el alcohol.

El alcohol: ¿Es una droga? En los Estados Unidos, sólo puede venderse en locales especiales llamados "Liquor Store" o licorerías. No se puede beber de una botella en público, de modo que los bebedores suelen llevarla envuelta en una bolsa de papel madera. De todos modos, son mal mirados por la policía, que en ese gran país -ya se sabe- a la primera de cambio te detiene, te dobla el espinazo con la cara sobre el capot del patrullero, y te coloca las esposas. Una cosa es indiscutible: el alcohol genera adicción. Por supuesto, también el tabaco.

Hablando de los Estados Unidos, no hay que olvidar los antecedentes. La Convención Internacional de Opio, efectuada en La Haya en 1912, estableció que todas las drogas eran ilegales, siguiendo el liderazgo americano. Hasta esa fecha, el Reino Unido de la Gran Bretaña había contado con un Ministerio del Opio (¿?), defendiendo la circulación de esta droga en China mediante las famosas "Guerras del Opio". Esto pasó a la historia, y está casi olvidado.

Conozco muchísimas personas que han fumado marihuana y hoy son vegetarianas. Se alimentan a lechuga y limón, beben agua de manantial y están maravillosamente flacos

En los Estados Unidos, el prohibicionismo estableció, poco después, la "Ley Seca", a mediados del siglo XX. Prohibido vender y/o consumir alcohol. Hay que apuntar lo siguiente: los americanos del Norte, como otros pueblos de regiones frías (Rusia, Alemania, Inglaterra, Suecia) tienen un problema histórico con el consumo de alcohol. Se destilan alcoholes de semilla, de cáscara de papa, de orujo, en fin, de casi cualquier cosa. Algunos salen buenísimos. Desde el "bourbon" hasta la "grappa", hay muchos alcoholes elaborados en el hemisferio Norte.

De cualquier modo, la prohibición en EE.UU. no redujo el consumo de alcohol: sólo aumentó su precio. En efecto, proliferaron unos locales llamados "speakeasy". Bares clandestinos, donde los yanquis se internaban para beber whisky o ginebra, entablando con el desconocido de al lado una charla fácil. Esto es : "speakeasy". Los vendedores de protección se convirtieron en mafias distribuidoras de alcohol, y así surgieron miles de matones armados de metralletas Thompson y revólveres de cualquier calibre. Sobornaban a comisarios, periodistas, alcaldes y diputados. Asesinaban a sus rivales. Resistían al imbatible Elliott Ness y sus sabuesos. Fue la época de oro de los mafiosos Al Capone, Lucky Luciano y Vito Genovese.

Al abandonarse la prohibición, no es que hubiera menos borrachos, sino que desaparecieron las mafias de pistoleros sanguinarios. (Ver La Gravedad del Silencio por Claudio Fantini).

Existe una Comisión Latinoamericana de Drogas y Democracia, que encabezan los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia) y Ernesto Zedillo (Méjico), además del Premio Nobel don Mario Vargas Llosa, gran intelectual peruano. Básicamente, lo que dicen estos señores es que la prohibición no sirve. El presidente Calderón, de Méjico, lanzó una guerra abierta contra el narcotráfico, incorporando al ejército de su país. Hubo 50.000 muertos. No se logró un resultado claro. Calderón perdió el gobierno.

Otra alternativa: el presidente uruguayo José Mujica propone legalizar la marihuana , que en el futuro sería controlada por el Estado, un poco a la manera de la antigua Ancap o la Conaprole. Tiene mucho que ver con el programa Marihuana Medicinal Regulada, del Estado de Colorado ( EE.UU.). Porque se sabe que la marihuana alivia dolores en enfermedades reumáticas y otras, de carácter terminal, aunque no se tenga una conclusión científica sobre este vasto asunto de la marihuana medicinal.

Declaraciones del presidente Mujica al diario O Globo de Brasil: "Alguien tiene que empezar en América del Sur. Porque estamos perdiendo la batalla contra las drogas y el crimen en el continente". El Ministro de Defensa de Uruguay, don Eleuterio Fernández Huidobro: "La prohibición de ciertas drogas le está generando al país más problemas que la droga misma".

Es así, en efecto: "En el mundo entero se registran asesinatos, secuestros, torturas, atentados terroristas, guerras gangsteriles, que están sembrando las ciudades del planeta de víctimas inocentes". (Ver La Marihuana sale del armario , Mario Vargas Llosa, La Nación, 7 de julio de 2012).

