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Columnista invitado

Una economía en posición defensiva

Economía
 
 

Cuando uno ve el resultado fiscal de junio y la recaudación de julio, entiende por qué el Gobierno aprieta cada vez más con los controles impositivos al punto de violar los derechos más elementales de los contribuyentes.

En junio, cuando se quita la contabilidad creativa, el Tesoro tuvo un déficit fiscal del orden de los $ 11.000 millones, pese a haber levantado algo el pie del acelerador en los gastos. ¿Por qué aumentó el déficit si el Gobierno hizo crecer el gasto al 27% contra el 35% que venía creciendo? Porque la recaudación subió mucho menos.

Ya en abril se había notado una significativa desaceleración de la recaudación y en julio, si bien subió un poco más que en los tres meses anteriores, hay dos impuestos que marcan la desaceleración en el nivel de actividad, para decirlo en forma optimista. El IVA DGI, que refleja el nivel de actividad económica interno, aumentó el 19% con relación a julio de 2011, bien por debajo de la tasa de inflación verdadera. El otro impuesto que subió muy poco y refleja el nivel de actividad es el impuesto al cheque, que creció sólo el 9% interanual.

Como dato adicional que confirma los problemas fiscales del Gobierno, el stock de adelantos transitorios (emisión monetaria para financiar al Tesoro) fue de $ 84.530 millones al 31 de julio. En diciembre del año pasado ese stock estaba en $ 67.130 millones, es decir que en 7 meses aumentó 26% y si se compara con un año atrás, cuando el stock de adelantos transitorios era de $ 46.230 millones, el aumento fue de 83 por ciento. En castellano básico, el Gobierno tiene cada vez menos recursos impositivos para financiar el desborde del gasto y recurre cada vez más al impuesto inflacionario, impuesto que, obviamente, le impacta en el tipo de cambio real y le complica el sector externo, porque la decisión económica ha sido adoptar una especie de tablita cambiaria como la de Martínez de Hoz, en la que el tipo de cambio nominal sube menos que la tasa de inflación verdadera.

Algunos economistas consideran que si continúa la seca en EE.UU. y si Brasil recupera algo su nivel de actividad, el riesgo es entrar en recesión con inflación baja, e incluso podría haber una leve recuperación. Es decir, no sería por virtud del modelo que se suavizaría la recesión, sino por cuenta de factores externos.

Creo que en caso de darse una combinación de nueva seca en EE.UU. y una mejoría de la economía brasileña eso sería, más que una solución, una especie de aspirina para un modelo con fuertes inconsistencias y que, además, ignora los principios más elementales de la economía. No estamos hablando ya de heterodoxia, sino de groserías económicas como pretender pesificar de facto la economía con algo que no es moneda porque no sirve como reserva de valor. Es muy grosero pretender que una economía funcione sin una moneda, y el peso no es moneda dado que no cumple con el requisito de reserva de valor señalado anteriormente.

Es indudable que el Gobierno necesita desesperadamente recuperar el nivel de actividad de la economía, porque se le cae la caja y no hay forma de financiar el gasto de la Nación, a lo que se suman los serios problemas fiscales provinciales.

El gran interrogante es cómo enfrentará el Gobierno este escenario de desequilibrio fiscal, inflación y recesión. ¿Cómo hará para que la economía vuelva a moverse? Hay tres factores que dinamizan la economía: a) la inversión, b) las exportaciones y c) el consumo. Veamos cada uno de ellos.

En cuanto a las inversiones, hay que olvidarse, por la sencilla razón de que ante esta ausencia de reglas de juego o, si se prefiere, ante la arbitrariedad en las normas que aplica el Gobierno, nadie estará dispuesto a invertir. Agreguemos la prohibición de girar utilidades y dividendos y la falta de una moneda que permita hacer un cálculo económico, y llegamos a la conclusión de que no cabe esperar gran cosa por el lado de la inversión como factor dinamizador de la economía. Nadie invierte en un país para que luego le digan a qué precio tiene que vender o si puede importar insumos, un país donde lo matan con la presión impositiva y demás arbitrariedades. Es más, algún economista "estrella" del Gobierno ha llegado a decir que expresiones como "seguridad jurídica" son expresiones horribles, con lo cual tenemos que concluir que las arbitrariedades del Gobierno de turno son una bendición.

¿Qué tenemos por el lado de las exportaciones? Un Brasil que tendría que tener una formidable recuperación para volver a demandar productos argentinos y un mundo que ya no empuja como antes, pero que tampoco se nos cayó encima. En todo caso, es el modelo el que se cayó del mundo. Le queda al Gobierno intentar aumentar el consumo interno en un contexto en que la demanda laboral se desploma a tal punto que está por debajo de abril de 2002, el peor mes de ese año de gran crisis.

Esto es muy sencillo. Para comer la torta primero hay que cocinarla, pero el Gobierno quiere que la gente se coma la torta sin haberla cocinado antes. Por eso, todo el mundo está pendiente de a quién le confiscarán la próxima torta para tratar de descomprimir la tensión social y lograr algo más de consumo. Por eso, los agentes económicos toman posiciones defensivas. Nadie quiere cocinar la torta para que se la coma otro, en nombre de la destrucción de la "horrible seguridad jurídica"..

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