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Un joven séquito mudo en el Congreso

Opinión

Para enhebrar un discurso sólido en el Parlamento se requieren argumentos más elaborados que las frases-latiguillo

Por   | Para LA NACION

Autocensurados por voluntad propia de los grandes medios -esos que consume el gran público y que obsesionan diariamente a la Presidenta-, era de esperar que los jóvenes K usaran el ámbito del Congreso para desarrollar brillantes discursos. Esos discursos que, según ellos, los medios "distorsionan", para proteger "inconfesables intereses" (ese es el motivo que alegan cuando evitan las entrevistas). Siguiendo esta línea de razonamiento, ¿qué mejor lugar que el Parlamento para que los jóvenes "cuadros" cristinistas, con todo el apoyo del Gobierno, hagan valer su voz? ¿Alguien puede imaginar una vidriera que "pague" mejor?

¿Qué mejor lugar que el Parlamento para que los jóvenes "cuadros" cristinistas, con todo el apoyo del Gobierno, hagan valer su voz?

Sin embargo, y revisando el desempeño de los diez diputados nacionales que cosechó La Cámpora en las últimas elecciones (ocho propios y dos aliados), nada de esto sucedió.

Muy por el contrario, desde que asumieron sus bancas, en diciembre del año pasado, los muchachos de Cristina se fueron revelando como un joven séquito mudo y, midiéndolo en términos legislativos, bastante inactivo.

Un ejército, obediente y disciplinado, eso sí, cuya performance se redujo a levantar la mano para aprobar las gestas del oficialismo, elogiar a "nuestra querida y valiente Presidenta", y no mucho más.

De las diez jóvenes espadas, la mayoría dio, en promedio, un solo discurso - fue durante la sesión en la que se decidió la expropiación de la tenencia accionaria de Respol YPF - y al resto, no se le conoce la voz.

En cuanto a los proyectos presentados, la mayoría son de declaración o de resolución. Un caso ilustrativo es el proyecto de resolución presentado por la diputada Mayra Mendoza, la única chica en la cúpula de la agrupación que lidera Máximo Kirchner, que elaboró una sola iniciativa y fue para expresar su "repudio" por la "agresión física y verbal" al equipo de trabajo del programa televisivo "Duro de Domar", ocurrida el 7 de junio. Mayra, quien fue pareja de José Ottavis - el actual vicepresidente de la cámara de Diputados bonaerense, denunciado por su ex mujer por violencia de género- es de las que no abrió la boca jamás. Nadie sabe qué piensa, sólo que apoya el "proyecto", la consigna que repite incesantemente.

La que sí habló una vez, también en la sesión de estatización de YPF, fue la pampeana María Luz Alonso, quien entró al Congreso con un solo antecedente en su CV: haber sido hasta el año pasado la secretaria de Mayra en la Anses.

Los muchachos de Cristina se fueron revelando como un joven séquito mudo y, midiéndolo en términos legislativos, bastante inactivo

En su única intervención en el recinto, la pampeana elogió la "eficiencia" de Aerolíneas, desde que la gerencia La Cámpora. Buscaba hacer un paralelo entre la recuperación de YPF y la de la línea de bandera. "Hoy Aerolíneas, en muy poco tiempo, ha transformado su imagen con una gestión eficiente, renegociando todas las deudas heredadas, siendo ejemplo en el servicio". Alonso tuvo más suerte que Abal Medina y se salvó de las carcajadas de sus colegas.

Los diputados camporistas adoptaron para su propia bancada a Leonardo Grosso, que entró representando a una juventud prima hermana de La Cámpora, la Evita, pero que hoy está mimetizado con los muchachos de Cristina. Quizá la adopción tuvo que ver con que la Evita suele llevar más jóvenes militantes al Congreso que La Cámpora (eso se nota en los debates de proyectos clave) o con el hecho de que Grosso es uno de los pocos jóvenes que puede articular un discurso (incluso, habla con los medios), dentro de una cofradía que, como vemos, no se destaca por la fluidez de la palabra.

Menor preocupación legislativa parece tener, sin embargo, el secretario general de La Cámpora y delegado personal de Máximo Kirchner, Andrés El Cuervo Larroque. Diputado nacional por Capital, hasta el momento no presentó ni un solo proyecto.