El buen camino no es la prohibición (así lo afirma la revista Time) pero tampoco se puede permanecer de brazos cruzados. En la Provincia de Buenos Aires se está registrando un robo con homicidio cada dos días. Lo mismo da si es un padre frente a sus hijos, una mujer embarazada, una abuelita, es igual. Las últimas víctimas en este territorio terrorífico (PBA) fueron Luis Alfredo Sánchez (Monte Grande, 5/7) Irma Rodríguez Gilé (Carapachay, 4/7) Leonardo y Marcelo Massa (1/7, Cañuelas), Bebe de María Guaracci (30/6, Ciudad Evita),Víctor Abalos (26/6, Avellaneda), Fernando Stranieri (24/6, Berazategui) Pedro Romero Santos (24/6, Merlo), René Ezequiel Figueroa (23/6, Villa Fiorito), Lucas Montoya (19/6, Laferrere), Nicolás Cela (19/6, San Martín), Delia Fernández (16/6 , Lomas de Zamora), Carlos Dimonal (12/6, Francisco Alvarez), Angel Segovia (12/6, González Catán), Jorge Mariezcurrena (8/6, Mar del Plata), Sergio Luis Salas (6/6, Ciudadela), Johnatan Fichero (5/6, Mar del Plata), Sergio Barrera (3/6, Villa Bosch), y Jorge Felipe Sánchez (2/6, Luján).

La sola enunciación de los nombres y lugares indica que este no es un problema de Recoleta y Palermo. Y si lo fuera: ¿Qué, acaso los vecinos de Recoleta y Palermo, que pagan los impuestos más altos de nuestro país, deben ser asesinados con el beneplácito del Estado?

Precisamente: el asesinato en ocasión de robo es un drama de los trabajadores, del pueblo humilde, de los indefensos. Estamos rodeados de chorros, asesinos y desquiciados.

Las autoridades de nación, provincias y ciudad aseguran que esto es consecuencia de consumo del "paco". Una droga de bajo costo y de alta adictividad, que según ellos se compra y vende en las villas. Ahora bien: ¿Qué es el paco? ¿Lo mismo que la pasta base? ¿Se fuma como la "macoña", se inhala por la nariz como la cocaína, o se la meten con un canuto por la oreja? No tenemos la menor idea de lo que es el paco. ¿Cómo podemos combatirlo?

Porque hay que combatirlo. Eso, seguro. Hay que radarizar las fronteras de modo que ningún avión portador de droga entre al país. Y si no responde a las órdenes, voltearlo con artillería aérea. Hay que establecer un control entre la gendarmería y las policías federal-provincia-metropolitana, de manera que en cada esquina del Gran Buenos Aires se detenga a los autos o motos, se les requisen drogas o armas ilegales y sean detenidos todos los responsables. Todo el procedimiento debe ser grabado y archivado por audio. Habrá penas severísimas para los policías que incurran en dolo o soborno. Esa es la idea.

La marihuana no es un problema, la cocaína nunca lo ha sido, el paco sí , y también todas las drogas sintéticas a partir del XTC (éxtasis) y mil derivados de la anfetamina, conocida en el mundo marginal como "anfeta" o "speed", es decir velocidad.

En este momento, con una avalancha criminal como no se recuerda, la Argentina no está en condiciones de despenalizar nada. El Congreso de la Nación puede dictar una ley que caiga bien a miles de jóvenes "progres" (o no tanto) que consumen alguna droga. Pero nuestro país no está preparado para soportar un nuevo martirio.

Por eso. Ante la duda, abstente. Veamos cómo le va al Uruguay. Por el momento, es preciso que los narcotraficantes del mundo registren esta noticia: la Argentina es un país hostil a las drogas. No las encuentra simpáticas, ni divertidas, ni señales de libertad.

Aquí no deben entrar drogas. De ninguna clase. No queremos afrontar los problemas que hoy día consumen a Méjico o Colombia. No queremos el Cartel de Sinaloa, ni el de Juárez, ni el de Medellín, ni el de Tamaulipas, ni el de Cali.

¿Querés beber alcohol? Perfecto, es tu problema. Podés emborracharte hasta quedar comatoso en tu propia casa, pero no andes por la calle molestando a la gente. ESTO ES LEY.

¿Querés fumar marihuana? Es problema tuyo, en este país se hace desde el 1900. No en la calle. ¿Ok?

Cualquier individuo o grupo que transportare sustancias o armas ilegales será detenido y sometido a juicio por el Estado. Condena: reclusión perpetua.

Es preciso disponer de una estructura policial que cubra todo el país, incluyendo las fronteras, con apoyo de la Fuerza Aérea y la Gendarmería. Objetivo principal: el paco. Y las drogas sintéticas.

Si el paco es, como dicen, un residuo barato de las cocinas de cocaína, habrá llegado el momento de terminar para siempre el consumo de esa venerable tradición argentina: la "blanca". Pero también he leído que en el "paco" entra cualquier cosa menos cocaína. Digamos, sería como veneno puro. ¿Entonces?

Luchar contra la marihuana es como combatir al pecado. No resulta. Sólo aumenta el precio. Y agiganta la clientela de los pistoleros que venden todo tipo de substancias ilegales.

Tal vez una legislación inteligente debería separar radicalmente a las drogas ilegales de la marihuana, que ocuparía un lugar entre el tabaco y el alcohol: sustancias legales, bajo control..

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