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Cómo salir del mandato y promover el cambio

Corremos el riesgo de convertirnos en nuestros propios carceleros

Viernes 20 de julio de 2012 • 02:20
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Que "el hombre es un animal de costumbre" parece ser el primer "mandato que hemos aceptado como inevitable".

¿Por qué será que terminamos naturalizando estados físicos y emocionales, lecciones, etiquetas... y tantas cosas más?

Conscientes o no, por comodidad, pudor o inseguridad (o por lo que nos hicieron o nos hacen creer), somos nosotros quienes solemos condenarnos a creer, por ejemplo, que "no podemos más que esto", que "esto es lo que merecemos", que "debemos aceptar lo que nos fue dado y no cuestionar", que "no hay alternativa", que "esto es así y punto"...(cada quien reflexione y agregue su creencia).

Solemos hacer este ejercicio de rigidez emocional como especie, como hijos, como padres, como pareja, como comunidad, como país...

"Solemos hacer este ejercicio de rigidez emocional como especie, como hijos, como padres, como pareja"

Somos lo que nos enseñaron y lo que hemos aprendido. Somos lo que nos motiva, así como lo que no nos atrevemos o creemos que no está reservado para nosotros. Podemos llegar a juzgar que todo mal (y todo supuesto bien) es perpetuo y corremos el riesgo de convertirnos en nuestros propios carceleros.

Los motes y etiquetas, los mandatos (casarse y tener hijos, seguir con el negocio y/o respetar la ideología familiar), los discursos, tonos, gestos y lenguajes habituales (cada quien sabrá descubrir o imaginar) configuran la vida de muchos de nosotros.

Así es como vamos por la vida configurando y construyendo una realidad, avalando verdades y mentiras, sosteniendo valores éticos y morales...Muchas veces, todo esto nada tiene que ver con nuestras voces interiores ni deseos más profundos.

"Muchas veces, todo esto nada tiene que ver con nuestras voces interiores ni deseos más profundos"

Nuestro cerebro es genética y marco sociocultural. Nuestra identidad es la suma de la autoimagen (positiva o negativa), la autoestima o la valoración de nosotros mismos y de lo que los otros nos devuelven acerca de cómo nos ven.

Si hay un temor (casi terrorífico) que tenemos los humanos es al rechazo, al sentirnos excluidos y apartados de la "manada". El quedar condicionados o atrapados en la mirada de los demás despierta, también, síntomas de inseguridad, ansiedad, depresión. De cuadros leves a extremos. ¿Trastornos bastante modernos y habituales, no?

Es tiempo de "darnos cuenta" de que hasta las lecciones que creemos pudieron habernos determinado pueden desaprenderse, que podemos superar hasta los discursos y vivencias más traumáticas. Hay posibilidad de progreso y ascenso, es posible el cambio, hay alternativa...siempre que uno, al menos, lo crea y lo intente.

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