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Política

Del atril al escenario: el giro discursivo de la Presidenta

Enfoques

Más desenvuelta y desacartonada, en los últimos tiempos la Presidenta incorporó a sus discursos y videoconferencias una informalidad nueva, que combina los modos de una conductora de televisión con chicanas y chistes de doble sentido. ¿Una puesta en escena para mostrarse más auténtica, un mero restyling para consumo popular o algo más profundo?

Por   | Para LA NACION

Más autorreferencial que de costumbre, con chascarrillo espontáneo reforzado, desenvoltura en ascenso para confeccionar opiniones minuto a minuto sobre la coyuntura, incorporación del rubro chistes de doble sentido y pizcas de léxico arrabalero, Cristina Kirchner se entusiasmó este año con el formato de las videoconferencias y empezó a desplegar cierta estética de conductora de televisión, mientras redobló las menciones descorteses -o humillantes- de propios y extraños. Su oratoria 2012, en fin, trajo novedades. ¿Mero restyling ? Los semiólogos aseguran que el discurso de cualquier gobernante importa siempre. Importa en forma integral.

"Que seas como sos", fue lo que le pidió Cristina Kirchner a Alejandra Gils Carbó hace un par de meses en Olivos, cuando la entonces flamante candidata a procuradora quiso saber qué esperaba de ella. Por supuesto que semejante instrucción puede ser interpretada de muchas maneras, sobre todo si es la hoja de ruta para una procuradora general de la Nación cuya tarea consiste en definir a quién persigue judicialmente el Estado y a quién no. Pero lo que aquí interesa es la frase presidencial, porque no sólo se la llevó de Olivos la doctora Gils Carbó, sino otros interlocutores más.

¿Ser como uno es podría sintetizar un credo, entonces, que la Presidenta adoptó para sí, una especie de espiritualidad política marketinizada? ¿Liberó inhibiciones, desplazó más la raya de lo formal o, histriónica y memoriosa, resolvió explotar aristas personales supuestamente útiles para ganar cercanía?

Dice el sociólogo Eduardo Fidanza, de la consultora Poliarquía: "El discurso de Cristina Kirchner cada vez se hace más subjetivo, más sensiblero. Al hiperpresidencialismo, característico del sistema político argentino, hay que agregarle el hipersubjetivismo. La Presidenta cada vez confunde más lo público y lo privado. Van quedando de lado los procedimientos objetivos relacionados con la administración del Estado".

Según Fidanza, Cristina Kirchner no advirtió que a esa especie de consagración vinculada con la abundancia de años pasados le seguiría un momento de declinación. "Ella carece de un discurso de la escasez, de un discurso de la crisis; no se puede estar siempre en un estado de omnipotencia, ese que reflejan los conceptos «nunca menos» y «vamos por todo». Entonces surge el gen kirchnerista: no dispongo de una explicación de mis límites, pero tengo una que hace de mis adversarios los culpables". Se ve la conspiración, dice el analista, en lugar de verse las dificultades, por eso los discursos siempre son ricos en cifras, marcas, récords y transmiten la idea de que "todo lo que no logramos es por culpa de los otros".

Para el semiólogo Oscar Steimberg, el discurso presidencial en sus rasgos generales se mantiene, "sólo se acentuaron algunas cosas". Steimberg dice que Cristina siempre se caracterizó por la argumentación de tipo parlamentario, con datos históricos y estadísticos. "Hay una tematización de la oralidad: «estoy hablando aquí», y a la explicitación de que eso está dicho por una persona, por un cuerpo con una historia personal, le sigue la referencia al dato como base de la argumentación, pero articulándose con esa referencia a la circunstancia, que cada vez es más fuerte."

 
 

Cambio de estilo

También evoca la cuna parlamentaria el historiador Luis Alberto Romero, pero para marcar una involución. "Antes, ella tenía estilo congresista, ahora es de patio de conventillo o cómico de televisión; recuerda a aquel personaje que hacían Jorge Luz y Porcel, caracterizados como comadres de barrio, con tono sobrador y frases con segunda intención".

