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Desafíos de lo nuevo

Los investigadores Néstor García Canclini y Maritza Urteaga estudian las formas actuales de creación y de circulación de los bienes culturales entre los jóvenes

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PARA LA NACION
Viernes 17 de agosto de 2012
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En los últimos tiempos se difundió la noticia de que las industrias culturales son capaces de generar más del 7% del PBI en países de la región. Esa revelación pareció estimular a los gobiernos para estudiar el impacto de la cultura, algo que antes no merecía consideración entre las prioridades de políticas públicas. Cultura y desarrollo. Una visión crítica desde los jóvenes , coordinado por Néstor García Canclini y Maritza Urteaga, relativiza y pone en su lugar esos hallazgos, a la luz de la nueva composición social de los protagonistas de la cultura y las inéditas formas de creatividad y sociabilidad que impulsan las generaciones emergentes, las que requieren otras destrezas y generan nuevos interrogantes con relación a su sustentabilidad. Las instituciones de la cultura, instaladas mayormente a fines del siglo XIX -museos, archivos, bibliotecas y teatros públicos-, no parecen estar en condiciones de adaptarse adecuadamente a estos tiempos, y otras apenas más modernas como las casas editoras, las discográficas o las galerías de arte y centros culturales están sobrellevando cambios drásticos. Todas estas circunstancias se reflejan en las tensiones que se crean entre unos y otros y con relación a un público más vasto.

Frente a este inédito desafío, pocos investigadores serían capaces de plantear las preguntas adecuadas o comenzar a elaborar las respuestas del modo en que Néstor García Canclini puede hacerlo. Junto con Maritza Urteaga y un grupo de seis destacados investigadores, se propusieron analizar las interconexiones entre cultura y desarrollo con el fin de reubicar la discusión a partir de las prácticas sociales de las nuevas generaciones mexicanas. El trabajo de campo sobre el que se reflexiona y que ahora se publica explora la oportunidad que estas generaciones tienen de reactivar las funciones de la cultura a partir de innovaciones tecnológicas y hábitos flexibles y desafiliados de aquellas instituciones que parecen no ajustarse al cambio. A la vez, esa desafiliación está ligada a los riesgos del autoempleo e independencia de los productores artísticos, acentuados por los proyectos políticos y económicos cortoplacistas.

Los trendsetters , techsetters o emprendedores jóvenes creativos, son los protagonistas explorados en este libro. Ellos se organizan para crear arte, literatura, música y propuestas digitales con concepciones y redes distintas de las que prevalecen en las industrias culturales, y lo hacen así no sólo porque les resulta difícil conseguir empleos sino porque disienten con el modo en que es concebida institucionalmente la cultura y creen saber aprovechar mejor las innovaciones tecnológicas a su disposición. En el área editorial, abundan los jóvenes independientes que, como suelen bromear, han instalado la escena de "editoriales de alto riesgo", en contraposición con las grandes empresas. Como sucede en la Argentina, de esos sellos provienen algunos de los títulos más interesantes aunque eso no alcance para que resulte un buen negocio a lo largo del tiempo. Marcó del Pont y Vilchis, antropólogos sociales de la UAM, entrevistan a numerosos editores, proveen cifras del sector y advierten que sus principales activos son la creatividad, las habilidades, la ingenuidad y la imaginación.

La escritora y artista visual Verónica Gerber y la antropóloga Pinochet Cobos observan la floreciente escena de las artes visuales en Ciudad de México, donde se ensayan nuevas estrategias de creación, producción y comunicación de proyectos artísticos que parecen desconocer los efectos de las crisis económicas recientes. Ese fenómeno tiene vínculos e interconexiones con múltiples sectores creativos que lo apartan de la idea jerárquica y autónoma de campo cultural tal como lo describió Pierre Bourdieu. A la vez, está tan impregnado de los valores comerciales, y alejado de las propuestas políticas más bien utópicas de las generaciones anteriores, que asemejan la escena a la de una industria cultural, no por ser trabajo en serie, ni por su alcance masivo, sino por el modo en que se inserta en modelos de exhibición y consumo ya solidificados por las generaciones anteriores, como si se tratase de un desarrollo económico programado. El "artista global" simbolizado por Gabriel Orozco sería el paradigma a imitar, pero son muy pocos los que pueden alcanzarlo en una época en que ni la globalidad ni el arte tienen ya significado universal.

La producción de la música popular alternativa es un fenómeno interesante a analizar, pues allí interactúa la economía con la cultura de un modo distinto de como lo hace en las artes visuales. En aquélla las casas de remate, las galerías comerciales exitosas y los mecanismos de legitimación de ferias y museos cumplen un rol muy establecido. En el caso de la música popular alternativa, esto es, aquella que no desestima el circuito comercial pero que extiende su marco de acción a partir de la ruptura y cuestionamiento de las generaciones emergentes, las vías de producción y circulación no están necesariamente ligadas a los sellos discográficos dominantes. La investigación que realizan el historiador cultural Woodside, la etnóloga Jiménez López y la investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) Maritza Urteaga se centra en las modificaciones que en la actualidad se advierten en el sector y resulta aplicable a toda la región: disminución de los costos de creación musical; el acceso mediante páginas web, podcasts , radios por Internet y redes Peer to Peer (P2P); disminución de la venta del disco, aumento de la venta online y búsqueda de otras formas de acceso económico por parte de las disqueras y los músicos; nuevos enfoques y actores en el campo; menos "artistas de estadio" y más colaboración horizontal y foros de comunicación a pequeña y mediana escala.

El estudio de las estrategias creativas a partir de las nuevas redes generacionales permite anticiparse a las formas de producción, distribución y consumo culturales, y facilita el análisis de las distintas ópticas acerca de la vinculación entre cultura y desarrollo. Desde luego que esta juventud creativa no es toda la juventud, sino que convive con la "ni-ni" (ni trabaja ni estudia) y la legión de desocupados que no alcanzan a transformarse en actores de su tiempo. Con ellos comparten la precariedad y la inestabilidad laboral o en todo caso la multiplicidad de empleos para poder solventar su vocación artística. Se trata de un nuevo tipo de actores que trabajan no para hacer carrera a largo plazo sino más bien organizados en proyectos de corta y mediana duración basados en la creatividad e innovación. Este libro los presenta como prosumidores. En vez de consumir o poseer obras prefieren intercambios, participar en los procesos y los circuitos donde se redistribuye la creatividad. Nada de esto excluye la cultura off-line con la que se trabaja de modo interdisciplinario, aunque la pregunta de los autores persiste: "¿Qué tipo de sociedad engendra el trabajo por proyectos inestables?" A pesar de la favorable influencia de las nuevas tendencias, los autores no dejan de observar que los creativos por ahora continúan condenados a la intermitencia y la precariedad.

En su libro anterior, La Sociedad sin relato (2010), García Canclini buscaba un marco analítico para el arte contemporáneo e hipotetizaba los comportamientos que ahora corrobora este estudio de campo. En realidad, toda la obra previa del autor ha ido desbrozando el camino que le permite encarar con solvencia y originalidad los procesos culturales que afloran a partir de los hábitos recientes de sociabilidad y uso de la tecnología. Diferentes, desiguales y desconectados (2004), Consumidores y ciudadanos (1995) o el temprano Culturas híbridas (1990) han señalado, paso a paso, las disputas por la producción y el acceso a los bienes culturales en una sociedad que ha modificado los sistemas de exclusión pero que no los ha remediado.


Cultura y desarrollo Por Néstor Garcia Canclini y Maritza Urteaga (comp.) Paidós/Universidad Autónoma Metropolitana209 páginas$ 109
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