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Entrevista

Pablo Trapero: el observador

Revista

Es el director de cine del momento. Su película Elefante blanco bate récords de espectadores. Participó en la sección Una cierta mirada, del Festival de Cannes. Es la cuarta vez que el realizador de Carancho, El bonaerense y Leonera forma parte de esa prestigiosa cita internacional. Nacido y criado, su película más íntima, no tuvo en la Argentina la repercusión esperada; su deseo es que la gente la vuelva a ver con otros ojos.

Hacerle una entrevista a Pablo Trapero significa dialogar con un personaje exitoso del cine, un hombre que desde un principio logró la aceptación por su trabajo. Siempre es interesante saber cómo se hace para metabolizar tantas luces de colores. Ibamos por todo: por su vida a los 40 años, por su infancia, su historia personal, su vida privada; por su contacto con la fe religiosa, por la relación con su mujer, Martina Gusman (que es, además su productora ejecutiva y la protagonista de su último film) y por el espacio que ocupa Mateo, su hijo de 10 años.

Trapero recibe a LNR en Matanza Cine, su productora, en Palermo Viejo. En las paredes, afiches de sus películas en varios idiomas, un cuadro con el Premio Konex 2011 al director de cine de la década y en una biblioteca baja, libros del séptimo arte. Remera negra de mangas cortas, tatuajes en los brazos, un par de jeans. En su oficina, a un costado del escritorio, fotos de películas de Fellini, y más allá, más Fellini.

Cuando tiene que hablar de sus padres y su infancia, le cuesta armar las frases. Repite palabras. Deja un pensamiento a medio terminar. Quizá porque piensa más rápido de lo que dice o porque le incomoda el tema, o simplemente porque le falta entrar en calor. Fluye mejor cuando se refiere al significado del cine en su vida.

-Empezamos con tu historia, con tus viejos. ¿Qué hacen?

-Mis viejos tenían un negocio de repuestos de autos en San Justo [silencio, piensa y piensa], y de hecho cuando era chico me crié un poco ahí, entre la escuela y el negocio. Mi vieja era maestra y después de un tiempo dejó de ejercer. Ahora están retirados, siguen viviendo allá y yo en Colegiales. Los dos viven la mitad del tiempo en San Justo, y la otra mitad en Cañuelas, donde tienen la quinta a la que yo iba de chiquito. Tienen animales y frutas. Allí pasaba gran parte de los veranos de mi infancia.

-¿A qué colegio fuiste?

-A una escuela salesiana, Don Bosco. Ahí es donde conocí un poco el mundo del trabajo social. En su momento eran curas muy comprometidos con toda la revolución social; los salesianos siempre estuvieron muy vinculados con el trabajo social. Una frase que suelo repetir, de las pocas que me acuerdo, es un lema de nuestra escuela: Llegar a la santidad por medio de la alegría. Siempre me pareció muy revolucionario para lo que la Iglesia suele decir.

-Interesante mensaje que corre al sufrimiento como protagonista.

-Claro, exactamente. Muy poco relacionado con la tradición cristiana y católica del sufrimiento.

-¿En tu casa son religiosos?

-Mis viejos, Martín y Carmen, son bastante creyentes. Yo fui a esa escuela porque era a la que había ido mi papá. La verdad es que en algún momento me hubiera gustado ser creyente. Muchas veces me pregunto por qué no lo seré. Sería más fácil para mí todo [lanza una risa tímida, bajita y corta].

-Tomaste la primera comunión.

-Sí, y también hice la confirmación. Mis viejos, de hecho, forman parte de un grupo de trabajo parroquial.

-¿Y qué idea de la política o de la militancia tenía tu viejo? ¿Peronistas? ¿Radicales? ¿Anarquistas? ¿Qué eran?

-Bueno, en mi familia hubo de todo un poco. Como una parte de mi familia era del campo venían por el lado del radicalismo. Después hubo una parte peronista, se podría decir que más de izquierda, pero la verdad es que mi recuerdo es que, sobre todo en los 70, estábamos muy encerrados ahí, en San Justo.

-¿Encerrados en qué sentido?

-Es muy diferente cómo se vivía en Capital a cómo se vivía allá.

-Pablo, pero San Justo tampoco es el interior profundo.

-Lo recuerdo a mi viejo escuchando Radio Colonia [se ríe y dice la próxima palabra riéndose], que era la manera de enterarse de algo.

 
Atento ´´A veces me pasa que estoy en una conversación y escucho dos conversaciones: la que estoy teniendo y la que está pasando al lado´´, reconoce. Foto: Estrella Herrera
 

-¿Cómo llegaste a la Universidad del Cine de Antín?

-Un día leí en el diario una nota a Manuel Antín y pensé voy, toco el timbre y digo: "Mire [riéndose], yo quiero estudiar cine y quiero que me tomen examen". Bueno, me tomaron el examen y entré.