¿Imita a Eva Perón en el uso del lenguaje popular? "Evita -responde el autor de Breve historia contemporánea de la Argentina - era muy cuidadosa en el lenguaje de los discursos públicos; sí hay registros de que con sindicalistas o diputados, en privado, usaba un tono zafado y patronal, con ese tuteo que espera que el otro le conteste «señora», es decir, donde no está implícita la reciprocidad." El filósofo y sociólogo Emilio de Ipola es más cáustico sobre la actual Cristina Kirchner: "Animadora, ocurrente, espontánea, desenvuelta, ligeramente artificial? parece a veces una señora «bien» paraguaya, que habla guaraní sólo a sus domésticos".

También Beatriz Sarlo se refirió a este aspecto en su columna "El stand-up de la Presidenta" , (La Nacion, martes 14): "Parece una señora que habla con subordinados, a los que trata con una confianza condescendiente que ellos jamás podrían devolver: bromas, preguntas, comentarios van en dirección única, de arriba para abajo. Es paternalista un discurso que coloca a su interlocutor en un lugar desde donde no puede responder sino celebrando a quien le habla."

Otra especialista en análisis del discurso, María Elena Ques, docente de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de General Sarmiento, explica que todos los líderes trabajan sobre el liderazgo y el acercamiento, pero dice que ahora el acercamiento -se refiere al léxico cotidiano- está sobredimensionado. "Hay recursos que sirven para reforzar el vínculo con quienes ya son seguidores, pero muestran una dificultad para hablarles a los no seguidores, que no son necesariamente adversarios, porque más allá de la concepción bipolar, existe una franja intermedia a la que Cristina Kirchner no interpela".

Desde el punto de vista cuantitativo, la oralidad de Cristina Kirchner siempre fue desbordante. En 2012 incorporó la estandarización del método de teleconferencias -que le permite hacer varias inauguraciones y reinauguraciones en simultáneo- y el uso más frecuente de la cadena nacional para imponer su voz. Ya el mes que asumió, diciembre de 2007, había pronunciado 15 discursos en veinte días. Prefiguraba entonces la estrategia de la voz gubernamental única y persistente.

En el segundo mandato debió enfrentar un período de abstinencia, en enero de 2012, cuando fue operada: ese mes apenas entregó una pieza oratoria. Pero en febrero subió a ocho. En marzo pasó a 18, incluido el de apertura del Congreso, que duró más de tres horas. En abril hubo 12; en mayo, 15 y en junio, 16. En julio fueron 25, lo que significa que retomó el ritmo intensivo, más de un discurso por día hábil (en la práctica, con jornadas de tres discursos y descanso -también para sus oyentes- los fines de semana). En agosto lleva 9.

Nunca existió un presidente que hubiera hablado tanto. Piénsese que hasta la llegada de la radio la oralidad presidencial era otra cosa (y en casos como el de Yrigoyen, no era oralidad sino parquedad). Tal vez Perón fue el segundo en cantidad de palabras públicas por mandato, seguido por otros presidentes militares, los de facto, más propensos al discurso leído por cadena que a las conferencias de prensa.

Muchos discursos de Cristina Kirchner tienen alrededor de 3000 palabras. Si ella pensara algún día en recopilarlos a todos, la edición consumiría alrededor de dos tomos por mandato (1.440.000 palabras). Cada tomo del tamaño de una Biblia.

"Para información oficial están mis discursos, yo no voy a hablar contra mí misma", dijo la Presidenta el 24 de mayo, en una inusual visita a la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno, donde le preguntaron si pensaba revisar la decisión de no dar conferencias de prensa. Si el mecanismo de consolidar una disertante única apunta a ejecutar -y representar- la concentración de poder, el de no responder preguntas sirve para suprimir toda intermediación: quien manda sólo habla con el "pueblo".

