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Perspectivas

El pueblo sí puede equivocarse

Enfoques

Gobernar la provincia de Buenos Aires parece que no es nada fácil. ¡Pero qué difícil que es ser un gobernado bonaerense, por favor! ¿O alguien tiene dudas?

Es la provincia más rica y más poblada del país y los habitantes de casi todas las demás provincias la envidian sin disimulo. Sin embargo, por estos días, una vez más, se la ve mendigando, sin éxito, por las calles del microcentro porteño; a pesar de su enorme peso electoral desde Bartolomé Mitre no consigue producir un gobernador que llegue al sillón de Rivadavia y, encima, ahora a sus habitantes acaban de anunciarles que no sólo su esfuerzo es mal pagado (aguinaldo en cuotas, proveedores que cobran en bonos, obras públicas cortadas), sino que su voto no vale nada.

Hace menos de 5 años, los bonaerenses optaron por primera vez por Daniel Scioli como gobernador, dos años después un tercio del padrón votó la lista en la que aparecía como segundo candidato a diputado nacional y dos años más tarde, hace apenas 9 meses, lo eligieron por mayoría absoluta otra vez para continuar como primer mandatario provincial.

Más de la mitad de los electores provinciales demostraban así que no tenían ninguna duda, que el candidato que volvía a impulsar y proponerles el kirchnerismo era el hombre adecuado para regir sus destinos. Hasta hace apenas unas semanas, porque ahora, desde el mismo espacio político que llevó (y hasta obligó) a Scioli a conquistar la voluntad popular de los bonaerenses, ponen seriamente en duda tantas certezas.

Argumentan que el tipo no se merece su confianza, que es mal administrador, que es frívolo, que no es bonaerense, que no conoce la provincia, que dilapida en cosas superfluas los recursos que, como el maná, le prodiga el cielo nacional; que con su impericia pone en riesgo la salud, el patrimonio y la vida de los que viven en el territorio y que, encima de todo eso, tiene mal gusto musical. Además, es un ambicioso al que se le ocurre que puede llegar a ser presidente de la Nación y lo anuncia tres años antes. Para peor, las encuestas lo siguen favoreciendo. Inadmisible, pero sobre todo inexplicable.

Hay que decirlo, nada nuevo para el 40 por ciento de los bonaerenses que nunca lo votaron y menos aún para sus opositores políticos, aunque muchos parezcan (o sean) aliados suyos en estas horas aciagas.

¿Entonces, será que la mayoría de los electores bonaerenses (4.246.964 personas, o el 55,07% de los votantes) eligieron mal? Una cuestión demasiado existencial para plantearse justo ahora que hay urgencias más concretas, que el frío aprieta y que la plata no llega a La Plata ni a millones de bolsillos provinciales.

Sin embargo, cuando suba un poco más la temperatura (climática y política), tal vez algunos se animen a preguntarse si es que entre los muchos cambios traídos por el modelo se incluye que un gobierno nacional y popular diga que el pueblo puede equivocarse (y admita que se lo puede engañar). ¿O esto regirá sólo para los bonaerenses?

© La Nacion .

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