-Lo que me gusta son las cosas que no se tocan, dice la canción de Intoxicados, que forma parte de la banda de sonido de Elefante blanco. ¿Es así para vos?

[Piensa] -En general las cosas que no se tocan te involucran más que las cosas que podés ver y definir tranquilamente. Es un poco torpe la alegoría, pero las cosas que no se tocan son los sentimientos, son muchas cosas que necesitan de vos más subjetivamente. Las cosas más intangibles son las cosas que hacen que tus decisiones se vuelvan más dramáticas en tu vida, en el sentido más íntegro de la palabra.

-El sacerdote que interpreta Ricardo Darín habla de la ira, del miedo, del odio. ¿Para vos la ira es un sentimiento movilizador?

-A mí lo que me pasa es que en un país como la Argentina [piensa, repitiendo me, me, me] me da un poco de bronca, me subleva tanta injusticia. Por eso decidí filmar la película Elefante blanco, con todo lo que representa el elefante blanco.

-En casi todo tu cine el protagonista es el conurbano. ¿Por qué?

-A mí lo que me gusta de lo que pasa en el conurbano es la tensión entre la Capital y la provincia. Esa tensión que se da en la zona sur y en la zona oeste: justamente en ese arco, en ese giro que hace todo el conurbano, también hay una síntesis de la Argentina y de una historia de la Argentina, de clases que no se miran, de personas que pretenden que no se conocen, de historias que parece que no pasan.

-¿Volverías a vivir al conurbano?

-No, no volvería a vivir en San Justo.

-En lo personal veo en tu cine al conurbano como escenografía y al sonido como protagonista. A veces es más fuerte que la imagen. ¿Qué te ronda en la cabeza con el sonido?

-El sonido es como una herramienta, ¿no? Porque el sonido es una parte fundamental de nuestra percepción. Lo que pasa es que a veces parecería estar poco explorado; como que se le da un sentido más funcional.

-Mientras charlamos te noto alerta. Sos una persona que está siempre atenta.

[Pasa una ambulancia, se oyen los ruidos de la calle] -Todo el tiempo. Yo estoy escuchando. Es un tema mío el escuchar muchas cosas a la vez. A veces me pasa que estoy en una conversación y escucho dos conversaciones: la que estoy teniendo y la que está pasando al lado. La cantidad de sonidos que hay en las escenas nunca va a ser equiparable a la cantidad de cosas que escuchás en la realidad, jamás. Y así y todo uno de los problemas más difíciles en el cine es cómo hacer equilibrio para que no sea una bola de ruidos. Pero por momentos te podría decir que se puede convertir en un problema escuchar tanto. Yo escucho demasiado.

-¿La crítica te importa?

-Depende. Me importa la opinión de gente que mira cine. La crítica de los diarios me parece más importante para los fines comerciales que para los fines de autoestima.

-¿Vos te analizás?

-Empecé hace poco.

-¿Quién es esa persona cuya opinión te hace cambiar el final?

-Yo cambio el final y el comienzo, y justamente como montajista edito yo mismo. Además de que siempre hay un equipo que me acompaña.

-¿Cuál dirías que es tu sello como director? ¿En qué sos muy bueno?

-El primer día que agarré una cámara, descubrí que para hacer una película tenés que poder manejar a los actores, las imágenes y el relato. Después tendrás en determinadas escenas más necesidad de trabajar sobre el actor. En otras, más sobre el encuadre; en otras, en la unión de las cosas y en el guión. Yo no puedo pensar el cine como departamentos aislados. El cine es todo. De hecho, mucha gente suele decir: "Lo bien que dirigís a los actores". A los actores los terminás dirigiendo en el montaje; porque vos en el montaje le sacás una pequeña frase a un actor o se la agregás, a una gran actuación la hacés de goma y a una actuación discreta la mejorás. Después lo llamás al actor y le decís "mirá, vamos a doblar una palabra acá porque esto que dijiste no se entiende", "el tono de esta palabra no está tan bueno" o "vení, vamos a doblar este diálogo no por una cuestión técnica, sino porque vamos a darle otra intención a esta palabra".

-Pero no me contestaste, ¿cuál es tu acento como director?

-Para mí el cine se narra principalmente a través del impacto emocional que vos como espectador tenés cuando estás en la sala, ves y escuchás. Para mí es más importante tu relación sensorial con la película que la relación con la historia: porque la historia forma parte de ese universo, pero antes la película llega a vos por los sentidos. Me gusta el cine como experiencia sensorial.

-Martina Gusman, tu mujer, es tu productora y, además, tu protagonista. ¿Cómo es eso? ¿Cómo son las discusiones? ¡Una productora es un personaje bravo!