 
 
La socióloga Silvia Sigal encuentra en los últimos discursos "un plebeyismo intencional, portarse como ella supone que piensa o se comporta el pueblo". Pero a la vez, "Cristina Kirchner cree que tiene que equilibrar lo que sale en Clarín y en La Nacion". Efectivamente, la Presidenta comenzó a hablar hace poco de una "cadena del miedo y el desánimo", reproche dirigido a lo que denomina "medios hegemónicos". Como lo supo en su momento el presidente norteamericano George Bush, el kirchnerismo piensa a menudo en términos de contraofensiva, acto y contraacto, una especie de dramatización in situ del formato amigo-enemigo. El concepto de "cadena del desánimo" apareció justamente cuando Cristina creyó necesario justificar el abuso de la cadena nacional, que la ley de Servicios Audiovisuales -estandarte de su gobierno- reserva para situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional. Aun si se diera por cierto el argumento de que existe un abominable "monopolio" en el espacio de la prensa, no deja de ser curioso que el remedio escogido sea erigir un contramonopolio, el de la voz unidireccional de la Presidenta, en lugar de garantizarse, como se proclama, una pluralidad de voces afín a la esencia de la democracia.

A la manera de Chávez

La analista y encuestadora Graciela Römer entiende que el camino de la conexión directa ahora sigue un tono más campechano, más cotidiano, pero no comparte la interpretación de que la Presidenta se "tinellizó". Dice Römer: "No se trata de una banalización, sino de un intento de lograr un lenguaje parecido al de Hugo Chávez, que habla desde el lugar de la gente. Por eso se pone de un lado y de otro de la interlocución, presentándose como si fuera uno más del auditorio".

La mayoría de los especialistas consultados desestimó la existencia de una intencionalidad provocadora respecto de las audiencias críticas. De Ipola, en cambio, opina que irritar es un objetivo buscado. Dice que el discurso "irrita a sus enemigos y es celebrado por sus adherentes", pero que no es eficaz entre los llamados destinatarios indirectos, los indecisos, a quienes "les produce una impresión más bien penosa".

En cuanto a los errores con datos que la Presidenta comete cada tanto, algo inevitable vista la profusión de temas, disciplinas, nombres y cifras que aborda sin papeles (su memoria es proverbial, por más que una reciente cadena de mails aseguraba que la asisten con un disimulado audífono inalámbrico), pocos expertos creen que tengan incidencia significativa en la evaluación de las audiencias.

Según Federico Pinedo, diputado de Pro, "el relato de Néstor Kirchner partía de la realidad, pero el discurso de Cristina Kirchner no tiene nada que ver con la realidad: la niega o pretende reemplazarla. Se está radicalizando el maniqueísmo y una cosa rara es que ella misma asume todos los errores de sus subordinados". La opinión del senador radical Ernesto Sanz: "Hay un cambio, una operación de marketing notoria, en dirección a tratar de llegarle a la gente con temas de la actualidad, como comentarista de la realidad, denostando a los adversarios. Es como una cadena nacional contrapuesta a la realidad, con un ingrediente más desacartonado".

La imagen positiva de Cristina Kirchner está hoy en torno del 42 o 43%, pero, advierte Fidanza, lo que verdaderamente influye en esa valoración no es la oratoria, sino la economía. Pero dos cosas quedan claras cuando ella habla. Una, para adentro del Gobierno y para afuera, es que todo lo decide la señora, como le dicen muchos de sus subordinados. Y la otra es que su liderazgo tan diferenciado, su posicionamiento personalista, la enfática primera persona que todo lo sabe y lo controla construye protagonismo excluyente. Donde la soledad se vuelve virtud electoral.

DIXIT

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  • Allá lo hicieron, hermano, había que truchar, trucharon; y si hubiera sido presidente de los Estados Unidos, hubiera tomado la misma decisión. Si vamos a truchar, truchemos todos. 13 DE AGOSTO, EN UN ACTO JUNTO AL PREMIO NOBEL JOSEPH STIGLITZ.
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