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Editorial II

Enrique Shaw, ejemplo de empresario responsable

Opinión

Al cumplirse 50 años de la muerte de este emprendedor, cobra más sentido su aporte a la sociedad argentina

Ayer se cumplieron 50 años de la muerte del empresario Enrique Shaw, quien, entre muchas otras actividades, fue el fundador, en 1952, y primer presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), y como tal supo concebir y empezar a desarrollar conceptos sobre el papel fundamental de las empresas en la economía y la sociedad de un país. Ayer se celebraron diversos actos en su homenaje que recordaron sus valiosos aportes.

No es extraño que cuando se recuerda a Shaw y su labor incansable sean sus familiares y empresarios quienes lo hagan, pero que también tomen la palabra para referirse a él los historiadores y preguntarse, por ejemplo, cuál sería su actitud si hoy viviera o cómo sería nuestro país de haberse aplicado el pensamiento llevado a la acción de Enrique Shaw.

A tantos años después de su desaparición física, hay una frase suya que no sólo ejemplifica perfectamente las obligaciones de quien está al frente de una empresa y, por eso mismo, tiene un gran compromiso y responsabilidad con los demás, sino que define también en un sentido más amplio a cualquier ciudadano: "Como empresario, hay que sembrar esperanza, ver la realidad, renunciar al beneficio del momento, ser un puente entre quienes conocen el problema y los sumergidos que piensan en su situación inmediata".

El mismo ilustró con su desempeño el valor de esta frase. Como director de una de las principales empresas industriales del país hacia la década del cincuenta (la firma Cristalerías Rigolleau), se ocupó del bienestar de cada uno de sus más de 3000 trabajadores y de sus familias, asumió el cuidado del ambiente como responsabilidad hacia la sociedad y hacia las generaciones futuras, se preocupó para que las mejoras implementadas en su empresa se plasmaran en políticas públicas -fue impulsor de la ley de asignaciones familiares- y promovió decididamente el desarrollo de su comunidad.

Shaw seguramente no sabía que algún día su singular manera de encarar las relaciones entre el empresario, los trabajadores y la sociedad sería conocida con el nombre de responsabilidad social empresaria (RSE): "Es indispensable mejorar la convivencia social dentro de la empresa -explicaba-; hay que humanizar la fábrica".

En estos momentos de crisis moral más que económica, la vida y las enseñanzas de Enrique Shaw se constituyen en un ejemplo que los ciudadanos argentinos, y principalmente los empresarios, ciertamente deberían recoger para reflexionar sobre qué significa participar activamente de la vida de una comunidad y de un país, y por qué vale la pena comprometer en ello los mejores esfuerzos..

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