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Un país en el que puede pasar cualquier cosa

Opinión

La delirante paralización y toma del subte por parte de un grupo minoritario de trabajadores, que se adjudica ilegalmente la representación de la mayoría, permite comprender, entre otras suertes, por qué en la Argentina se asiste a un creciente pesimismo en sectores económicos, empresarios y el sector privado en general, lo que se verifica en la creciente fuga de capitales que acompaña a Cristina Kirchner, sin solución de continuidad, desde que llegó al poder en 2007. Dicho en castellano, el disparate que se experimentó durante el paro de subtes durante diez días también explica por qué la gente en la Argentina busca ahorrar en dólares.

La parálisis organizada por los metrodelegados en el subterráneo, nunca vista en la historia del país y con desconocidos antecedentes incluso a nivel internacional, generó una vez más la percepción de que realmente en la Argentina puede pasar cualquier cosa. Aquella idea de que lo inaceptable en cualquiera parte del mundo, no sólo puede ocurrir en la Argentina, sino que además se trata de una operación contra la gente, organizada y avalada desde lo máximo del poder político. Y siempre por la cultura política que adscribe a la teoría de que el fin justifica los medios, el vale todo.

Lo inaceptable en cualquiera parte del mundo, puede ocurrir en la Argentina

Es obvio que si estos episodios orquestados para generar una verdadera conmoción interior en el principal territorio de un país hubieran ocurrido apenas por 48 horas en Uruguay, Chile, Brasil, Bolivia, Venezuela, Cuba, China, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Francia o España, hubiera llegado la Justicia con la ley en la mano y la Policía, y los servicios se habrían restablecido para la gente de inmediato.

Todo este espectáculo generó enorme desconfianza entre la gente, sean empleados, empresarios, inversores, amas de casa o ahorristas. La combinación de sensaciones es fatal. No sólo puede pasar cualquier cosa en el país, sino que los disparates pueden organizarse y permitirse desde la Casa Rosada, siempre que el fin del momento -destruir políticamente a Mauricio Macri- justifique los medios.

El cuento de que el fin justifica los medios, además de luchas fratricidas en 200 años de historia argentina, también amparó negociados, abusos y confiscaciones frecuentes de bienes, empresas, ahorros y sueños de los argentinos de a pie.

Como en el terreno económico, el Gobierno proclama que su fin es la inclusión, justificó primero la expropiación de las AFJP y luego el estatismo cada vez más extremo. Se comprende por qué Cristina disfruta tanto que la presenten en cadena nacional como la Presidenta "de los 40 millones de argentinos". Si el Estado y sus jefes se presentan como los garantes del bien común y la inclusión social, se justifican de ese modo todos los medios para gobernar en ese sentido. No hay por qué tener límite para subir los impuestos o expropiar al sector privado si fuera necesario para prometer más hospitales. Defender el bienestar de los 40 millones de argentinos, entonces, justificaría cualquier expropiación a la minoría que tiene bienes, ahorros, empresas y capacidad de pago de impuestos. Y también justifica que el Estado impida que el sector privado compre dólares para salvarse del impuesto inflacionario o de las confiscaciones.

Los disparates pueden permitirse desde la Casa Rosada, siempre que el fin del momento -destruir políticamente a Mauricio Macri- justifique los medios

Dislates como la conmoción que se permitió y avaló con lo del subte anima los mayores fantasmas. Si para perjudicar a Macri, además de quitar la policía de hospitales y escuelas o tratar de voltear al Banco Ciudad, también se permitió conmocionar a cientos de miles de personas, qué límite puede preocuparle a la Casa Rosada respecto de profundizar si fuera necesario el control de cambios o tener que disponer la violación de derechos de propiedad actuales o futuros a la minoría que tiene poder económico en el país. Ni siquiera es un sector que toma el subte. No vota al oficialismo, y difícilmente lo votaría en el futuro.

Aun con la recuperación económica en Brasil, las lluvias y el récord que prometería la soja, es difícil que frene la salida de dólares en el país si la dirigencia política trabaja todos los días para profundizar esa verdad tan reiterada en la historia argentina: aquello de vivir en un país donde es aceptable que ocurra cualquier disparate. Y si se trata de un disparate que incumpla con la ley, las reglas del mercado y los contratos, mejor..

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