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Atahualpa, el rito del silencio

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LA NACION
Domingo 12 de agosto de 2012
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Dramaturgia y actuación: Fabiana Rey / Diseño de iluminación: Diego Estevez / Diseño sonoro: Fabiana Rey,Joaquín Estevez Díaz / Asistencia de dirección: Joaquín Estevez Díaz / Sala: Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) / Funciones: Domingos, a las 20 / Duración: 50 minutos / Nuestra opinión: Buena

A sólo unos meses del aniversario de los veinte años de la muerte de nuestro gran poeta, cantor, guitarrista y autor Atahualpa Yupanqui, a los porteños se nos invita a recorrer su obra; tal vez para algunos sea incluso momento de conocerla. Es que si bien su nombre conserva su imagen mítica, es cierto también que su poesía no es siempre conocida por todos.

En un gesto de homenaje, pero también de indagación, Fabiana Rey nos presenta un unipersonal en donde la invitada estrella será la poesía de Atahualpa, y la actriz entonces el vehículo para acceder a ella. Un espectáculo cargado de simbologías, de la "cosa criolla", invita a los espectadores a adentrarse, tal vez hasta por momentos cerrando los ojos y dejándose llevar a ese mundo tan particular y tan bello.

"Llenen mi boca de arena si quieren callar mi voz" grita la actriz como primera frase, como preámbulo de lo que veremos. Y así nos deja claro que lo que busca en Atahualpa no es sólo su material poético sino también su actividad, su compromiso con la realidad, su postura. Un hombre que, afiliado de público conocimiento al Partido Comunista, fue censurado y exiliado durante grandes partes de su vida, utilizó su capacidad artística para hablar de todo, del mundo, pero desde la profunda tierra.

La escenografía es sencilla pero no pasa inadvertida: con una pantalla de fondo que casi todo el tiempo refuerza la poesía con imágenes que nos trasladan a un campo, a un lago, a un cielo celeste, a hierbas y flores que nos lanzan de lleno a las entrañas de nuestro país. La música, incidental, crea climas tan certeros que se van escabullendo en el texto, sonidos de pájaros, del viento filtrándose en las ramas de los árboles. El vestuario, con un poncho clásico, refuerza la idea que se quiere lograr, ella descalza también arroja la sensación de arraigo a la tierra, de cierto mimetismo con la llanura. Y así vamos advirtiendo que con pocos elementos la atmósfera se crea de manera precisa. La luz, tenue, nos invita a dejarnos llevar, a navegar por las palabras. Unos cuantos objetos terminan por completar la escena: un caballo de madera, un banquito de cuero. Nada más.

Por momentos el recorrido de las palabras se vuelve un poco monótono y la actuación entonces tiene poco que dar, a pesar de esto Fabiana Rey se luce y mucho, es potente, clara, directa y sensible. Se convierte casi en una suerte de rapsodia que va narrando. Es probable que resulte más atractiva para aquel sector del público que esté más acostumbrado a la escucha de poesía y no tanto para aquel que busca una historia más hilvanada. De todas formas no deja de ser una gran excusa para acercarse al universo mágico y bello de Atahualpa.

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