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El sorprendente libro del tenista argentino que quería ser poeta

Opinión

Vanity press: prensa de la vanidad, imprenta de la vanidad, publicaciones de la vanidad o, tal vez mejor, la vanidad impresa, la vanidad que se imprime. Así se le dice en el mundo anglosajón a las editoriales o imprentas que se dedican a fabricar libros para la gente que escribe y desea ver sus textos publicados sin pasar por los canales de selección tradicionales (aunque haya también, en la Argentina y los Estados Unidos, sellos comerciales y de los llamados independientes que les cobran a sus autores por publicar: por alguna razón, son pocos los que lo admiten). La denominación conlleva una carga de sentido despectiva, porque se supone (y es una suposición falsa y equivocada) que los buenos libros encuentran siempre, y naturalmente, a sus editores. Y que todo lo que publican las editoriales es material de calidad. Lo que está lejos ser verdad. No son pocos, como recuerda este artículo, los autores centrales de la literatura y el pensamiento occidental que han pagado, a lo largo de la historia, la edición de sus libros. Ahí están los casos de Martín Lutero, Laurence Sterne, Nathaniel Hawthorne, Jane Austen, Ezra Pound, Marcel Proust y Emily Dickinson, entre muchos otros. En la Argentina, el propio Jorge Luis Borges financió la impresión de los trescientos ejemplares de su primer libro, los poemas de Fervor de Buenos Aires. Preguntas imposibles de responder: ¿cuántos volúmenes geniales quedarán ocultos para siempre porque no encontraron un editor, o porque sus autores no contaron con el dinero suficiente para imprimir sus copias?

¿Cuántos volúmenes geniales quedarán ocultos para siempre porque no encontraron un editor, o porque sus autores no contaron con el dinero suficiente para imprimir sus copias?

Pero tampoco hay que exagerar: la evidencia nos dice que lo que sobran son libros malos. Más que malos, pésimos. Más que pésimos: completamente innecesarios. Son los que abarrotan muchas de las librerías de saldos, y también de las otras. Libros que tienen una vida tan corta como la de las revistas o incluso los diarios. Libros que pasan de tener un precio de venta de cien pesos, revestidos por su novedad, a ser liquidados por diez, dos o tres meses después. Pero un buen lector sabe buscar entre el barro. Porque se pueden descubrir algunos tesoros insospechados, como el que un amigo rescató de un local de San Bernardo, o San Clemente del Tuyú, y me prestó ayer.

Se trata de un libro de poemas publicado por la editorial Galerna en septiembre de 1981, y lleva la firma de un gran deportista argentino. Fue escrito a sus 29 años, y no puede decirse que sea una obra de juventud, teniendo en cuenta que seis años antes el autor había hecho su debut ficcional con otro libro de poemas. En la introducción, el poeta avisa: "A medida que mis días se suceden debo ser más cauteloso porque el pasado debe ser una experiencia digerida y segura de su moraleja, ya que mi futuro depende de su consistencia. Escribir es una expresión de esta complejidad". Y después advierte: "No ha sido un trabajo fácil ya que mi escritura carece de consejos guiadores debido a mi constante deambular por el mundo. Tampoco he querido leer mucho para no adquirir influencias involuntarias de otros estilos".

La evidencia nos dice que lo que sobran son libros malos. Más que malos, pésimos. Más que pésimos: completamente innecesarios

Así las cosas, uno duda en sumergirse en los versos de Cosecha de cuatro. Pero al dar vuelta la página nos sorprende un prefacio cuya función parece ser la de legitimar la obra que tenemos entre manos. Una nota introductoria escrita y firmada, el 2 de septiembre de 1981, por el músico Luis Alberto Spinetta. "Según mi sentir esta poesía tiene valor, más allá de las críticas literarias a las que se la pueda someter (...) Con imágenes más acentuadas y metáfora más desarrollada. Mayor madurez para atacar un sentido, las frases o los giros. Una evolución sincera (...) Yo diría que estas poesías tienen la enorme verdad de un guerrero de la derrota y del triunfo en serio, a quien celebro más apto para la discusión de la autenticidad que aquellos que se han reencontrado innumerables veces con su poeta de turno, al cual ni siquiera han oído de verdad, y de vez en cuando se lanzan, birome en mano, a la cremación del cuerpo de la poesía, sólo emulando la derrota de su tino".

Intrigados por estas palabras, se recorre el heterodoxo diseño de los poemas, que llevan títulos como "Te busco", "Juventud", "Alegría", "Invierno", "Recordando" y "Ganar o perder"

Intrigados por estas palabras, se recorre el heterodoxo diseño de los poemas, que llevan títulos como "Te busco", "Juventud", "Alegría", "Invierno", "Recordando" y "Ganar o perder", alternados con fotografías en blanco y negro de nuestro héroe en paseo por el mundo, como un moderno flâneur. Algunas glosas elegidas a azar. El fragmento inicial de "Muéstrame": "Muéstrame tu alelí / no lo escondas déjalo ver / que no es orgullo el esconder". El texto completo de "Haciendo el amor": "Cae la luna con sus pétalos / embajadores de su luz / iluminando tus senos / y mis ojos en pleno / La hierba se mueve suave / porque el viento la excita / y nuestro vaivén de amor / llena todo de pasión". La violencia contenida en "Quiero escapar de tí": "Quiero escapar de tí / que te crees roquero porque andas en jeans / que sos bohemio por moda, por piola, por chic / y te crees hippie porque vas a Tahití". O el roce con el sensualismo de "Hasta que te perdí": "Cuando me diste tu boca de sed / vibró mi cuerpo hambriento de cuerpos, / y cuando mi pene perdió toda su miel / lloró mi alma sedienta de amor". Pero entre la melaza, los lugares comunes, la transmisión de pensamientos pedestres y las imágenes de arrebolado romanticismo aparece un pequeño poema, casi un haiku, que señala que Spinetta podía tener algo de razón: "Un niño hizo un pozo en la arena / Con su balde comenzó a cambiar el mar de lugar / Quise reír, me entristecí / Supe que había crecido".

El texto se llama "Inocencia", y demuestra que Guillermo Vilas, el tenista más importante de la historia del deporte argentino, no era lo que se dice un gran titulador. Nueve años después de publicar Cosecha de cuatro dejó la poesía de lado para editar su primer disco, Milnuevenoventa, que contenía el hit "Tú eres para mí". No podemos saber cuál fue la opinión de su amigo Spinetta (al que Vilas le había financiado un disco en inglés grabado en los Estados Unidos entre 1978 y 1980, y en el que el músico incluyó un poema de Vilas, "Chidren of the bells") sobre este trabajo..

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