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Devenir controlado

Los relatos del británico William Sansom exploran con agudeza los estados psicológicos y encuentran siempre en lo real un punto de fuga hacia la alucinación

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PARA LA NACION
Viernes 03 de agosto de 2012
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"Dicen que antes de cada gran catástrofe hay una pausa, un terrible silencio imaginado." Esta frase de No mires abajo sintetiza la atmósfera ominosa que se extiende en muchos de los once cuentos que componen esta antología del inglés William Sansom (1912-1976), autor de una prolífica obra.

Tres relatos reflejan su experiencia como bombero voluntario durante la Segunda Guerra Mundial: "La pared" describe los riesgos de ese trabajo. En "Los testigos", determinados indicios convencen a un bombero de que el operador de la bomba quiere matarlo. "Punto de suspensión", en cambio, elige otro escenario de destrucción para brindar, como si narrara una película, una mirada antibelicista en la que el horror alcanza proporciones surrealistas. Incluso en las historias de neto corte realista surgen pasajes que se desvían hacia lo alucinatorio. Este transitorio cambio de dirección no debilita el argumento, sino que le otorga una dimensión más perturbadora.

Sansom demuestra ser muy cuidadoso en el diseño de los estados psicológicos de sus protagonistas, en especial cuando debe ajustar las gradaciones de terror que se apoderan de ellos en diferentes situaciones, esos instantes mentales de serenidad desesperada y de lúcido delirio que Poe y Maupassant tan bien han sabido expresar. En "La escalera vertical", la irrupción del miedo proviene del vértigo que padece un chico al subir por una interminable escalera adosada a la pared de un gasómetro. Una aracnofobia incontrolable domina al general de caballería de "Pansovic y las arañas", mientras que "Una habitación pequeña" genera una intolerable claustrofobia a medida que la hermana Margherita es emparedada en castigo por haber roto sus votos de castidad. Las monjas que han levantado las paredes de la prisión mortal la miran sonrientes "como si desearan ser felicitadas por su habilidad manual", y para que su expiación sea completa tiene a la vista un manómetro que le permite constatar la continua disminución del oxígeno.

El encierro y los refinamientos sádicos también se hallan presentes en "La sábana blanca". Esta parábola de impecable factura kafkiana habla de los cautivos del "Dispositivo Z" cuyos carceleros les imponen la tarea de escurrir una sábana hasta que quede seca para ser liberados. Un irónico fatalismo predomina en el tema del amor. El joven y la muchacha del sutil "Dificultades con un bouquet" reprimen sus impulsos espontáneos de acercamiento. "Tentaciones varias" analiza la relación entre una costurera y un ex convicto sospechoso de haber estrangulado a cuatro mujeres. En "Tutti frutti", un hombre de vacaciones en Niza desconfía de la oportunidad de acostarse con una hermosa viuda y se pregunta: "¿Acaso una belleza tan descollante invitaba a la destrucción, pedía un complemento de desgracia para equilibrarse y volver a la realidad?". El mismo recelo, ante una situación similar, siente el turista de "Una mujer poco frecuente".

Los cuentos ofrecen diversidad de estructuras que siempre se afirman en la precisión del lenguaje. Sansom expone el nudo argumental con claridad y reserva una última frase memorable que fortalece la riqueza interpretativa del desenlace. En conjunto, No mires abajo sugiere un caprichoso devenir de la vida controlado por "el fluir del deseo, el miedo y su invitación al desastre, la búsqueda de la euforia, las probabilidades de accidente y la certeza del azar".


No mires abajo Por William Sansom La Bestia EquiláteraTrad.: Teresa Arijón169 páginas$ 75
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