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La selva textual de Sarmiento

Opinión

Por   | Para LA NACION

LA llegada del tomo 4 de la Historia crítica de la literatura argentina (Emecé), que dirige Noé Jitrik, es digna de festejo y minuciosa lectura. Con este volumen estaría casi terminada la tarea, una aventura académica insoslayable que contempla la creación nacional, pródiga y diversa. El tomo dedicado a Sarmiento cuenta con casi 800 páginas en las que algunos de los mejores críticos abordan su obra magnánima y provocadora. La premisa está en la introducción de la responsable de esta entrega, Adriana Amante: "Lo que tratamos de transmitir no es por qué debemos leer a Sarmiento sino ante todo por qué nos gusta leerlo. Pocos escritores pueden, como él, sublevar, desafiar, subyugar, divertir, alterar, deslumbrar, enojar y hacer discrepar a una nación de lectores con tanta intensidad".

El primer ensayo, "Escritura: entre espontaneidad y cálculo", de Noé Jitrik, nos zambulle en el Facundo , a través de la mirada de Sarmiento y su ordenamiento textual: el hombre, el mundo y la nación, ideas motoras que lo hacen escribir. A su vez, el impulso irrefrenable de hacerlo, propio de una personalidad avasallante, lo lleva a "realizar una acción por medio de la palabra". Claro que en aquellos tiempos las palabras parecían tener consecuencias tanto en quienes las pronunciaban o escribían como en los lectores. Tanta cabeza (la de Sarmiento, pero también la forma en que Sarmiento describe la cabeza de Facundo) despertaba adhesión e inquietud. Como escribe Borges en su prólogo a Recuerdos de provincia , Sarmiento estaba "deslumbrado y al mismo tiempo enceguecido por la realidad, cuyo secreto y miseria lo asediaban".

Sandra Contreras apunta a la imaginación de Sarmiento en su modo de narrar. En un momento destaca la contemplación que el escritor hace del Río de la Plata: "¡Y si fuera posible aturdirse con la esperanza de mejores tiempos, cuando las ciudades broten y los astilleros atruenen? y las naves se apiñen a la entrada de los docks, para burlar la furia del pampero!". Contreras agrega: "Sarmiento mira al río y describe todo lo que todavía no hay. Su descripción, como la de los poetas, también es producto de la imaginación, sólo que su imaginación está completamente atravesada por el impulso del futuro". Así, Sarmiento verá en la Pampa "una hoja de papel en que va a escribirse un poema de progreso". Para Raúl Antelo, más que de poesía se trata del efecto de la palabra escrita. "Ser autor es ostentar autorización de que algo puede (debe) decirse públicamente", escribe Sarmiento.

Martín Kohan, por sugerencia de Ricardo Piglia, escribe sobre "Sarmiento inventor" y su afán de patentar. Sylvia Molloy, en un abordaje más afectivo, trabaja con "los objetos de Sarmiento, desde los «restos» que aparecen en Recuerdos de provincia (una puerta desvencijada, una carpeta de archivo) o las chucherías de sus viajes".

La obra de Sarmiento es "una selva textual imponente", dice Jitrik en el epílogo. Digna de este frondoso compendio de ensayos.

© La Nacion.

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