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Por qué LA NACION cambió LA NACION

Sociedad
 
 

Hace unos años, cierta madrugada nos sorprendió a un grupito acá, en la Redacción, divirtiéndonos con el repaso de diarios de algunas décadas atrás. Nos reímos, y un poco también nos avergonzamos. ¿Cómo es, por ejemplo, que nos animábamos a titular, como noticia principal de la tapa, "Celebróse con fervor la Navidad", o, a todo lo ancho de esa página, "Se dirigió al país el presidente de LA NACION"? Como si el pobre presidente no hubiese dicho nada que valiera la pena destacar.

Descontextualizada, cualquier mirada a un diario viejo termina siempre en la injusta sentencia de que todo periodismo pasado fue peor. Pero hay algo cierto: el mundo cambia, la gente cambia, las costumbres cambian, las formas de hablar varían de un día a otro, y puede ocurrir que los periodistas y los diarios, si no estamos atentos, vayamos corriendo a la historia muy por detrás. Cuando eso pasa, es un espanto. El peor escenario. Se supone que lo nuestro es ir con la historia, conocerla, interpretarla. Lo nuestro no es perseguirla: es contarla.

Por eso mismo, hace tres años LA NACION creó la Dirección de Innovación, un equipo formado por profesionales de todas las áreas de la Redacción. Un equipo que tiene la antipática y fascinante misión de replantear todo: cómo pensamos, cómo nos organizamos, cómo escribimos, cómo llegamos a la gente. Son unos tipos audaces que nos desafían con sus ideas geniales o inverosímiles. Para eso están: para meter el día a día en su laboratorio y triturarlo, a ver qué es lo que sobrevive y qué cosas se deben cambiar.

A ese laboratorio, que no está aislado sino en medio de la Redacción, de la que se alimenta y a la que alimenta, le debemos el impulso y el trabajo que terminó convirtiéndose en este diario. En este nuevo diario. Cuán bien lo hicimos lo dirán los lectores. Pero de algo pueden estar seguros: detrás de estas páginas renovadas hay mucho músculo y mucha pasión, mucho desparpajo para cuestionar todo, muchas ideas disparatadas que terminaron en la basura o que sirvieron para desterrar miedos y prejuicios. Detrás de estas páginas hay editores, redactores, diseñadores, fotógrafos, infógrafos, sociólogos, publicistas, encuestadores. Profesionales de todas las áreas de la compañía. Expertos del país y del exterior. Y muchísimos lectores, consultados antes y después de los prototipos que íbamos haciendo.

La fuerza de las nuevas generaciones que hoy son el núcleo del diario, pero también la intangible sabiduría de la vieja institución, ha creado las condiciones para que LA NACION cambie en serio a LA NACION, un atrevimiento del que estamos orgullosos. El juicio definitivo lo tendremos, quizá, dentro de unos años, durante el desvelo de una madrugada..

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