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Reelección: un obstáculo para la democracia

Opinión
 
 

De las 24 jurisdicciones del país, 22 lograron imponer la reelección desde el avenimiento de la democracia en 1983. Han confundido democracia con reelección . La democracia es elección, no va bien con reelección y mucho menos cuando es permanente. Sólo dos provincias, Mendoza y Santa Fe, no tienen reelección y son las dos jurisdicciones más democráticas del país. De las 22 provincias en las que hay reelección, tenemos cuatro de ellas (Santa Cruz, San Luis, Catamarca y Formosa) donde es eterna, indefinida, para siempre, hasta que quiera irse el ganador permanente y dejarle paso a otro. Hasta la vuelta de la democracia en 1983, la mayoría de los cargos era por cuatro años, salvo algunas excepciones (tres provincias) donde era por seis años. Esta duración de cuatro años es lo que hay que recuperar, para recuperar el federalismo.

Para ser reelegidos, los políticos de esas jurisdicciones con reelección usan una receta infalible: toman muchos empleados públicos de manera que los votos pasen a depender del gobierno. En vez de usar esos recursos para invertir y crear empleos permanentes y competitivos, los gastan en puestos redundantes, que incluso no permiten un buen desarrollo de la persona que no tiene más remedio que ocuparlos. Esa no es la idea de democracia que necesitamos ni tampoco el federalismo que queremos. Eso es otra cosa, que no sé cómo llamarla. Quizá populismo -aunque es peor que eso-, feudalismo o servilismo.



Hasta que vino la ola de las re-elecciones después de 1983, según los datos del cuadro elaborado por la revista Bases para el largo plazo, 19 jurisdicciones no tenían reelección y tres sí, en tanto que dos, la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego no eran jurisdicciones autónomas. Es decir antes de ese año sólo el 13,6% de los distritos electorales del país estaba sujeto a las re-elecciones y ahora los ciudadanos que sufren la reelección en sus territorios alcanzan al 91,7 % de las jurisdicciones del país, un gran retroceso para la democracia. No es casualidad que la pobreza que era del 5-6% del total de la población en 1983, ahora se ubique, según cifras confiables, en algo más del 20% y eso que ha bajado bastante desde los momentos de crisis en los que llegó a picos del 56%, como fue en 2002. Queremos democracia, pero no esta democracia en la que el que gana una vez, no se quiere ir más.

Queremos democracia, pero no esta democracia en la que el que gana una vez, no se quiere ir más

No va a crecer la Argentina y menos en forma equilibrada si no hay federalismo y democracia. Que cada gobernador se mantenga cuatro años en el cargo y que solo pueda ser reelecto después de un período en el que gobierne otro candidato. Esta situación se daba antes de esta ola en que grupos de pseudo-políticos y bajo el manto de "luchamos por el pueblo" han colonizando los puestos públicos para exprimir y domesticar justamente al pueblo que dicen defender y llenar de impuestos y cargas fiscales a los productores hasta el agobio y el desánimo. Para comprobar esto, basta observar que el gasto público consolidado pasó de 28% del PIB en 2003 al 45% en 2011, y el número de empleados públicos de planta o contratados aumento en un millón de personas entre esas fechas.

Todo esto se financia con impuestos, cargas fiscales y, si no alcanza, se apela al impuesto inflacionario, que afecta a los más pobres. Y aún en años de crisis como éste, se han incrementado notablemente los impuestos provinciales y nacionales, para seguir gastando en la burocracia, que no sabe de crisis. Y esto no empezó en 2003 sino mucho antes, incluso un hito importante fue el Pacto de Coincidencias Básicas, más conocido como "Pacto de Olivos" , entre Alfonsín y Menem, para permitirle a éste ultimo la reelección en 1995, que claramente no estaba en el espíritu de la Constitución por la cual él había llegado a la presidencia por seis años.

La rotación en el gobierno es la esencia de la democracia, no el querer perdurar en el puesto

La rotación en el gobierno es la esencia de la democracia, no el querer perdurar en el puesto. Eso dejémoslo para los sistemas oligárquicos o las monarquías. En nuestro caso, los que manejan cada partido ni siquiera se han permitido o al menos han dificultado, las internas en cada agrupación política, como se comprobó en agosto de 2011 y aún antes por ejemplo, en las internas del partido justicialista en 2002, que no se hicieron, para lo cual hasta contribuyó la justicia. Necesitamos un cambio ético para que estos desvíos se reencaucen por la buena senda. No se va a lograr sin esfuerzo. Hay que luchar e insistir. Es posible..

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