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Mañana es demasiado tarde

Dilatar las obligaciones en un mundo de conexión permanente es un mal que aqueja a gran parte de la población mundial. Técnicas y aplicaciones online para evitar la procrastinación en la era de las mil distracciones

Lunes 20 de agosto de 2012
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PARA LA NACION
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Si bien postergar las tareas más molestas u obligaciones diarias es una tendencia que se acepta como algo normal, esta conducta puede derivar en un trastorno del comportamiento o convertirse en un hábito que domine los aspectos más importantes de la vida. La procrastinación –del latín procrastinare, dejar un asunto para el día siguiente, aplazar– es la costumbre de posponer de forma sistemática lo que hay que hacer a través de una gratificación inmediata. Es una tendencia tan extendida que afecta –en mayor o menor medida– al 95% de la población mundial. Aunque muchos han sufrido los inconvenientes habituales derivados de pagar las facturas a última hora, estudiar la noche anterior a un examen o aplazar una reunión complicada sin mayores consecuencias, el hábito de postergar puede convertirse en una necesidad irrefrenable que afecte negativamente el desempeño laboral, doméstico o interpersonal de los personas. En estos casos, cualquier tarea alternativa servirá para retrasar temporalmente la llamada del deber. Y ahí, en la era de la conexión, Internet aparece como una tentación irresistible.

Juan Manuel Bulacio, presidente de la Fundación de Investigación de Ciencias Cognitivas Aplicadas (Iccap), habla de tres tipos de estímulos que impactan en esta conducta: los irrelevantes, los amenazantes y los desafiantes. "La mejor respuesta frente a los estímulos irrelevantes es la no respuesta, es decir, ignorarlos. Frente a las amenazas, e incluso los desafíos, debe emitirse una respuesta, que básicamente es de pelea o afrontamiento por un lado, o de huida por el otro. La no respuesta es disfuncional e inadecuada, ya que no moviliza al individuo hacia la resolución del tema. Esta no respuesta frecuentemente adopta la forma engañosa de la postergación, naciendo así, cuando es sistemática, el mecanismo de procrastinación", describe Bulacio.

Causas. La ansiedad se encuentra muchas veces en la base de estos mecanismos. Sea porque demasiados estímulos son considerados relevantes y no se les puede dar respuesta a todos, o porque la intensidad de la ansiedad produzca una inhibición de la conducta que derive en una postergación de lo importante, que es la causa de dicha ansiedad. "La ansiedad normal nos moviliza hacia nuestros objetivos; la patológica o la ausencia de ella, nos aleja de los mismos. Nuestra sociedad actual paradójicamente genera un aumento de ansiedad y por otro lado, un déficit de ella, ante el descreimiento o falta de objetivos, sobre todo en jóvenes. Por eso está muy ligada a la procrastinación, aunque cuadros depresivos o déficit de atención también pueden estar entre sus causas. Un adecuado diagnóstico es fundamental para ubicar el problema en su justo término y tratarlo dentro del cuadro integral que el paciente presenta", dice el presidente de Iccap. Las consultas de pacientes ligadas a la procrastinación suelen ser por la presencia de estrés, ansiedad, depresión o déficit de atención, o por las consecuencias que esto genera a nivel laboral (disminución del rendimiento), familiar o social.

Ecuación. Para explicar este comportamiento, el psicólogo canadiense Piers Steel, profesor de la Universidad de Calgary y autor de Procrastinación: por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy y de La ecuación de la procrastinación, condensó los aportes de más de ochocientos estudios sobre el tema en una fórmula. "Consiste en una combinación de tres factores que intervienen cada vez que aplazamos algo: la predisposición a valorar las necesidades inmediatas por encima de los planes a largo plazo (impulsividad), el grado de confianza en alcanzar el objetivo (expectativas) y el placer que nos proporcione realizar la tarea (valor). De ello se deduce que las tareas que menos posponemos son aquellas que disfrutamos y que nos sentimos capaces de hacer correctamente. De ahí surge la motivación necesaria para resistir el impulso a procrastinar", explica Piers, que se autodefine como un procrastinador crónico recuperado. Ante este fenómeno, muchos expertos sostienen que, más que un problema en sí mismo, la procrastinación es el síntoma de otros problemas como el propio perfeccionismo, la vulnerabilidad a las críticas negativas y el miedo al fracaso. En su libro El manual del procrastinador: el arte de hacer las cosas YA, Rita Emmett asegura: "El temor a realizar una tarea consume más tiempo y energía que hacer la tarea en sí. La evasión del deber no sólo aumenta la preocupación y procrastinación, sino que produce sentimientos de culpa que impiden un verdadero disfrute del tiempo libre".

