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"Kirchnerismo y menemismo son esquemas de poder absoluto"

Politólogo de la Universidad deSalamanca, experto en partidos políticos de América latina, Alcántara señala la vigencia del caudillismo en la región y afirma que el personalismo peronista "tiende a ser conservador, a fosilizarse y a no permitir la movilidad interna"

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LA NACION
Domingo 26 de agosto de 2012
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Hay un enfrentamiento muy fuerte con los medios. La gente sabe del político común por lo que ve en TV o en el periódico y como no funcionan bien las estructuras de intermediación de los partidos, crece esa tensión." Quien así se expresa es el politólogo y catedrático de la Universidad de Salamanca Manuel Alcántara, quien pasó por Buenos Aires para dictar en la Universidad Di Tella el seminario "Algunas cuestiones en torno a la profesionalización de la política".

Alcántara opina que los "presidentes tienden a pensar que los medios tienen una agenda propia y que desfiguran la realidad, por lo que consideran que hay que contrarrestarlos con una política activa de medios de comunicación afines, sea teniendo los medios o imponiendo cadenas u otras regulaciones."

El profesor español que nos visita considera que el fenómeno se agrava, "máxime en un escenario donde la concentración de los medios se ha ido fortaleciendo: hemos pasado de países donde había diez o doce periódicos importantes y hoy hay tres y además pertenecen a dos o tres conglomerados empresariales".

Foto: LA NACION / SOLEDAD AZNAREZ

El politólogo también ha realizado un importante relevamiento entre diputados de distintos países latinoamericanos y las conclusiones son más que interesantes. ¿Cuáles son los denominadores comunes? Responde el catedrático: "La endogamia, ya que más del 50% de los consultados dicen que tienen o han tenido familiares dedicados a la política. Y la mayoría tiende a no tener exclusividad en la política", es decir que provienen de otras actividades o tienen intereses económicos paralelos, que podrían afectar su labor parlamentaria. La ocasión fue propicia para echar una mirada comparativa a las organizaciones políticas en América latina.

¿Qué diferencias se pueden establecer entre los sistemas de partidos políticos en América latina en comparación con los de Estados Unidos y Europa?

-En América latina son muy diferentes unos países de otros. Tenemos el modelo de partidos articulados, como el caso uruguayo, con una dirigencia medianamente establecida. Hay otros países que cuentan con el mismo sistema, pero con menor calidad democrática. Pienso en Paraguay y Honduras, por ejemplo. Frente a ellos hay otros países con sistemas mucho más desestructurados y desinstitucionalizados. Los países andinos serían el claro ejemplo de ello, sobre todo Perú, pero también Colombia no se escaparía de esa clasificación, tampoco la Argentina y ni siquiera Guatemala. Por tanto, no puedo hablar de un sistema prototípico. De allí lo difícil de comparar con Estados Unidos y Europa. En EE.UU. el sistema de partidos está menos institucionalizado que en Europa, pero sigue teniendo pautas de fidelidad, reclutamiento y de identidad muy estables, con claras referencias ideológicas. En Europa también hay grandes diferencias según los países, pero el prototipo serían el modelo alemán y el nórdico, muy estructurados, con programas sólidos y una profesionalización de sus cuadros muy alta. América latina atravesó el siglo XX con crisis institucionales que desembocaban en golpes de Estado, pero eso, afortunadamente, hacia los años 80 fue siendo superado. Si bien hay una gran diferencia entre aquel dictador tradicional con el presidente democrático actual, hay sin embargo una búsqueda constante de la hegemonía, suerte de presidente-rey que cumple la formalidad de las elecciones y las gana, pero que no es muy amante del sistema de partidos políticos, paradójicamente ni siquiera del propio.

- ¿A qué se debe esto?

-Yo creo que hay un peso muy fuerte del caudillismo, cuyos efectos potencia el presidencialismo, que contribuye muchísimo a personalizar la figura de un líder de forma institucionalizada. Y a esto debemos añadirle que los partidos políticos han quebrado en países donde eran muy sólidos, como Venezuela y Perú. En el primer caso fueron devorados por la crisis económica de los años 80 y también por un modelo económico muy pensado en la renta petrolera, que de alguna manera alentaba mucho la corrupción en el mundo de la política. En Perú pasó algo muy similar, si bien nunca tuvo una etapa dorada como la de Venezuela, allí la grave crisis económica de los años 80, con una hiperinflación brutal, con un acoso del terrorismo no menos salvaje, dinamitó totalmente el sistema de partidos. Los intentos de reconstruir los sistemas de partidos democráticos de América latina chocaron dramáticamente en la década del 80 con una severa crisis económica que, en mi opinión, debilitó la confianza de los ciudadanos en estas instituciones. Y esto, en el caso de la Argentina, se dio en 2001, aunque con algunos síntomas anteriores, como la salida del radicalismo del poder a fines de los 80. Esa salida del presidente Alfonsín fue muy traumática y dio una sacudida enorme al sistema de partidos, que difícilmente se ha recuperado.

