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Rastros de tinta

Viernes 24 de agosto de 2012
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LA NACION
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Liliana Menéndez (Córdoba, 1951), artista elegida para la muestra nº 57 de La Línea Piensa, proyecto a cargo de Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía, resultó ganadora del concurso realizado por el Museo Emilio Caraffa en 2010. Ilustradora de libros infantiles y promotora del dibujo como vehículo cognitivo, Menéndez modula en Cerfructus dos códigos -la escritura y la imagen- para crear una especie mixta de floraciones zurcidas con restos de un alfabeto futuro. En las series Paisajes de palabras , una caligrafía enmarañada y a la vez limpia semeja panorámicas desde una perspectiva cenital. Las formas pictóricas insinuadas en el conjunto de palabras apócrifas maduran en Las flores del mal , donde se conjugan el arte de la estampa con el collage , los diagramas con los dibujos en el estilo más ornamental que científico de los herbarios, las reminiscencias del arte oriental con la pintura de Henri Michaux. Al final del recorrido, como destilado de un trabajo cuya economía figurativa va del monograma a la constelación floral, el color empieza a teñir el lienzo. En Desarraigo y Raíces , obras sobre especies vegetales, los dos ciclos de un proceso evolucionan a un lenguaje de sueños con un glosario visual de insectos, flores, frutos y engarces.

Un universo de animales vulnerables, cuerpos femeninos y agua se configura en la muestra de Egar Murillo (San Salvador de Jujuy, 1957) en Van Riel. Bebiendo en la arroba y Todo fluye presentan estampas de cabritos y corderos que toman agua de charcos y estanques -una mancha de acuarela azul o rojiza que desborda los contornos hasta el cuerpo de los animales-, sin advertir ninguna amenaza o peligro. Expuesto a la mirada, el ciervo de Espejo de agua , como Narciso, toma, igual que el espectador, contacto visual con la superficie de un agua quieta que inunda la superficie del cuadro.

Los soportes de las obras de Murillo, en general reversos de afiches callejeros, conservan rastros del uso original, restos de pegamento, de óxido y de otros carteles. A la vez, multiplican en el espacio de la imagen sentidos, temporalidades y secuencias. En Esperando a Godot , un cielo de herrumbre no presagia nada bueno para un ubicuo personaje femenino. Encallado y A la deriva lo encuentran en aguas profundas: en ambos las huellas del soporte crean una contraimagen en pugna con los usos instrumentales del cuerpo de la mujer. Compendio de una producción visual que roza, estéticamente, el plano ontológico, el dédalo de imágenes de Todo fluye reúne el agua y la tinta, la acuarela y la sangre.

Ficha. Liliana Menéndez en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín), hasta pasado mañana. Egar Murillo en Van Riel (Juncal 790), hasta el 14 de septiembre

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