Otro estilo es el de Horacio Pietragalla Corti, hijo de desparecidos, quien se dedica a presentar proyectos de resolución conmemorativos. Por ejemplo, el que "expresa beneplácito por el 35 aniversario del nacimiento de las madres de Plaza de Mayo" o el que expresa "pesar" por el fallecimiento de una de las Abuelas. Es la única actividad que registra. El tucumano Marcos Santillán, por caso, tiene un proyecto para declarar de "interés" de la Honorable Cámara de Diputados Nacionales unas jornadas de Derecho en su provincia.

Quizá el silencio de los jóvenes K en el Congreso, donde entraron con tanto ruido para defender al Gobierno, sea explicable durante la reciente sesión que convirtió en ley la expropiación de la ex imprenta Ciccone porque, en líneas generales, todos odian a Boudou (aunque no lo hagan público), pero ¿y en el resto de los debates?

Los colegas de la oposición adjudican la falta de brillo de los jóvenes K a la carencia de preparación para afrontar un debate en el Congreso, que requiere algo más que consignas vacías, que son marketineras, tal vez, en televisión, que es un territorio de gatillo fácil, en términos discursivos.

Los colegas de la oposición adjudican la falta de brillo de los jóvenes K a la carencia de preparación para afrontar un debate en el Congreso, que requiere algo más que consignas vacías

Pero para enhebrar un discurso sólido en el Parlamento se requieren argumentos un poco más elaborados que las cinco o seis frases-latiguillo que suelen usar los muchachos de Cristina para explicar el mundo: "los manda Magnetto", "Macri hacete cargo" o "se arrodillan ante las corporaciones". Y de allí no salen.

Simple, pero muy efectivo, el relato de La Cámpora se parece, paradójicamente, al que usó la derecha republicana de Bush, después del atentado a las torres gemelas. Un relato, tan simple pero potente, que sin embargo tanto rédito político le dio al presidente republicano. Bush se limitó a repetir, como un mantra, que existían unos señores muy, pero muy malos -el terrorismo islámico-, que querían hacerle daño al pueblo norteamericano y de los cuales había que defenderse. Si a Ben Laden se lo reemplazara por "Magnetto", "Macri", "medios concentrados hegemónicos" o "corporaciones", la línea argumental sería más o menos parecida.

Pero no todo el mutismo de La Cámpora en el Congreso se debe a la falta de consistencia de sus integrantes. Hay otras razones, quizá menos conocidas. Tenemos el caso de Eduardo Wado de Pedro, muy preparado, abogado y con un máster en administración pública. Wado podría ser, para Cristina, un símil Axel Kicillof en el Congreso. El problema de Wado es que tiene dificultades para hablar en público.

Lo que podría llamarse la "mala suerte" presidencial a la hora de encontrar espadas comunicacionales entre sus jóvenes intérpretes es lo que explica, en parte, el éxito de Kicillof. Este revival fachero de Domingo Cavallo (revival, por su estilo furioso y por el poder que viene acumulando dentro del Gobierno) es el único que reúne dos requisitos que verdaderamente "pagan" dentro del universo K: está formado y puede afrontar un debate. No es poco.

No importa que ya no sea un joven idealista, como pretende el relato cristinista. No importa que haya pasado los 40 y haya ocupado cargos durante el menemismo (cargos técnicos, pero cargos al fin). Tal como revela el libro La Cámpora, Kicillof ocupó, entre 1995 y 1996, un cargo de asesor en la Secretaría de Desarrollo Social, en el área de Coordinación Técnico Administrativa. Luego, en noviembre de 1997, se convirtió en consultor del eterno -y nada progresista- Gildo Insfrán, el caudillo formoseño que va por su quinto mandato consecutivo en la provincia, gracias a la reelección indefinida. Así como ahora es aliado de Cristina Kirchner, Insfrán se alineaba en los noventa con Carlos Menem. Entonces, Kicillof fue consultor de su gobierno para la elaboración de un plan social.

En el relato K, que busca "jóvenes" descontaminados de los "vicios" de la corporación política para generar un puente generacional, Axel puede ser vendido como un heredero, casi principiante. Heredero capaz de dar batalla en público sin correr el riesgo de quedar expuesto al ridículo.

El problema de La Cámpora -que con su institucionalización en el Congreso, ahora queda expuesto- no es tanto la falta de debate interno: discusiones e internas existen. El problema de fondo es la concepción de la militancia como un acto de obediencia debida.

Se venden como la JP de los setenta, que le discutió a Perón, pero cada vez se parecen más a la Guardia de Hierro, ese sectaria guardia pretoriana del poder..

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