- ¿Qué similitudes y diferencias observa entre la hegemonía menemista y la que ostenta ahora el kirchnerismo?

-Una diferencia muy importante es el discurso. Los que analizan el peronismo siempre han resaltado su capacidad adaptativa. Es un partido que se puede mover muy cómodamente de la centroderecha a la centroizquierda, y que fue del neoliberalismo a un populismo de izquierda. En los últimos quince años sólo dos partidos han cruzado el umbral del centro: el peronismo y el Partido Liberal, de Colombia.

- Me refería a si son similares, más allá del sesgo político y económico, en la manera de pararse en el poder.

-Son muy parecidos. Es un esquema de maquinaria y búsqueda del poder absoluto.

- El partido peronista es poderoso como vehículo electoral, pero luego es casi tan débil como el resto de las agrupaciones de la oposición, con casi nulo protagonismo durante sus propios gobiernos. ¿Qué es lo bueno y lo malo de ser así?

-Lo que prima es el gobierno; lo que llamamos el partido en el oficio. Lo bueno es que se adapta; lo malo es la desinstitucionalización y, por consiguiente, el personalismo. La política se expresa así sólo en un pequeño grupo de personas. Este personalismo tiende a ser muy conservador, a fosilizarse y no permitir la movilidad interna.

-La única opinión que pesa es, en este caso, la de "la" líder?

-Totalmente, porque es muy jerárquico y vertical. Es un juego muy complicado en un país federal como la Argentina, donde en las provincias se articulan liderazgos que, de alguna manera, retan al liderazgo central y que es algo que, en la Argentina, viene sucediendo prácticamente desde la Independencia.

- Observando el devenir de la democracia en España se observa un bipartidismo muy fuerte, que hizo posible el cambio de mando en medio de una crisis profunda sin ningún tipo de conmoción institucional. ¿Por qué en la Argentina los partidos políticos aparecen tan debilitados y la gente no los considera con expectativas ciertas de llegar al poder?

-La comparación con España es bien interesante porque puede echar luz sobre el tema. Efectivamente, España cuenta con un sistema de partidos aparentemente muy consolidado y muy exitoso, con liderazgos bastante fuertes y aglutinadores, en cierta manera caudillescos, pero profundamente democráticos, como fueron los de Felipe González y José María Aznar. Pero conviene recordar que cada partido se crea casi de cero en la Transición. Hasta el Partido Socialista recupera su nombre, pero ya sin una continuidad clara con el PSOE. En cambio, en la Argentina las circunstancias son profundamente distintas, con una cultura partidista muy arraigada en el país, que se ha ido construyendo desde principios del siglo XX y bajo el peronismo, a partir de los años 40. Esas familias políticas, de alguna forma, habían generado subculturas políticas que las sucesivas dictaduras no pudieron borrar, entre otras cosas porque fueron pequeños quiebres comparados con el franquismo. Cuando se produce la transición democrática argentina, esas estructuras están vivas y conforman los dos grandes polos partidistas de ese momento y con ellos la política empieza a estructurar lo que es la normalidad. El fracaso del gobierno de Alfonsín y la hiperinflación fueron un shock muy dañino para las expectativas de una democracia que estaba creciendo y que, de pronto, se vio en un marasmo y con la necesidad de un salvador que la sacara de allí. Eso es la reivindicación del caudillismo: Menem, con talante poco democrático, buscaba la reelección en el cambio constitucional de 1994 y luego en el segundo período buscó su re-reelección. Todo eso debilitó enormemente una posibilidad democrática institucionalizada, primero dentro del peronismo y luego intentando cerrar las puertas a la alternancia.

- ¿Por qué se da tan fuerte el nepotismo en la historia del peronismo: a mitad del siglo pasado con la conducción de Juan y Eva Perón y, de manera más institucional, con Néstor y Cristina Kirchner?

-Eva Duarte no tenía ninguna formación política; en todo caso, contaba con gran intuición. En el caso del matrimonio Kirchner, la militancia de los dos es muy pareja. El nepotismo existe en la medida en que no hay una cultura liberal y en que no funcionan las instituciones y el Estado de Derecho.

-Es muy particular el sistema uruguayo, con un bipartidismo tan fuerte y de décadas, entre blancos y colorados, pero donde se abre paso una tercera fuerza, el Frente Amplio. A diferencia de los procesos caudillescos de Venezuela, Ecuador y Bolivia, parece más institucional, aun con las aristas más folklóricas de José Mujica. ¿Cómo lo logran en un contexto continental tan distinto?

