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Punto de vista

El desafío de imaginar la alternancia

Enfoques

Por   | Para LA NACION

Por más que el actual "proyecto" se finja atemporal o infinito, si la Argentina no se convierte en una monarquía hereditaria llegará un día en que gobernará el país alguien que no sea miembro de la familia Kirchner. Desde luego, eso no significará necesariamente la salida del kirchnerismo del poder, porque todavía podría encumbrarse a un continuador con otro apellido. En el afán de no innovar respecto de la estructura movimientista con liderazgo supremo tal vez se quiera ir por la revancha del fallido experimento bicéfalo de los 70, protagonizado por Cámpora el Breve, hoy prócer de la juventud kirchnerista. No hay por qué descartar nada. Ni siquiera (para 2015 o 2019) una remake así: "Fulano al gobierno, Cristina al poder".

Sea como fuere, algún día, digámoslo de este modo más llano, habrá otro gobierno (y para que no se derroche sobre el autor de estas líneas el adjetivo destituyente, equivalente a hereje en el mundo antediluviano, conviene recordar que la propia Presidenta advirtió que "nadie es eterno").

La pregunta, entonces, es ésta: ¿qué quedará de la era kirchnerista?

Alzar la mirada, pensar el porvenir, debería ser un saludable ejercicio y, sin embargo, parece un acto desafiante, porque el kirchnerismo a menudo se percibe a sí mismo como protagonista de una lógica revolucionaria, no una circunstancia enmarcada dentro de una serie institucional continua. ¿Terminaremos pagando mañana los costos de la polarización política de hoy, que combinada con la falta de diálogo impide concertar tres o cuatro políticas de Estado?

Como el kirchnerismo no tiene una hoja de ruta explícita -un día se excita como abanderado del matrimonio igualitario, otro nacionaliza la empresa petrolera que había contribuido a enajenar-, desconcierta. Adicto a la sorpresa, sus primeros enemigos (de una larga lista) son el mediano y el largo plazo, a menudo tratados con ambigüedad estertórea por lo que se describe como modelo. Basta un ejemplo fresco: ¿alguien sabía hasta la movida expropiadora de la semana pasada que para el modelo la fabricación de billetes era un asunto de soberanía? ¿Lo era y sólo se olvidaron de avisarles a los funcionarios que trabajaban en la tercerización del servicio?

La falta de una alternativa política, es decir, de una oposición con aspecto de poder tomar algún día la posta, desde luego contribuye a suprimir un horizonte de estabilidad respecto de medidas estremecedoras, cuya aplicación -es el caso de la ley de medios- invierte las cautivantes promesas hechas en la presentación del producto.

"No hay vuelta atrás que pueda resultarnos tolerable", dice la declaración del Bicentenario de Carta Abierta. Con tono de bravata (no en vano el último documento de Carta Abierta revaloriza el perfil de Hugo Moyano como dirigente sindical), escribieron: "Todos deben saber -todas las dirigencias políticas y sociales- que ningún retroceso es aceptable. Que este pueblo tiene compromisos profundos con las transformaciones realizadas y las faltantes y que encontrará en la memoria de sus luchas pasadas y en las necesidades del presente la fuerza para resistir cualquier intento de restauración conservadora". Estos son los intelectuales K, pero a lo mejor los barrabravas tienen una comprensión más amplia del fenómeno democrático.

© La Nacion.

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