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Alicia en Frikiland

Los creadores de La Parka arremeten con una gran obra dirigida a chicos, adolescentes y también adultos

Viernes 27 de julio de 2012

Autores: Diego Coran Oria y Facundo Rubiño / Dirección: Diego Coran Oria / Música: Jorge Soldera / Escenografía: Tadeo Jones / Vestuario: Gustavo Calandra y Claudio Hock / Coreografía: Agustina Seku Faillace / Intérpretes: Mariel Percossi, Esteban Masturini, Pablo Sultani, Ángel Hernandez, Roberto Peloni, Facundo Rubiño, Pia Uribelarrea, Julian Sierra, Emiliano Gianotti, Marcos Rauch, Lucia Ambrosini, Cynthia Manzi, Delfina Lanzani, Juan Martin Delgado y delfina Garcia Escudero (reemplazos: Julián Sierra y Facundo Magrane) / Sala: Teatro 25 de Mayo, Triunvirato4444 / Funciones: de jueves a domingos, a las 17 y a las 20. Nuestra opinión: muy buena

Alicia ya no vive en el siglo XIX, en la campiña inglesa. Viste uniforme de colegiala urbana y sufre las burlas de sus compañeros, que la ven como una perdedora nata, escudada tras sus gafas y su oso de peluche. Sólo uno de ellos parece estar dispuesto a bancarla. Hasta aquí, no hay muchas señales de que la puesta en escena se salga de las convenciones de una comedia juvenil como las que proliferan también en la televisión. Pero pronto asomará un submundo fascinante, que rompe los esquemas previos. La Oruga encaramada en su supuesta sapiencia; el Gato, un tanto pretencioso en sus sibilinas expresiones; los gemelos Gonza y Lito; el Sombrerero; la Friki Liebre; todos los personajes de Lewis Carroll aparecen, pero recreados con gran libertad, sin quedar adheridos a los formatos grabados en la memoria colectiva. Se los reconoce, pero desde una nueva óptica, por momentos "bizarra", siempre trabajada con potencia creativa.

El largo túnel que lleva desde la así llamada normalidad a Frikiland, la variante contemporánea del País de las Maravillas imaginada por Diego Corán Oria y Facundo Rubiño, ya no comienza bajo las raíces de un añoso árbol de campo, sino en el inodoro del refugio tipo buhardilla de adolescente del único compañero de Alicia que la aprecia. En el otro extremo asoman personajes y paisajes surrealistas.

En una especie de imaginario juego de los espejos, cada uno es freak, raro, extravagante, outsider para los demás.Y de ese modo, en verdad, lo son todos o bien ninguno. La Reina de Corazones opta por cortar la cabeza de quienes cree que se salen de su norma. Alicia, en cambio, se reconoce a sí misma a través de la diversidad. Al retornar a su realidad cotidiana, ya no será la misma de antes y por tanto tampoco serán iguales sus relaciones con los demás, y esto lleva a la reformulación de la identidad de cada uno.

La debutante Mariel Percossi lleva a Alicia, su personaje, con admirable luminosidad a través del viaje maravilloso. En el camino de la timidez casi sometida hacia la capacidad de confrontar con la arbitrariedad y la sinrazón sostiene siempre su presencia destacada, tanto entre el bullicioso mobbing del grupo escolar como entre los siempre sorprendentes, subyugantes y acaparadores personajes de ese reino del revés ideado por Lewis Carroll. El crecimiento del personaje se da de modo casi imperceptible, sin traicionarse a sí mismo. Cuenta para ello también con una voz que suena acorde con el personaje –con canciones que se hilvanan sutilmente con el desarrollo de la obra, sin producir los cortes abruptos de tantos musicales– y con un despliegue de movimientos corporales precisos en medio de la vorágine coreográfica y multicolor que pautan los habitantes de Frikiland. Sin duda, el mérito no es sólo de la actriz, sino también de la marcación de la dirección de Corán Oria, que supo mantener el contraste entre la proliferación de personajes y recursos escénicos y el protagonismo de Alicia en esa especie de viaje iniciático.

El mismo equipo creativo que sorprendió durante más de dos temporadas con La Parka introduce con esta particular versión de Alicia una saludable innovación estética y conceptual para lo que se considera un espectáculo para público infantil. Desde lo argumental, Alicia en Frikiland apunta sin duda principalmente a una franja etárea de los primeros años de la secundaria, pero abarca también a los chicos de siete u ocho años, que fantasean con llegar a tener unos cuantos más, admiran a sus hermanos mayores y saben bien lo que es una convención teatral.

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