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El estilo K

Opinión

Habrá que convencerse de que lo más importante es el estilo. Pues, ¿qué gobierno se puede arrogar el haber transformado la sociedad en forma decisiva cuando los cambios sociales, que son generalmente lentos y silenciosos, corren por aguas más profundas? Todo lo que un buen gobierno puede darnos es el estilo, la impronta con la que se identifiquen sus acciones.

Los malos gobiernos enmascaran tras una falsa voluntad transformadora su propósito de ejercer el poder en forma hegemónica. Para lograrlo, crean un discurso maniqueo en el que, como si se tratase de una ''ley física'', reservan para sí la propiedad de la ''verdad''. Esto casi siempre los lleva a la prepotencia, el exceso y la desmesura. Todas variantes más o menos radicales del despotismo. Ese mismo discurso pretende circunscribir el despotismo al que se practicaba en la Europa fascista de mediados del siglo pasado. Habría que ser más que ingenuo para aceptar ese postulado.

Los malos gobiernos enmascaran tras una falsa voluntad transformadora su propósito de ejercer el poder en forma hegemónica

Como ya dijimos, el estilo del Gobierno no es neutro, pues influye en forma decisiva en la sociedad. La actual explosión de vulgaridad y de descortesía se refleja en la vulgaridad que campea en todos los ámbitos y en la forma de expresarnos. El lenguaje es lo primero que se envilece, y con ello, nuestras mentes se angostan hasta perder todo espesor. Los debates se convierten en riñas de poca monta, las discusiones se transforman en griterío y el pensamiento cae derrotado en el altar de la ideología.

Nunca la vida democrática se enriquece con las antinomias, ni de luchas de amigo-enemigo. Una idea o pensamiento no necesita de su opuesto para llegar a la síntesis superadora o para que el progreso humano se lleve a cabo.

Otro elemento envilecedor que se cuela y forma parte del estilo del Gobierno es la politización. Bajo el subterfugio de la "recuperación de la política" y su nuevo imperio sobre los "mercados", se esconde la más huera politización de la sociedad. Todo se ha transformado en "político", desde la vida universitaria hasta el precio de las cosas más triviales. La verdadera política, la que debiera llevarse a cabo entre gobierno y oposición dentro de los cauces que imponen las formas republicanas y democráticas, brilla por su ausencia.

Los debates se convierten en riñas de poca monta, las discusiones se transforman en griterío y el pensamiento cae derrotado en el altar de la ideología

Todo esto acontece gracias a una sutil ideología que impera en casi todos los ámbitos donde transcurre la vida pública de los argentinos. Por ello es muy importante no confundir nunca las ideas de veras con la ideología.

Como dice Víctor Massuh en su libro La libertad y la violencia, "la ideología es un sistema de ideas y actitudes con pretensión de objetividad y universalidad que encubre los intereses de un grupo, una clase o una nación''. Lo que la define es su carácter instrumental y la ausencia de verdadero pensamiento. Más adelante nos aclara el mismo autor: "La ideología pone el acento, mucho más que en el conocimiento objetivo, en el imperativo de una praxis transformadora. Más que interpretar el mundo, procura cambiarlo".

Por último, destaco un párrafo más del autor mencionado, tanto por su actualidad como por lo diáfano de las ideas expresadas: "La ideología se alimenta de residuos, merodea las ruinas, se presenta en la historia cuando esta ha dejado de ser historia viva para ser sólo un pasado que sobrevive. La ideología aparece no cuando los estados de la subjetividad fueron suprimidos por su propio dinamismo sino cuando han cesado por inmovilidad y fijación. Entonces la ideología surge para forzar la historia, violentarla, obligarla, manipularla como sólo se hace con las cosas y los restos. En el instante en que se han diluido las grandes tareas históricas y las divinidades se eclipsan, entonces vienen los ideólogos a proponernos como gran tarea lo que es una acción menguada, o vienen a imponer como sustitutos a héroes mezquinos, pequeños absolutos para uso de la mentalidad rebañega y bobalicona que necesita éxtasis menudos, fugaces, que duren poco y permitan pasar rápidamente a otra cosa''.

La verdadera política brilla por su ausencia

Cuando el Estado, bajo el dominio absoluto, quiere imponer la vulgaridad satisfecha de sí misma, sólo queda resistir con valentía y tratar de lograr que el tono y calidad de nuestras vidas privadas sean lo más esforzadas posibles.

No olvidemos que todo esto tiene sus causas, que pueden ser enumeradas: la ausencia de verdaderos demócratas, la politización de la vida, la frivolidad y la tergiversación de las palabras. Pero tampoco olvidemos que en muchas ocasiones todas ellas forman el caldo de cultivo o el preludio de la violencia..

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