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El análisis

Contacto cercano con la realidad

Política

Un sorpresivo cambio de rumbo acaba de mostrar el Gobierno. Cuando nadie lo imaginaba, adoptó medidas y produjo hechos que contradicen abiertamente el discurso dominante durante las últimas semanas en el universo oficialista. Es como si, de pronto, hubiera hecho contacto cercano con la realidad.

El primer volantazo fue el envío de gendarmes a Santa Cruz, cuyos habitantes habían quedado más indefensos de lo habitual ante una huelga policial por reclamos salariales, pese al reciente anuncio presidencial de no prestar a ninguna provincia la asistencia de fuerzas nacionales por problemas propios.

Menos de 24 horas después aparecieron los fondos que durante más de dos semanas le escamotearon, con agravios incluidos de un coro de funcionarios nacionales encabezados por Cristina Kirchner, al gobernador bonaerense.

Apenas horas antes, el reforzado ministro Florencio Randazzo había anunciado que se congelaban los subsidios al transporte y que se aumentaban fuertemente las tarifas para quienes no poseyeran la polémica tarjeta SUBE.

Ayer, el Indec, que no se caracteriza desde hace años por difundir números que indiquen que el modelo tiene fallas, admitió una brusca desaceleración de la actividad industrial y un enfriamiento sensible de la economía.

El escenario no puede ser más elocuente: la provincia presidencial sin policía; el principal Estado argentino en virtual cesación de pagos, con los empleados públicos en huelga; menos asistencia estatal para el transporte; la producción industrial en retroceso con trabajadores suspendidos o en riesgo de perder sus puestos, y la economía cerca de su punto de congelamiento.

¿Qué cambió, entonces, para que la Presidenta y su círculo de propaladores cambiara tanto en tan poco tiempo? ¿Qué torció el rumbo adoptado hace cinco meses, al calor de la aparición de algunas soluciones mágicas (como los presuntos beneficios inmediatos de la estatización de YPF, el cepo a las importaciones o el corralito cambiario) y de la negación de los datos que reflejaban una situación económica y social crecientemente compleja? Lo que cambió radicalmente fueron los números.

Las frías y cortantes cifras de la economía real y de las cuentas públicas empezaron a chocar cada vez más con los ebullicientes datos de las encuestas de opinión pública que muestran que el humor social está agriándose a pasos agigantados, que la realidad y las expectativas económicas personales empeoran y que cada día la gente responsabiliza más por eso al Gobierno, en general, y a la Presidenta, en particular.

No es de extrañar. A la inflación que día a día se come los ingresos de la gente (y lo reconocen hasta los gremialistas preferidos por el Gobierno) hay que sumarle que en la provincia más poblada de la Argentina dejaron de circular más de 1000 millones de pesos durante este mes por la postergación del 75 por ciento del aguinaldo a los empleados públicos, por el pago en bonos a los proveedores y por el corte de obras.

La inseguridad

A eso se agrega que en el territorio bonaerense, al igual que en la Capital Federal y en la mayoría de las provincias, la inseguridad ha vuelto a instalarse como la principal preocupación ciudadana, de la mano de un crecimiento de los delitos violentos sin que el Estado demuestre que tiene algún proyecto serio para ponerles límites.

Y si algo faltaba para alejarse de la gente, llegaron las peleas políticas dentro del universo kirchnerista, pensando más en 2015 que en lo que viven hoy los argentinos.

Demasiadas evidencias de que algo no estaba bien como para seguir insistiendo con el País de las Maravillas por cadena nacional sin riesgo de que la situación se tornara mucho más difícil de manejar, de que la caída de la imagen presidencial no se acelerara estrepitosamente, de que los reclamos callejeros dejaran de ser aislados.

Aunque las causas y los remedios adoptados puedan no ser los mejores, no es una mala noticia comprobar que el Gobierno puede conectarse con la realidad..

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