Para Francisco Kadic, presidente de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis, la palabra procrastinación es sólo un término extraño para nombrar algo viejo y conocido: la inhibición. "Freud en Inhibición, síntoma y angustia describió este padecimiento que diferenció del síntoma, porque se desarrolla en el Yo, y provoca una restricción de las funciones de éste. Hay un deseo que puede reconocerse, pero no se puede llevar a cabo la acción para realizarlo. Esto provoca desde mínimas molestias hasta graves padecimientos, y estas inhibiciones forman parte de distintas neurosis: evitaciones fóbicas, cavilaciones y rituales obsesivos", opina Kadic.

Era tecno. Cuantos más estímulos hay y más al alcance de la mano están, la tentación a demorar cumplir con las obligaciones se hace más irresistible. Dice Steel: "Lo que tenemos en nuestras yemas de los dedos sería la envidia de los reyes de antaño. En cualquier momento, en cualquier lugar, podemos acceder a lo mejor de las películas, la más divertida de juegos, y todo el mundo de los medios sociales. Constantemente tenemos que tomar la decisión de no ceder a las distracciones y nuestra fuerza de voluntad no está preparada para aguantar 24 horas al día", dice el canadiense. El uso inadecuado de las tecnologías de la comunicación contribuye a la formación de los malos hábitos. "Por eso, la psicoeducación acerca de su correcto uso y límites necesarios es una forma de prevención. La voluntad, necesaria para hacerle frente a la procrastinación, puede entrenarse, pero previamente es importante una adecuada valoración y significación de los estímulos y un adecuado desarrollo de las estrategias de afrontamiento (contrarias a las de evitación)", aconseja Bulacio.

Sin embargo, donde está la tentación también hay herramientas para ayudar a los usuarios a focalizarse en lo que deben hacer. Aplicaciones y sitios en Internet que ofrecen control, desconexión y premios a quien logre las metas que se proponga alcanzar. StickK es un sitio Web que promete ayudar a las personas con sus metas, promoviendo una vida más libre a través de contratos de compromiso que pueden ser de palabra o (mucho más difíciles y serios) en los que las personas apuestan su dinero a que culminarán con el objetivo propuesto. El proyecto nació en la Universidad de Yale, y busca promover la concreción de metas como bajar de peso, dejar de fumar o cumplir con la fecha de entrega de un trabajo.

Para los que necesitan una solución drástica existe Blockr, una aplicación que corta la conexión a Internet hasta que se termine una tarea. Es una extensión gratuita que funciona en el navegador Chrome bloqueando el acceso a Internet hasta que se introdujo cierta cantidad de código o texto. Para una mayor planificación de las tareas, Do it (tomorrow) permite gestionar las pendientes y evitar la procrastinación. Propone dedicar unos minutos de cada jornada a revisar las tareas que se deben realizar durante el día y planificar cuándo serán ejecutadas, qué prioridad tienen y qué cosas quedarán para el día siguiente. Es una herramienta Web simple que presenta una libreta con dos páginas: una para el día actual y otra para el día de mañana, que muestra de manera muy gráfica cómo se van acumulando tareas sin hacer y éstas se van posponiendo sin que se vacíe la cola de cosas por hacer. Otras aplicaciones son Remember The Milk, Light Tasks o Task Timer.

Con este marco integral y la correcta valoración de las causas y consecuencias que puede generar la procrastinación, el problema se acota y a la voluntad se le puede exigir un esfuerzo más focalizado y adecuado. La comprensión de todos estos mecanismos es el primer paso para su paulatina solución.

NO DEJES PARA DESPUES LO QUE...

Al momento de trabajar con la computadora, prevenir la tentación antes de sentirla. Si es necesario, bloquear Internet. Hay personas que hasta tienen una segunda máquina sin conexión donde escribir.

Solicitar una mirada o control externo sobre la conducta al momento de trabajar con Internet. Hablar con familiares o colegas. Que ellos conozcan la dificultad y la tendencia a la procrastinación generará una responsabilidad ante otros más difícil de romper.

Borrar todos los juegos del equipo. Sí, también los íconos de inicio rápido y de acceso a las redes durante el período de trabajo.

Escribir contraseñas largas para los sitios de redes sociales y evitar que la máquina se conecte automáticamente a estos. Con ese costo inicial se navegará sólo cuando el deseo de tomar un descanso cruce un umbral significativamente grande.

Practicar trabajar pasando del tengo que en un decido hacerlo. Tomar las riendas de las metas y dirigir los esfuerzos en una sola dirección.

Premiarse ante los logros por más pequeños que sean. Repetirlos en busca del nuevo hábito.

ECUACION DE LA PROCRASTINACION

E (expectativas de éxito) x V (valor que le damos a completar la tarea)

------------------------------------------------------------------------------------------------------- = P

T (tendencia a dilatar las obligaciones) x C (consecuencias de no cumplirlas)

P (posibilidad de terminar una tarea): Pensar en la tarea. Darle a cada valor un número del 1 al 10. Multiplicar los de arriba y dividirlos por el resultado de la multiplicación de los valores de abajo. Cuanto más bajo sea el número más lejos se está de finalizar la tarea. Si el resultado es menor a 3, puede considerarse un procrastinador crónico.

Fuente: P. Steel

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