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Ladrillos y dólar: el fin del reinado

Opinión

"Ladrillos en dólares": en la mente del argentino promedio, no hay mejor alternativa para nuestros ahorros. O por lo menos esto funcionó así hasta fin del año pasado.

A raíz de las restricciones para la compra de dólares y la avanzada del Gobierno (que persiste en la actualidad) de pesificar la economía, el paradigma de ahorro e inversión puede haberse modificado.

Desde el año 2002 hasta octubre de 2011, los precios de las casas, departamentos, oficinas y chocheras en dólares han tenido un aumento que llevó a triplicar su precio de mercado en muchos casos, tomando el período citado.

Se asumió como lógico que los precios de los bienes aumentarían al menos 20% por año en dólares, y tanto las inmobiliarias como los desarrollistas adoptaron ese porcentaje de incremento en su ecuación anual como algo seguro.

Así fue que se construyeron numerosos edificios, desde torres con vista al río para un segmento ABC1 hasta estructuras de mono ambientes para un público menos pudiente: las ganancias de aquellos que compraron "desde el pozo" no hicieron más que multiplicarse año tras año, a tasas que no podrían haber conseguido en ninguna otra inversión fuera del negocio propio.

Los árboles no crecen hasta el cielo

El hecho de que todo el proceso fue llevado a cabo sin crédito (y por lo tanto, sin endeudamiento) llevó a pensar a los inversores, dueños de inmobiliarias y hasta compradores que la dinámica descripta podía perpetuarse por siempre, pero, lamentablemente y como suelen decir los que saben, los árboles no crecen hasta el cielo.

Para intentar comprender el nuevo escenario, es interesante reflexionar: tenemos dos bienes. Uno es escaso (el dólar) y el otro es abundante (las propiedades).

La gente no puede conseguir dólares y al mismo tiempo, quiere (peor aún, necesita) vender propiedades construidas durante el boom que hubo en los últimos años.

Como consecuencia de esto, y del libre juego de la oferta y la demanda, es de esperar que el precio de las propiedades en dólares caiga.

A su vez, al devaluarse el peso (que es otro bien abundante que debe "enfrentar" a un dólar escaso) el precio de las propiedades en pesos podría subir al mismo tiempo que baja en valores de la divisa americana.

El pico del precio de las propiedades

Si se cumplen las leyes básicas de la economía, es probable que hayamos visto el pico en cuanto al precio en dólares de las propiedades en septiembre del año pasado, previo al comienzo de las restricciones.

A partir de ese momento, pareciera que todo continuará cuesta abajo para el mercado inmobiliario.

Los precios de las propiedades de más de 300.000 dólares (1.650.000 pesos tomando un tipo de cambio "celeste" de 5.50) también están cayendo fuerte, y conseguir compradores cuesta cada vez más.

No obstante, los precios (siempre en dólares) de las propiedades más accesibles pueden mantenerse y registran de hecho algún nivel de actividad dado que ciertos inversores sostienen que el dólar está "caro" a 6.40 y prefieren con sus pesos invertir en proyectos de construcción para un segmento de clase media o media-baja.

También, dado que muchos inversores dueños de propiedades no tienen necesidad de dinero para pagar deuda (ya que fueron construidas con dinero genuino), optan por alquilar los mismos y esperar que los precios se recuperen, haciendo que por ahora no se produzca un pánico vendedor que desplome los precios en su conjunto.

Pero más allá de eso, la lógica antes descripta permite pensar que el auge de las propiedades es cosa del pasado, y que a partir de ahora "los ladrillos" ´podrían bajar del pedestal del que gozaron desde poco tiempo después de la salida de la convertibilidad..

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