-Bueno, la mujer es un personaje bravo [risas]. Viste que se suele decir el rock es una forma de vida. Para mí el cine es una forma de vida, por lo tanto también muy temprano me resultaba difícil diferenciar: esta es mi vida del cine y esta es mi vida personal. De hecho, mi vida en el cine es el resultado de mi observación en mi vida personal. Los temas sobre los que me interesa hablar son los que me interesan a mí, no a otro ser diferente de mí.

-Volvamos a la relación productor-marido, ¿tu mujer te pone los límites?

-Bueno, pará. Cuando conocí a Martina, ella estaba trabajando en producción y muy rápidamente nos fuimos a vivir juntos. Nunca la relación de trabajo fue más incómoda que la relación natural de un productor y un director. Martina, más que una productora que ponía límites o que venía a ordenar, era una compañera que me estaba ayudando a hacer mi película. Nunca hubo ese rol de enfrentamiento, siempre un rol de par. No era tanto la tensión, sino la zozobra de cómo hacer frente a los problemas juntos.

-¿Podrías tener otra protagonista que no fuera ella?

-Bueno [piensa]. Ehhh... Hasta ahora.

-¿Esta pareja se lo bancaría?

-Supongo que sí. Tampoco voy a hacer todas las películas con Martina.

-¿Por qué nunca hiciste televisión?

-Principalmente, porque no soy una persona que vea mucha tele. Durante años no tuve televisor. Ahora tengo tele porque Martina empezó a trabajar en la tele. O sea, teníamos el aparato, pero no tenía cable. Lo que veo en tele son deportes, fútbol, tenis, noticias.

-¿Qué opinión tenés acerca del Gobierno?

-Es una situación muy incómoda, porque no me puedo sentir en contra, pero tampoco me puedo sentir a favor porque hay muchas cosas que no me gustan. Siento que hay un montón de cosas que me gustaría poder [silencio] celebrar de una manera más eufórica, pero la situación está tan convulsionada que me genera todo el tiempo una sensación de alerta.

-¿Por quién votaste en las últimas elecciones?

-Ehhh [silencio largo]... No te contesto.

-¿Me podés describir tres escenas de películas que te hayan marcado?

-El plano en que se presenta Chaplin en El gran dictador. Cualquier escena -la que se te ocurra- de Ocho y medio, de Fellini. Pero si tengo que elegir una ahí: toda la secuencia final cuando están bailando, en la fiesta. Y. las escenas de los pibes jugando al fútbol en Pelota de trapo. También me acuerdo mucho de Leopoldo Torres Ríos.

-Nombrá directores argentinos que te interesen mucho.

-Te voy a nombrar de distintas generaciones. Me siento cercano -además de ser amigo- del cine de Adrián Caetano. Me gusta Pino Solanas -Sur-. ¿Y quiénes más? Fernando Birri...

-¿Has mejorado tu situación económica en estos años?

-Sí, y a mí no solamente me gusta vivir de hacer mis películas, sino que me gusta que la gente que venga a laburar conmigo también viva y pueda estar contenta.

-¿Quién se queda con tu hijo cuando ustedes viajan tanto?

-Vamos haciendo turnos en casa. Tenemos un esquema más o menos armado de día tal, mi hermana o el papá de Martina o mis viejos. Se van turnando. Pero por lo general lo que hacemos es que Mateo se quede en nuestra casa y que sea nuestra familia o amigos que van y hacen los turnos.

-¿Tenés tu lugar en el mundo?

-Tengo una casa en Mar Azul, muy linda, frente al mar. ¿Qué quiero decir? Que mis vacaciones, mis viajes terminan siendo los no viajes.

UN EXITO GRANDE COMO UN ELEFANTE

 
En pleno rodaje. Ricardo Darín escucha atento las indicaciones de Trapero. Foto: Archivo 
 

Desde su estreno local, ocurrido el 17 de mayo, la última película de Pablo Trapero alcanzó los 800.000 espectadores. Con esta cifra, Elefante blanco se convirtió en el film argentino más visto en el primer semestre de 2012. Tras la buena repercusión obtenida en el Festival de Cannes (concursó en la sección Una cierta mirada), el film se estrenó en España el 13 de julio con 113 copias y convocó durante el primer fin de semana a más de 34.000 espectadores. Coincidiendo con su estreno, la Academia de Cine Española ofreció un ciclo dedicado al realizador.

Con un demoledor arranque en la selva, la acción de Elefante blanco se traslada a Ciudad Oculta. Allí, uno es testigo de la labor pastoral de Julián (Ricardo Darín), hombre de fe que intentará dejar su legado a su amigo, el cura belga interpretado por Jérémie Renier. Una historia cuyo triángulo lo cierra Luciana (Martina Gusman), una incansable trabajadora social.

Trapero oficiará de jurado en el Festival Internacional de Cine de Venecia que se celebrará del 29 de agosto al 8 de septiembre..

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