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Qué lindo que es vivir en la Argentina, un país lleno de lectores

Opinión

La información no pasó inadvertida para los optimistas eternos de las noticias culturales, los intelectuales oficiales, los escritores orgánicos y los editores y periodistas conchabados por el Estado: según la última Encuesta Nacional de Hábitos de Lectura 2011, la Argentina se ha transformado en un país desbordante de lectores. El dato que sostiene la afirmación es el siguiente: el 90 por ciento de los argentinos de más de 18 años lee de forma habitual y de manera sostenida (¡durante quince minutos o más!) . La encuesta, realizada sobre 3600 casos, incluyó a la población mayor de doce años en localidades de más de 30 mil habitantes de todo el país. ¿Cómo se delimitó el campo de trabajo, tratándose de un término algo elusivo como el de la lectura? "El concepto de lector se entiende como toda persona que declare leer libros, diarios, revistas, textos digitales y otros materiales, aunque sea de vez en cuando y por quince minutos de manera sostenida", declaró el Ministro de Educación Alberto Sileoni. Los resultados, que se comunicaron en rueda de prensa (pero a cuyo detalle no se puede acceder, al menos por el momento), contrastan con estudios recientes realizados de forma privada (sobre más de 10 mil casos), que señalan que apenas el 11 por ciento de los argentinos serían lectores frecuentes.

Tal vez en el futuro haya que buscar una manera más precisa de denominar a la práctica de recorrer con la vista cualquier tipo de material impreso

Para la encuesta, difundida en el Día de la Lectura (24 de agosto) en conmemoración del nacimiento de Jorge Luis Borges, se utilizó un cuestionario elaborado por el Consejo Nacional de Lectura (integrado por los ministerios de Educación, Salud, Desarrollo Social, Trabajo, Empleo y Seguridad Social, la Secretaría de Cultura, la Biblioteca Nacional, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, Radio y Televisión Argentina S.E. y Educ.ar S.E.), creado en septiembre de 2010. La Universidad Nacional de Tres de Febrero realizó las entrevistas domiciliarias, el Sistema de Información Cultural de la Argentina procesó los datos y el Consejo se encargó de su análisis. Tomando los datos recogidos como confiables (se sabe que en este tipo de trabajos, por diferentes motivos, los entrevistados suelen maquillar sus respuestas: a nadie le gusta confesar que no leyó nada en el último año, o que cuando llega la noche su actividad favorita es ver la televisión), estos fueron algunos de los resultados: el 53 por ciento de los encuestados lee todos o casi todos los días; el 42 lee textos en la web, y entre este tipo de lectores lo que más se lee son mails (72 por ciento), diarios (46), libros (13) y revistas (10). Un 88 por ciento de los lectores asegura que lee al menos un libro al año, un 77 dice que lee dos y el 58 lee de uno a cuatro libros en doce meses. El 10 por ciento del total de los entrevistados declaró no leer nada, nunca.

Más allá de los resultados parciales de la encuesta, es interesante evaluar el entusiasmo expuesto por un sector de los pensadores y periodistas oficiales, que elaboraron artículos y viralizaron la noticia de los nuevos índices de lectura

Como se ve, la definición utilizada del término lectura, en este caso, fue amplia (¿implica el mismo proceso intelectual, sin emitir juicios de valor ni poner uno por encima del otro, leer un mail que un tratado de filosofía, el diario deportivo online que una novela experimental de seiscientas páginas, un libro de poesías surrealistas que el manual de funcionamiento de un automóvil?). Tal vez en el futuro haya que buscar una manera más precisa de denominar a la práctica de recorrer con la vista cualquier tipo de material impreso. Pero lo que la encuesta calla (o por el momento elige no mostrar) son algunos de los datos que más interesan a sociólogos, editores, escritores, periodistas especializados y diversos intelectuales volcados al estudio de los consumos culturales: ¿qué es lo que leen, más precisamente, los argentinos? De esos ejemplares que dicen comprar durante el año, ¿cuántos son libros de ficción, cuántos de no ficción, cuántos material de estudio y cuántos volúmenes de autoayuda? ¿Cuál es el autor más leído o el género favorito de los lectores locales? Una difusión pormenorizada de los resultados permitiría construir, con mayor certeza, el verdadero perfil del lector argentino. Tal vez estas dudas queden despejadas cuando la encuesta se revele públicamente. Por ahora, ni el Consejo Nacional de Lectura, ni el Ministerio de Educación, ni la Universidad Nacional de Tres de Febrero creyeron útil difundir los detalles de este documento.

Más allá de los resultados parciales de la encuesta, es interesante evaluar el entusiasmo expuesto por un sector de los pensadores y periodistas oficiales, que elaboraron artículos y viralizaron la noticia de los nuevos índices de lectura nacionales en la web. ¿Qué se celebraba realmente al difundir estos números? ¿Que la gente tiene más computadoras que hace diez años? ¿Que compra más revistas? ¿Que lee más mails que una década atrás? Porque cuando quienes deben ejercer el papel de intérpretes de una sociedad pierden su capacidad crítica, y festejan cada nueva revelación como el advenimiento de una era superadora del estado de cosas anterior, no sólo se engañan a sí mismos: también proponen un terreno fértil para el pensamiento único y el totalitarismo, ninguna de ellas opciones progresistas..

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