-Uruguay es el gran laboratorio: es el país democráticamente más exitoso en todos los sentidos. Desde la cultura ciudadana hay condiciones propias de Uruguay: el tamaño importa. Es un país más fácilmente manejable por el hecho de que más de la mitad de la población está concentrada en la capital. Montevideo es una ciudad Estado como podrían ser las ciudades Estado italianas, con un núcleo urbano muy importante y un entorno rural y turístico poco relevante porque la política en Uruguay se hace en Montevideo. Es un factor muy importante que pesa en su historia. Creo que el Frente Amplio es un gran invento en la medida en que conviene no olvidar que es una coalición de partidos. En el fondo, el Frente Amplio siguió con esa tradición de partidos, aunque tratando de ocupar un espacio no tradicional en una sociedad que había cambiado.

- Otro caso interesante es la sucesión, después de dos períodos, de Lula a Dilma Rousseff, sin querer el primero perpetuarse en el poder y entregándoselo a alguien con quien tiene buena relación, pero que marca sus diferencias e independencia, incluso actuando muy duramente contra la corrupción.

-Ahí estamos en el caso inverso al de Uruguay. Brasil es un megapaís. Pero los académicos a veces, por huir de lo obvio, no tenemos tan en cuenta el factor humano que en este caso significó que Lula no buscara perpetuarse.

- Lo casual, lo puntual también pesan en la política.

-Claro, al revés, en Colombia, Uribe quiso seguir y ahí fueron las instituciones las que lo pararon. Pero en otros países eso no pasa porque o bien no hay instituciones o son débiles y es la voluntad del líder la que termina imponiéndose, que son los casos de Chávez, Correa o Morales, con procesos en los que ha habido reelección. Para mí, el caso argentino puede ser muy interesante de cara a 2015 y qué va a hacer la Presidenta.

- ¿Qué pasó con México? ¿Por qué volvió el PRI?

-El PRI nunca se fue, siguió teniendo un número muy importantes de estados bajo su control. Segundo factor: el PAN, en este ciclo de doce años, lo ha hecho muy mal. Mientras todas las economías latinoamericanas crecían, México lo hizo relativamente poco. Además, se ha emponzoñado en un problema de violencia, con 50.000 muertos, batiendo casi los récords de Colombia en apenas seis años. El PAN la tenía muy complicada para repetir y encima el presidente no apoyaba mucho a la candidata. Para muchos mexicanos durante 60 años el PRI les dio estabilidad y trabajo. No es un recuerdo odioso.

- ¿Cómo entra Cuba en este contexto?

-Cuba es el cisne negro del sistema político. Fidel Castro es un personaje sobrenatural con capacidad de hacer y gran magnetismo. Una figura irrepetible. Cuba es una isla a 90 millas de EE.UU que va a estar en el imaginario latinoamericano con un Castro que sabe construir un discurso nacional frente a EE.UU. que, además, se ve favorecido por el estúpido embargo. Con políticas sociales exitosas, primero financiadas por la Unión Soviética, ahora por Venezuela, de todos modos se va agotando la lánguida convalecencia en el lecho de muerte, que, como una metáfora del régimen político, también lo es de las vidas de Fidel y Raúl.

© La Nacion

MANO A MANO

Por su actividad, Manuel Alcántara viaja mucho, pero cuando vuelve a su patria sufre los rigores de la actual honda crisis económica que azota a España como cualquier hijo de vecino. O más.

En efecto, su salario como docente en la Universidad de Salamanca ha recibido un guadañazo del 15 por ciento y poca gracia le ha hecho, como es lógico. Se alegra, al menos, de no tener deudas ni hipotecas pendientes. Una gran cosa en tiempos de finanzas quebradas y bolsas taquicárdicas.

Separado, con dos hijos, Alcántara ha publicado El oficio del político y Sistemas políticos de América latina. Está convencido de que los dirigentes que se profesionalizan dan un mejor servicio a su comunidad y que serlo no los convierte en tecnócratas anodinos, ya que pueden conservar y hasta defender mejor sus banderas ideológicas. "Los políticos no me quieren, probablemente suponen que soy demasiado teórico", se explica a sí mismo y a los demás nuestro entrevistado. Ha sido consultor en las Naciones Unidas y la Unión Europea. Aquí dictó recientemente un seminario en el Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella.

Le encanta comparar partidos políticos de distintos países. "La principal diferencia entre [el justicialismo y] el PRI –dice a manera de ejemplo– es que el PRI está muy estructurado y es un partido muy profesionalizado. Tengo la impresión de que el justicialismo es mucho más confuso."

Alcántara tiene 60 años y le gusta nadar, aunque también corrió maratones y jugó al hockey

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